sábado, 24 de diciembre de 2022

LA BUENA NOTICIA

 

No temáis, os traigo la buena noticia, la gran alegría para todo el pueblo: hoy, en la ciudad de David, os ha nacido un Salvador: el Mesías, el Señor. Y aquí tenéis la señal encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre. (Lc 2,10-11)

 

Esta noche la gloria del Señor nos envuelve de claridad. Cristo ha bajado del cielo y está entre nosotros haciendo brillar su luz en el mundo entero.

El ángel anuncia la gran alegría del nacimiento del Salvador.

Llega la luz y se acaban las tinieblas.

Llega la santidad y se borra el pecado.

Llega la vida y es vencida la muerte.

Llega la libertad y es destruida la opresión.

Un niño nos ha nacido y nos trae la paz sin límites.

No es un logro humano, ha sido el poder de Dios quien lo ha hecho posible.

Es verdad que al mirar este mundo en el que vivimos descubrimos todavía el rastro del pecado, y el dominio de las tinieblas: sigue la guerra y la injusticia, sigue el hambre y el sufrimiento. ¿Cómo glorificar a Dios que nos salva si todavía vemos el mal en el mundo?

Los pastores oyeron la Buena Noticia y se llenaron de alegría porque Dios estaba entre nosotros. La señal no era algo extraordinario sino un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre.

Ellos seguían siendo pobres y oprimidos pero Dios está ya en medio de los hombres y esto es una buena noticia. Él puede cambiarlo todo aunque parezca pequeño y débil.

 

Te contemplo en el pesebre tan pobre y tan sencillo que me siento llamado a alabarte siempre. ¡Gloria a ti, niño divino, que me traes el consuelo y la esperanza! Enséñame a abrazar la pobreza y la humildad y a hacerme cercano a todos mis hermanos.

domingo, 27 de noviembre de 2022

ESTAD EN VELA

 

Por tanto, estad en vela, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor. (Mt 24,44)

 

 

En un mundo dividido por las guerras y las ambiciones de unos y otros, el profeta Isaías anuncia la llegada de la paz y la fraternidad. El tiene una visión y contempla a todas las naciones de la tierra que caminan buscando al Señor para que Él les enseñe. Cuando todos buscan a Dios surge el milagro de la fraternidad y las armas de la guerra se transforman en instrumentos para el trabajo y el bienestar de los hombres: de las espadas forjarán arados.

Nuestro mundo también está marcado por la guerra y la división. Hay mucha violencia atroz en muchos lugares de la tierra, no sólo en Ucrania. Estas son las tinieblas que cubren la tierra. Traen sufrimiento, pobreza y enfermedad.

Estas guerras también las tenemos muy cerca cuando convertimos las diferencias políticas e ideológicas en armas para humillar y dañar a los que piensan de otro modo y nos dividimos y nos peleamos por estas cosas. Guerras también entre familiares y personas cercanas por ambiciones y egoísmos. Con estas cosas nadie gana nada y todos salimos perdiendo.

El profeta Isaías nos anuncia el día en que todos caminan para buscar al Señor. San Pablo nos dice que el día está cerca, que dejemos las actividades de las tinieblas y nos pertrechemos de las armas de la luz.

Frente a las obras de las tinieblas tenemos unas armas poderosas que son la oración, la fe, el amor a Dios y al prójimo, la verdad, la caridad.

Jesús nos anima a estar en vela, a estar preparados para cuando él vuelva.

Comenzamos un nuevo adviento, el Señor viene, estemos preparados para recibirlo.

 

Te estamos esperando, Señor Jesucristo, porque tú eres quien puede transformar este mundo en qué vivimos. Te esperamos y trabajamos para que tu Reino se haga realidad en este mundo. Ven a salvarnos.

 

sábado, 15 de octubre de 2022

ORAR CON FE

 

Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos que claman ante él día y noche?; ¿o les dará largas? Os digo que les hará justicia sin tardar. Pero, cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?». (Lc 18,8)

 

Jesús me habla del poder de la oración y de la necesidad de orar sin desánimo. Nos quiere convencer de la bondad de Dios. Para él somos sus elegidos y nuestra oración llega hasta el Padre y se la toma muy en serio. Pero es necesaria la fe.

Tal vez es comprensible muchas veces el desánimo porque no vemos con claridad el resultado de nuestra oración. Yo mismo tengo experiencia de haber pedido, creo que con fe, que se arreglen muchos problemas. No he dudado ni siquiera en pedir milagros, porque si ha habido milagros para otras personas también los podrá haber para mí. Pero no, no he visto que se sanen los enfermos por los que yo oraba ni que encontrara trabajo la persona que lo necesitaba ni tampoco que entrara en razón quien andaba por caminos equivocados. He sentido que mi oración no daba fruto.

Sin embargo, Jesús me anima a insistir porque sabe que Dios es mi Padre, un padre lleno de bondad que me mira con un amor inmenso y que se preocupa por mí más que yo mismo. Jesús dice que Dios hará justicia sin tardar pero que es necesaria la fe.

Una vez más me encaro con mi débil fe.


Cuando me pongo ante Dios tengo dirigirme a Él con fe. Desde la fe trataré de comprender los tiempos de Dios, los caminos que él me va marcando y tendré que aceptar que él interviene a su modo y no al mío. Pero si tengo fe nunca desesperaré porque en todo momento tendré la confianza de que a su debido tiempo veré la respuesta.

No puedo ser ingenuo. Confieso que todo esto me desconcierta. Pero pienso que Jesucristo me pide algo sencillo: que insista y que no pierda la esperanza. Yo sé que no basta con alzar los brazos para que todo se arregle, pero no dejaré de insistir hasta que Dios me responda.

 

Te pido, Señor, que termine la guerra, que se acabe la pobreza, que se solucionen los problemas que empujan a la gente a arriesgar sus vidas para encontrar una vida más digna. Te pido, Señor, por los enfermos que tanto sufren y por tantas personas atribuladas que te buscan y esperan tu respuesta. Levanto los brazos hacia ti y te insisto día y noche. Aumenta mi fe para que ore constantemente sin desfallecer.

domingo, 18 de septiembre de 2022

SERVIR A DIOS

 

Ningún siervo puede servir a dos señores, porque, o bien aborrecerá a uno y amará al otro, o bien se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero. (Lc 16,13)

 

Servir a Dios significa reconocer su grandeza y alabarlo por todo, darle gracias por todos sus bienes, todo lo que tenemos es un don que hemos recibido de él.

Servir a Dios es también venir a su encuentro. Jesucristo ha venido a estar entre nosotros y quiere compartir su vida y su poder con nosotros. Así viene también a nosotros en la eucaristía. En realidad servir a Dios, servir a Cristo, es más recibir que dar, porque este servicio se convierte en un honor. Una de las oraciones decía nos haces dignos de servirte en tu presencia.

Servir a Dios es, por supuesto, estar al servicio de su Reino, es defender la causa de los pobres y de todas la víctimas, es transmitir su evangelio y dar a conocer sus valores, compartir con los demás esta sabiduría que Cristo nos ha ofrecido. Servir a Dios es llenar este mundo de su bondad y atraer así la felicidad y la alegría que esto supone.


Frente a esto está el servicio al dinero. Por dinero mucha gente no duda en maltratar a los demás o en hacer la guerra. Para lograr riquezas se dedica, tal vez, demasiado tiempo y demasiados recursos. No hay corazón cuando el dinero está en juego, por eso se despide a un padre o a una madre de familia dejándolos sin el sustento necesario para su familia o se engaña a otros para que atraviesen el mar en malas condiciones y con riesgo de sus vidas. Jesús decía que los hijos de este mundo son más astutos que los hijos de la luz.

 

Yo quiero servirte a ti y quiero poner toda mi dedicación y todos mis medios en hacer tu voluntad. Tú eres la verdadera riqueza y por ti tengo que sacrificar mucho más que por todas las riquezas del mundo.

domingo, 4 de septiembre de 2022

RENUNCIAR A TODOS LOS BIENES

 

Todo aquel de entre vosotros que no renuncia a todos sus bienes no puede ser discípulo mío. (Lc 14,33)

 

Jesús nos habla con tantas exigencias que parecería que no quisiera tener discípulos. Es verdad que mucha gente lo buscaba tal vez por curiosidad, porque veían cosas extraordinarias, es posible que otros fueran con él porque querían curarse de sus enfermedades y yo estoy seguro de que muchos lo seguían porque su mensaje es fascinante. Pero  llega el momento de tomar decisiones trascendentales y la propuesta es muy radical: renunciar a todo, incluso a lo más querido como es la propia familia y además cargar con la cruz. Entonces es cuando podemos ser discípulos.

Una propuesta tan radical requiere, sin duda, de nuestros cálculos.  Hay que pensarlo bien.


Podemos decidir que no queremos complicarnos mucho la vida, la verdad es que muchos han tomado ya esa decisión. Pero podemos pensar que el mensaje del evangelio es el que transforma el mundo, que vivir el amor y la fraternidad son sin duda ideales por los que merece la pena arriesgarlo todo, podemos pensar que la persona de Jesús llena nuestra vida de sentido y nos da energía para afrontar los problemas de la vida; podemos descubrir que esta vida es un paso y que nos espera una eternidad por la que vale la pena trabajar… podemos echar nuestros cálculos y llegar a la conclusión de que es mejor ser discípulos de Jesucristo aunque haya que cargar con la cruz y renunciar a todos los bienes. Y después de tomar nuestra determinación vamos a ir dando pasos con su ayuda para despegarnos de todas las cosas de este mundo y unirnos más fuertemente a él.

 

Señor Jesucristo te amo y quiero seguirte, quiero ser tu discípulo pero mis apegos a este mundo son muy fuertes todavía. Yo me uno cada vez más a ti, te busco en todas las circunstancias, te hablo en la oración y te recibo en la eucaristía. Tú me iras mostrando el camino cada día.

sábado, 2 de julio de 2022

PODER PARA PISOTEAR SERPIENTES Y ESCORPIONES

 

Mirad: os he dado el poder de pisotear serpientes y escorpiones y todo poder del enemigo, y nada os hará daño alguno. Sin embargo, no estéis alegres porque se os someten los espíritus; estad alegres porque vuestros nombres están inscritos en el cielo». (Lc 10,19-20)

 

La situación que vivimos de crisis en muchos sentidos, creo que nos está diciendo que hay mucho trabajo para los creyentes, porque hay que animar desde la fe a los que se encuentran perdidos, hay que transmitir valores que nos permitan vivir en paz y que nos muevan a ser solidarios, en definitiva hay que anunciar a Cristo que es el que puede transformar el mundo desde lo más profundo, desde el corazón de cada ser humano.

Ante la necesidad de trabajadores para esta mies que es abundante lo primero que Jesús nos propone es mirar al dueño de la mies. Es verdad que hay que estar disponible porque si pedimos algo a Dios no podemos esperar que sea otro el que responda. También anima Jesús a sus discípulos a ponerse en camino, pero la primera mirada ha de ser hacia él mismo que es el dueño y Señor de todo.

Así que no dudemos en orar y en confiar en el poder de la oración como respuesta a los retos de nuestro mundo. Yo sé que parece poco útil desde una forma materialista de ver la vida, pero como creyentes sabemos que todo depende de la voluntad de Dios.

Jesús envió a los discípulos y les dio poderes extraordinarios para curar y expulsar los demonios. Ellos, por sí mismos no estaban capacitados pero el Señor los hizo poderosos como él mismo. Podemos entender estas palabras como un signo: sería ver el poder de echar demonios como el poder de vencer al mal y de sanar todas sus consecuencias. Pero el evangelio habla con mucha naturalidad de estas cosas y no parece que se trate de una metáfora, el mismo Jesús les dice a los discípulos que curen a los enfermos que haya para anunciar el reino de Dios, da por hecho que sus enviados podrán hacer milagros lo mismo que él.

Yo pienso por eso que tenemos que creer en las palabras de Jesús y confiar en este poder que nos ha otorgado a todos, en el texto habla de setenta y dos discípulos porque el número es más amplio que los doce. Yo, personalmente he decidido creer en estas palabras al pie de la letra. Es verdad que no siempre veo que se cure a los enfermos pero no me siento frustrado cuando no veo milagros, sin embargo rezo constantemente por la curación de los enfermos y confío que de un modo u otro el Señor me hará ver que su Reino está en medio de nosotros.

Lo mismo pasa con los demonios. No son sólo los males que nos rodean como la violencia o el egoísmo. Todo esto podemos expulsarlo de nosotros con el poder del nombre de Cristo. Pero Jesús habla también de entidades concretas que atormentan a la gente de diferentes maneras. En nuestro racionalismo nos cuesta aceptar este tipo de hechos sobrenaturales pero el evangelio habla de ello con frecuencia. El nombre de Jesús tiene un poder extraordinario sobre estos espíritus malignos y por eso cuando Cristo está con nosotros no tenemos nada que temer.

Los setenta y dos discípulos se quedaron asombrados por comprobar el poder que tenía el nombre de Jesús porque vieron someterse a los demonios y Jesús vio a Satanás caer como un rayo. El príncipe del mal no tiene ningún poder ante el nombre de Jesús y queda derrotado por completo. Sin duda es un motivo para alegrarse.

Pero Jesús nos dice cual es el mayor motivo de alegría: que nuestros nombres están escritos en el cielo.

 

Señor Jesús, estás haciendo grandes prodigios ante mis ojos para que no dude y no tema porque siempre estás conmigo. Te doy gracias por tantos beneficios que me has concedido, mucho más de lo que yo podría esperar; pero el mayor de todos es saber que me tienes un lugar reservado junto a ti para toda la eternidad.

domingo, 19 de junio de 2022

CORPUS

 

Jesús, tomando los cinco panes y los dos peces, alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición sobre ellos, los partió y se los dio a los discípulos para que se los sirvieran a la gente. Comieron todos y se saciaron, y cogieron las sobras: doce cestos. (Lc 9,16-17)

 

Existe en el libro del Génesis una narración extraña en la que aparece un personaje misterioso que se llama Melquisedec, se dice que es rey de Salén y que bendijo a Abrán con pan y vino porque era sacerdote del Dios Altísimo. Este mismo nombre aparece también en el salmo 109 proclamando a alguien, al Mesías, como sacerdote eterno según el rito de Melquisedec.

Yo creo que estas son de esas páginas de la Biblia que necesitan de todo el contexto de la escritura para ser bien comprendidas.

El autor de la carta a los Hebreos nos hará ver que en estos textos se estaba profetizando a Cristo el verdadero y único sacerdote. Y también podemos descubrir en su ofrenda de pan y vino un anuncio de la Eucaristía. Jesucristo es, pues, el sacerdote eterno de la nueva alianza que nos da como alimento la Eucaristía, pan y vino convertidos en su cuerpo y en su sangre, y con ella nos llega la bendición.

Pablo también nos habla en la primera carta a los Corintios de la Eucaristía como una tradición que se remonta a la víspera de la pasión de Cristo; lo sabemos bien porque lo hemos celebrado el jueves Santo. Por las mismas palabras de Pablo sabemos que en la Eucaristía proclamamos la muerte del Señor y esperamos su vuelta. Es una actualización del sacrificio de Cristo en el Calvario y de su resurrección y ascensión.

La celebración se convierte también en la comida que nos une a todos como hermanos.

En el milagro de la multiplicación de los panes encontramos también una figura de la Eucaristía: Jesús alimenta a la multitud como sigue alimentando al mundo en la actualidad con su cuerpo y su sangre. Por eso esta celebración nos hacer mirar a los demás como hermanos y nos llama a sentirnos solidarios con todos. Las palabras de Jesús: Dadles vosotros de comer son una llamada a vivir el compromiso de la fraternidad.


Recordemos que la presencia de Cristo en el pan consagrado nos está remitiendo también a la presencia de Cristo en los pobres, porque el mismo que dijo esto es mi cuerpo también nos dijo que lo que hicimos a uno de los hermanos más pequeños lo hicimos con él mismo.

Jesucristo convertido en nuestro alimento nos llena de ese amor suyo que es capaz de dar la vida por los hermanos. Celebrar y recibir la Eucaristía se convierte en una necesidad para los que creemos en Cristo porque con este alimento podemos vivir su mandamiento del amor.

 

¡Oh sagrado banquete, en que Cristo es nuestra comida, se celebra el memorial de su pasión, el alma se llena de gracia y se nos da la prenda de la gloria futura! (Antífona de vísperas)