sábado, 19 de septiembre de 2026

LOS ÚLTIMOS Y LOS PRIMEROS

 «Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?» Así, los últimos serán los primeros y los primeros los últimos.» (Mt 20,13-16)


En muchas parábolas de Jesús encontramos una provocación, que pretende dejarnos pensativos. Ésta es una de ellas. Si lo pensamos bien, también nosotros diríamos que no es justo que todos reciban el mismo jornal. Y ahí es donde quiere que pensemos y tratemos de comprender cómo es Dios y en qué consiste la justicia divina.

El Señor se enfrentaba constantemente con la mentalidad de los fariseos que lo criticaban por tener trato con pecadores. En este contexto podemos entender el sentido de la parábola. 

Para los fariseos la justicia de Dios tendría que ser el castigo a los pecadores, porque ellos se consideran los justos y merecen el premio. Pero Jesucristo nos quiere hacer ver las cosas según Dios. Los caminos de Dios son más altos que los nuestros, porque su mirada lo abarca todo en el tiempo y en el espacio. Dios sabe muy bien lo que hace y lo que quiere. 


La justicia de Dios no se basa en el mérito sino en la misericordia. Dios no nos dará lo que merecemos sino lo que necesitamos. Aquel patrón pagó a cada uno un denario porque es lo que necesitaban para alimentar a su familia, no porque lo hubieran merecido por sus horas trabajadas.

Esto no es motivo de envidia ni de protesta. Al contrario, es motivo de alegría al saber que seremos juzgados con misericordia porque Dios querrá recompensarnos a todos con la felicidad total: Estar con Cristo que es lo mejor. 

Por otro lado, si lo miramos desde el amor, haber estado trabajando en la viña del Señor es un regalo, haber estado con Cristo desde la primera hora ha sido un privilegio, porque estar con Él es lo mejor.


Tengo que darte gracias por haberme llamado y haberme convertido en un trabajador de tu viña. Conocerte y darte a conocer, estudiar tus palabras y ponerlas en práctica, llevar a todos la Buena Noticia sigue siendo para mí el mayor de los privilegios que puede tener un hombre. Alabado seas, Señor Jesucristo porque tú eres mi salario y tu evangelio es mi paga.


sábado, 12 de septiembre de 2026

SETENTA VECES SIETE

 ¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo pediste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?» Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda. Lo mismo hará con vosotros mi Padre del cielo, si cada cual no perdona de corazón a su hermano. (Mt 18,32-35)


Llevamos varios domingos reflexionando sobre las palabras de Jesús a los discípulos sobre la vida en común. Su enseñanza es siempre de gran provecho para todos, creyentes o no, porque nos pone los cimientos de la buena convivencia. Recordemos cómo nos hablaba de la corrección fraterna y del poder de la oración en común. Hoy toca aprender también el poder del perdón y la necesidad de perdonar siempre: hasta setenta veces siete. Sin el perdón no se puede construir la comunidad, porque si las ofensas están permanentemente en nuestro corazón jamás encontraremos la paz. Siempre habrá algo que reprochar y nunca podremos ser hermanos. El perdón es fundamental porque es la oportunidad de volver a empezar y hacer que el amor triunfe.

Es bueno que miremos con amplitud. Que consideremos que después de esta vida temporal nos espera la vida eterna y que tendremos que comparecer ante Dios. Como dice Pablo: en la vida y en la muerte somos del Señor. 


Al pensar así tenemos que ver cómo queremos ser tratados por Dios. Si queremos que Dios tenga misericordia también nosotros tenemos que obrar en esta vida con misericordia,  si queremos que Dios atienda nuestra oración también nosotros tendremos que atender la súplica de nuestro prójimo, si queremos que Dios perdone nuestros pecados también nosotros tendremos que perdonar las ofensas. Trata a los demás como tú quieres que te traten a ti.

Si seguimos ahondando en nuestra reflexión podremos entender que ya Dios nos ha dado muestras de su amor y de su gracia para con nosotros: nos ha enviado a Cristo para redimirnos del pecado y devolvernos la libertad, nos ha querido convertir en sus hijos amados y quiere darnos por herencia su Reino.

El reconocimiento de este don de Dios nos mueve, pues, a actuar con los hermanos generosamente. No sólo pensando en el juicio futuro sino como una respuesta agradecida a todo lo que hemos recibido.


¡Qué admirable es tu amor por nosotros! Nunca habría podido el hombre imaginar tanta ternura y caridad de tu parte, Padre de amor y bondad. Para rescatar al esclavo entregaste al Hijo. No podríamos seguir viviendo si tú no hubieses actuado en nuestro favor. Por eso te adoramos y cantamos continuamente tu alabanza. Te cantaré mientras viva y seguiré alabándote después de esta vida mortal.


sábado, 5 de septiembre de 2026

CORRECCIÓN FRATERNA

 Si tu hermano peca, repréndelo a solas entre los dos. Si te hace caso, has salvado a tu hermano. (Mt 18,15)


El evangelio nos habla de la necesidad de la corrección fraterna. Me parece interesante reflexionar sobre esto, porque se puede prestar a confusiones. Esto no tiene nada que ver con lo de decir las cosas en la cara. La corrección fraterna no busca humillar al hermano que peca ni dejarlo en evidencia sino que busca ayudar a corregir una conducta mala. Lo que se busca es el bien, la salvación del hermano.

A la hora de entender estas palabras del Señor es bueno que recordemos otras como aquello de quitarse primero la viga del ojo para poder quitar la mota al hermano.


San Pablo nos recuerda que el amor es el centro de toda la ley. Por eso dice que no debamos a nadie más que amor porque el que ama ha cumplido toda la ley. Así me parece a mí que tenemos que entender también el sentido de la corrección. El amor es lo que tiene que mover todas nuestras acciones. Si nos movemos por el amor no caeremos en la crítica despiadada sino que buscaremos positivamente el bien del otro. Del mismo modo, pienso yo, que esta actitud nos tiene que preparar para aceptar también la corrección que se nos haga a nosotros buscando nuestro bien, nuestro crecimiento espiritual.


Señor Jesucristo corrígeme con tu misericordia de todos mis pecados y ayúdame a superarlos. Yo deseo estar siempre cerca de ti. Quita de mí todo lo que estorba y allana mi camino. Bendito seas mi Señor.


sábado, 29 de agosto de 2026

SEGUIR A JESUCRISTO

 El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Si uno quiere salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí la encontrará. ¿De qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero, si arruina su vida? (Mt 16,24-26)


Tenemos aquí la invitación de Jesús a seguirlo. Sin duda, es una invitación muy radical, no nos promete una vida feliz y sin problemas sino todo lo contrario: habla de cargar con la cruz.

Vamos a tratar de comprender el sentido profundo de esta llamada tan radical.

Nuestros pensamientos humanos buscan el éxito y el bienestar, pero Dios tiene una mirada mucho más alta. Si pensamos como los hombres trataremos de evitar los conflictos pero si pensamos como Dios miraremos más alto. Dios quiere la salvación de todos. Para que esto suceda tiene que triunfar el amor sobre el odio. Es como una batalla que hay, en medio de nosotros, entre el bien y el mal, entre Dios y el diablo. El amor triunfa cuando está dispuesto a entregar la vida y no se deja llevar por el odio o el rencor. 


Ahí tiene sentido la llamada de Jesucristo: negarse a sí mismo, es decir, no buscar lo que yo quiero sino lo que Dios quiere, lo que es más útil para mis hermanos. Es dejar que Dios ocupe todo mi ser: mis pensamientos, mi voluntad, mis afectos.

Cargar con la cruz, es decir, aceptar el sufrimiento que viene por la fidelidad a Dios y a su Reino.

Seguir a Jesucristo, lo que significa conocerlo de cerca, escuchar y aprender todo lo que nos enseña y meditar todos los momentos de su vida que son toda una lección.

En esta llamada también hay una promesa de futuro, para la otra vida. El Señor vendrá con poder al final de los tiempos y daremos cuenta ante él de lo que hayamos hecho. Cuando llegue el momento definitivo habremos salvado de verdad la vida.


Señor Jesucristo, tú eres el modelo a seguir en toda mi vida. Quiero conocerte para amar al Padre como tú lo amas, para dejarme llevar como tú de los impulsos del Espíritu Santo, para aceptar como tú la cruz y entregar como tú la vida para el bien de la humanidad. Gracias por todo lo que has hecho y sigues haciendo. Bendito y alabado seas por siempre.


viernes, 21 de agosto de 2026

ATAR Y DESATAR

  Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo. (Mt 16,18-19)

Tenemos en la actualidad ciertos grupos de personas que se dicen católicos pero que no aceptan la autoridad del Papa. Ha sucedido con el papa Francisco y lamentablemente pudimos oír a cardenales que mostraban su rechazo a las decisiones del papa. Ahora parece que todo está más tranquilo pero sigue habiendo una oposición al papa León, en el fondo de este rechazo está el concilio Vaticano II, que algunos sectores muy conservadores se niegan a aceptar. Ya tuvimos la triste noticia del cisma por parte de la fraternidad de San Pío X.

En otros casos son videntes que aseguran que la Virgen María les ha revelado algo contrario a las decisiones del pontífice.


Yo creo que el Evangelio de hoy es claro. Jesucristo ha entregado el poder a Pedro y a sus sucesores. Por una parte ese poder significa que tiene toda la autoridad para atar y desatar. Este poder se lo ha dado a Pedro y no a otra persona, por muy santa que sea.

No cabe duda de que el papa es un ser humano y por lo tanto es imperfecto y también es un pecador. No vamos a olvidar que Pedro también negó a Jesucristo en el momento de la pasión. No obstante, el Señor siguió confiando en él.

No podemos hacer cada uno nuestra propia iglesia particular, el principio de la unidad de la Iglesia Católica es la figura del papa y la obediencia a su magisterio. 

A pesar de los fallos humanos que pueda tener como persona imperfecta, su magisterio tiene siempre una valiosa enseñanza para nosotros y es importante tenerla en cuenta.


Señor Jesús, hoy te pido por el papa León XIV para que tú lo asistas, según le prometiste a Pedro. Y a nosotros concédenos valorar su ministerio.


sábado, 15 de agosto de 2026

UNA FE MUY GRANDE

 Jesús le respondió: «Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas.»

En aquel momento quedó curada su hija. (Mt 15,28)


Tenemos un episodio desconcertante de Jesucristo. Al principio da la sensación de que es indiferente al drama que está viviendo esta mujer cananea. Pero al final queda todo aclarado.

Jesús ha puesto a prueba la fe de aquella mujer para que sirva de ejemplo a sus discípulos. A ellos les está reprochando constantemente su falta de fe. Sin embargo, a la mujer cananea, después de toda esta prueba le alaba la fe tan grande que ha tenido. Se ha puesto en valor su constancia y su empeño, al decir que al menos le deje las migajas.


El testimonio de la cananea nos hace una llamada a tener también fe y constancia.

Creo que con frecuencia tenemos la sensación de que Dios no se está preocupando de nuestros problemas, aunque le pedimos con insistencia. No obstante, tenemos que seguir suplicando con humildad y constancia. Nuestra fe se pone a prueba y no podemos dejar de confiar porque él mismo nos ha dicho que lo hagamos. Nos dice incluso que seamos importunos.

También creo que tenemos que aprender a agradecer a Dios todo lo que nos concede, incluso más de lo que le pedimos.


Hoy te suplico, Señor, por todas las personas que se encomiendan a mi oración y necesitan ser sanadas y liberadas por ti. Quiero ser paciente y confiar, mientras tanto seguiré insistentemente esperando tu respuesta. Bendito seas, alabado seas porque tú eres mi verdadero Señor y Salvador.


sábado, 8 de agosto de 2026

CAMINAR SOBRE LAS AGUAS

Pedro le contestó: «Señor, si eres tú, mándame ir hacia ti andando sobre el agua.»
Él le dijo: «Ven.»
Pedro bajó de la barca y echó a andar sobre el agua, acercándose a Jesús; pero, al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, empezó a hundirse y gritó: «Señor, sálvame.»
En seguida Jesús extendió la mano, lo agarró y le dijo: «¡Qué poca fe! ¿Por qué has dudado?» En cuanto subieron a la barca, amainó el viento. (Mt 14,28-31)


Mientras Jesús está orando en el monte los discípulos se han quedado solos en la barca y las olas y el viento la hacen tambalearse.

Sin duda el evangelista nos está contando lo que vivieron los discípulos pero también es cierto que podemos encontrar en este hecho un signo de nuestros miedos. Posiblemente nos gustaría tener siempre a la vista al Señor para poder decirle directamente lo que sentimos o preguntarle lo que tenemos que hacer. Pero tenemos más bien  la sensación de su ausencia. 

La barca sacudida por las olas es nuestra iglesia, con sus defectos humanos y sus divisiones, o con la mediocridad y la falta de testimonio ante el mundo. También puede ser nuestra vida personal con los problemas que se nos presentan, las dudas, la enfermedad o el sentimiento de fracaso. Sentimos que Jesús está ausente, pero no es así, él nos prometió estar hasta el fin de los tiempos.

Hay unas palabras consoladoras: "Ánimo, soy yo, no temáis".

Otra escena interesante es el milagro de caminar sobre las aguas. Jesucristo domina la naturaleza y puede hacer lo que parece imposible. Pedro le pide hacer lo mismo y el Señor se lo concede, pero hay que tener mucha fe para que funcione.


Es también una imagen de la misión que el Señor quiere que saquemos adelante. Proclamar el Reino de Dios, curar enfermos, amar incluso a los enemigos… Y sin medios materiales, sólo con la confianza en su Palabra, es como pedirnos que caminemos sobre el agua. Ciertamente se puede conseguir cuando se tiene mucha fe.

La imagen de Pedro que se hunde y le pide socorro al Señor es también como una llamada a la confianza en Jesús siempre. Porque nunca nos faltará su mano tendida en medio del peligro.


Señor Jesús eres admirable en todo lo que haces. Yo te admiro al contemplarte cuando estás orando, consciente de tu misión como Salvador del mundo y unido siempre al Padre y al Espíritu Santo. Te admiro por tu poder divino de caminar sobre el agua y de dominar las fuerzas de la naturaleza. Te admiro y te alabo por tu amor y tu cercanía a todos los que te invocamos suplicando tu ayuda. Auméntanos la fe, Señor.


viernes, 31 de julio de 2026

LOS PANES Y LOS PECES

  Mandó a la gente que se recostara en la hierba y, tomando los cinco panes y los dos peces, alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos; los discípulos se los dieron a la gente. (Mt 14,19) 


Jesucristo había enseñado a sus discípulos a hacerse pequeños y servidores de todos. Lo hacía con gran autoridad, porque él mismo no ha venido a ser servido sino a servir y a dar su vida. El Señor Jesús ha dado su vida por los pobres en cada circunstancia. Así lo vamos viendo en el Evangelio. Él no se centra en sí mismo y en sus problemas sino que está siempre dispuesto cuando alguien lo necesita.

Así nos sorprende cómo se siente impactado por la muerte de Juan Bautista, necesita retirarse ante un hecho tan dramático. La muerte de San Juan es un anuncio también de su propia muerte. Tiene que estar preparado porque él ha venido a dar la vida.


Pero la gente lo busca, lo necesita y por eso renuncia a su retiro y se pone al servicio de aquel gentío y los cura y los libera de sus males.

El culmen de este encuentro es la multiplicación de los panes. 

Los gestos de Jesús nos están llevando a la Eucaristía: toma el pan, pronuncia la bendición y se lo da a los discípulos para que lo repartan.

En la Eucaristía tenemos a Jesucristo entregando su vida por nosotros. A través del sacerdote, Jesús en persona nos da a comer su propio cuerpo y también nos sigue sanando y liberando.

La Eucaristía es por eso una invitación también a darnos, como Jesús, a los pobres. “Dadles vosotros de comer”, les dijo a los discípulos. Esto significa que hay que darse como Jesús. Se nos propone emprender un camino de despojarnos de nosotros, de dejar de lado nuestras preocupaciones para centrarnos en dar lo que somos y tenemos. Jesucristo lo multiplica y hace que todos queden saciados.


Gloria a ti Señor Jesús. Tú nos alimentas con tu vida. Nos ayudas a descubrir el valor de tu Palabra, nos llevas al Padre y nos envías el Espíritu Santo. Y has llegado al extremo de hacerte buen pan para que podamos comerte y tenerte siempre con nosotros.

Hazme buen pan, Señor, con mi oración y mi entrega, con mi dedicación y mi estudio, con mi amor por tu pueblo santo.


sábado, 25 de julio de 2026

LA ALEGRÍA DE ENCONTRAR UN TESORO

 El reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en el campo: el que lo encuentra lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene y compra el campo. (Mt 13,44) 

El encuentro con Jesucristo es el descubrimiento de un tesoro incomparable. El que lo encuentra lo vende todo lleno de alegría porque ya no quiere otra cosa que ese tesoro.

Me llama la atención la alegría con la que vende todo lo que tiene. La alegría está mirando al tesoro que va a poseer, no se fija ya en lo que tiene que dejar atrás. Todo lo demás, comparado con el tesoro escondido ya carece de valor.

El tesoro escondido es Jesucristo, porque el Reino de Dios es el mismo Jesús. El que lo encuentra y descubre la inmensa riqueza que hay en él ya no valora las demás cosas. Pablo llegó a decir que todo le parecía basura comparado con el conocimiento de Cristo Jesús.

Si no soy capaz todavía de desprenderme de cosas secundarias, si siento tristeza al dejar atrás esas cosas, será porque no he encontrado todavía el tesoro escondido. 


Así que tengo que pararme a pensar cómo descubrir este tesoro por el que merece la pena venderlo todo. Tengo que hacer un esfuerzo en esta búsqueda.

Las seguridades materiales son también caducas, las alegrías temporales empiezan y terminan. Pero Jesucristo me aporta una seguridad para siempre, una alegría eterna. ¿Es esto cierto?

Al detenerme en el Evangelio voy descubriendo un sentido verdadero para mi vida. Pongo la mirada en Dios que es Padre y en Jesucristo que da su vida para llevarnos a su Reino. Siento el gran poder del amor para transformar el mundo y descubro la grandeza de hacerse pequeño y pobre. Es verdad que las grandezas y los placeres de este mundo no pueden llenar mi corazón, pero Jesucristo sí le da un sentido a mi vida.

Además llegará el tiempo final, cuando Dios mismo separará a los buenos de los malos, es decir, a los que han hecho el bien y han amado a los demás frente a los que hicieron el mal y causaron sufrimiento a sus hermanos.


Como Salomón te pido también un corazón dócil para poder guiar a tu Pueblo como tú quieres. Libérame de todo egoísmo y ambición y lléname de la santa alegría de haberte encontrado.


sábado, 18 de julio de 2026

LOS JUSTOS BRILLAN COMO EL SOL

 Lo mismo que se arranca la cizaña y se quema, así será el fin del tiempo: el Hijo del Hombre enviará sus ángeles y arrancarán de su reino a todos los corruptos y malvados y los arrojarán al horno encendido; allí será el llanto y el rechinar de dientes. Entonces los justos brillarán como el sol en el reino de su padre. El que tenga oídos, que oiga.» (Mt 13,40-43)


Es complicado comprender lo que pasa en el mundo. Sabemos que Dios es bueno y sólo quiere para nosotros la alegría y la felicidad, pero vemos como el mal se apodera del mundo. Ante esto mucha gente se pregunta dónde está Dios, por qué permite el mal. Ciertamente, si Él quiere puede acabar con los malos de forma inmediata. Pero esto no es tan simple.

Dios es paciente, como aquel labrador. No quiere arriesgarse a arrancar el trigo con la cizaña. Por eso prefiere esperar.

Dios es amor y misericordia, espera nuestra conversión porque no quiere que nadie se pierda. 

Habrá un momento final donde cada uno responderá ante Dios de sus acciones y entonces hará justicia.

En nuestro mundo vemos cómo crecen el trigo y la cizaña. Ante nuestros ojos están los que buscan a Dios de verdad y quieren hacer su voluntad, los que se entregan sin reservas a los demás y reparten amor y perdón. Yo conozco muchos casos heroicos de esta pasión por vivir el evangelio.

Pero también vemos a los que hacen el mal y causan sufrimientos terribles a los inocentes. 


Es más, vemos el trigo y la cizaña dentro de nosotros mismos. Yo mismo, siento en mí esa batalla entre el bien y el mal. Siento el deseo de vivir el Evangelio y siento pasión por Jesucristo a quien quiero tener por maestro y Señor, pero también se apodera de mí el egoísmo y la soberbia. Hay como un drama interior en mí, entre el deseo sublime de ser un reflejo de Jesucristo y la realidad de mi condición de pecador.

Por eso, qué bueno es nuestro Padre Dios que tiene paciencia y nos da la oportunidad de arrepentirnos y volver a empezar. Qué suerte tener un sacramento que nos permite vernos libres de nuestros pecados y experimentar la misericordia de Dios.

Además nos ha enviado el Espíritu Santo que ora por nosotros con gemidos inefables y transforma nuestra pequeñez en alabanza.

Aprendamos a ser humanos, a ser pacientes y comprensivos con los demás hermanos. 


Gracias, Señor Jesucristo, por tu enseñanza llena de sabiduría. Por mostrarnos la misericordia de nuestro padre Dios. Tú eres el justo, el Santo, que brillas ya como el Sol en el Reino de tu Padre. Yo te alabo por siempre.


viernes, 10 de julio de 2026

LA TIERRA BUENA Y EL GRANO

 El resto cayó en tierra buena y dio grano: unos, ciento; otros, sesenta; otros, treinta. El que tenga oídos que oiga.» (Mt 13,23)


Jesucristo, la Palabra viva, el Verbo eterno de Dios, ha puesto en el mundo la semilla del Evangelio. La ha sembrado con su vida, la ha abonado con su amor y su entrega a los pobres, la ha cuidado con el anuncio de la Palabra y la ha regado con su propia sangre para que llegue a dar mucho fruto.

Es la semilla la que tiene todo el poder de dar fruto, sólo necesita una tierra buena que la acoja.

La semilla del Evangelio nos permite ver que en medio de la violencia existen muchos constructores de paz, que dan frutos de paz; en medio de tantos mensajes de odio y enfrentamiento existen personas que aman y entregan su vida y dedican su tiempo a los que más lo necesitan; que se puede desarmar el lenguaje, como nos dice el papa, y hablar con ánimo constructivo; que se puede buscar a Dios de corazón y orar con fe a pesar de tanto materialismo y ateísmo; que, a pesar del pecado, siempre hay una nueva oportunidad para volver a Dios y recibir sus bienes.


El paso de Jesucristo por este mundo no ha vuelto vacío al Padre, ha hecho su voluntad y ha dejado un rastro de vida nueva. 

También nuestra Eucaristía de hoy, será una semilla que se siembra en nuestros corazones y Dios hará que produzca frutos abundantes en nosotros.


Bendito y alabado seas, Señor Jesucristo, por haber sembrado tu Evangelio en este mundo y haber hecho que la luz de Dios brille con fuerza en nuestras vidas. Concédenos ser tierra buena que te acoja y produzca frutos preciosos de amor y paz.


viernes, 3 de julio de 2026

CANSADOS Y ALIVIADOS

 Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. (Mt 11,28)

Hemos vivido recientemente un cisma en la Iglesia. Es algo muy doloroso, porque pone en evidencia que no hay unidad entre nosotros, que andamos divididos. Detrás de esta actitud está la soberbia de algunos que se consideran en posesión de la verdad y acusan al resto de estar en el error. Este grupo ha decidido ordenar obispos sin la autorización de Roma porque sienten que tienen que hacerlo para salvar a las almas. Al decir esto están diciendo que los demás las estamos llevando a la perdición.

El Evangelio no se puede acoger desde la soberbia, desde la certeza de estar en posesión de la verdad. Hace falta otra actitud.

Para comprender el Evangelio hemos de cambiar nuestra mente altanera por un corazón sencillo. Como el niño que es consciente de su ignorancia y se dispone a aprender del maestro. Por eso fueron los pequeños los que entendieron bien al Señor.

Para conocer a Dios tenemos que dejar que él mismo nos lo revele. Nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquél a quien el Hijo se lo quiere revelar. Por lo tanto, tenemos que tener la mente abierta a esta revelación de Jesucristo.


También nos invita Jesús a acudir a él si estamos cansados y agobiados. Creo que todos tenemos algún agobio, alguna preocupación que nos inquieta. La vida no es perfecta. Tenemos que salir adelante con muchos problemas y, con frecuencia, nos vemos desbordados. El Señor nos anima a acudir a Él.

Al contemplar su vida, su forma de afrontar los conflictos, su cruz y su Resurrección, sabemos que también él tuvo muchas dificultades. Pero podemos aprender de Él y de su corazón manso y humilde: de su confianza en el Padre y su oración, de su capacidad de perdonar y de su paciencia con los discípulos, de su amor incondicional a todas las personas y de su entrega total a la voluntad del Padre.

En Jesús encontramos nuestro descanso porque nos propone un yugo llevadero. Es un yugo y por lo tanto es pesado y duro, pero es llevadero porque el amor y la fe lo llenan de sentido.


Vaciame, Señor, de todas mis seguridades y deja mi corazón dispuesto para recibir tu Espíritu. Enséñame a esforzarme por hacerme cada vez más pequeño y más pobre para poder comprender así la fuerza de tus Palabras.


sábado, 27 de junio de 2026

UN VASO DE AGUA FRESCA

 El que dé a beber, aunque no sea más que un vaso de agua fresca, a uno de estos pobrecillos, sólo porque es mi discípulo, no perderá su paga, os lo aseguro. (Mt 10,42)


El Señor nos propone grandes sacrificios, se refiere incluso a los seres más queridos. Jesucristo lo pide todo. Él es el centro y todo nuestro ser tiene que ser para él. No nos hace rebajas para ser más atractivo. Podría parecer que no quiere tener seguidores, y está claro que no quiere seguidores mediocres.

Pero también nos hace ver que hasta los gestos más pequeños que se tienen con los discípulos tendrán una gran recompensa.

Morir a uno mismo, éste es el reto. Cuanto más se muere, más vida se tiene, es algo difícil de creer, pero es así. Lo dejamos todo en segundo lugar porque Jesucristo es el que ocupa el primer lugar en todo. Hay que dejar las cosas secundarias, los apegos materiales y los afectos mundanos, pero también hay que posponer las cosas importantes, los seres más queridos. Jesucristo nos quiere disponibles al cien por cien para construir su Reino. Este desprendimiento hará en nosotros grandes milagros y seremos testigos del poder de Dios.

Está exigencia nos puede hacer sentir que es imposible un seguimiento así y es verdad. Esto supera nuestras posibilidades como todo lo que Jesús nos pide. Por eso estaremos siempre en el camino, se trata de un proceso para toda la vida: Ir despojándonos de todo lo secundario y avanzar en nuestro amor y entrega a Jesucristo.




El Señor, por su parte, está decidido a recompensar nuestro sacrificio. El más pequeño gesto de amor hacia él o hacia sus discípulos tendrá una gran recompensa. 


Tú lo has dado todo por mí: te has despojado, has entregado tu vida en la cruz y me alimentas con tu cuerpo y sangre. Seguir tus pasos supone imitar tu ejemplo. Bendito y alabado seas por siempre.


sábado, 20 de junio de 2026

NO TENGÁIS MIEDO

 No tengáis miedo a los que matan el cuerpo pero no pueden matar el alma.

El Señor nos ha confiado el Evangelio para que suene en este mundo la Buena Noticia de Jesucristo. Por él nos ha llegado la gracia y salvación de forma abundante. Nos hace santos cada día y nos prepara para llenar el mundo de esa luz que nos inunda.

Es verdad, el Señor ha llenado nuestro corazón de amor y de alegría. Sentimos deseos de ayudar y alegrar la vida de los pobres, de construir la paz, de sanar a los enfermos y llenar de vida a la gente. Es el don de la gracia que Cristo nos ha obtenido con su obediencia.


Frente a esto tenemos la amenaza del mal. El miedo, a veces a que se nos deje de lado o a una burla… otros se enfrentan a persecuciones más duras.

Pero Jesús nos anima una vez más. Lo peor que nos podrán hacer será matar nuestro cuerpo pero no pueden tocar el alma. Dios es el único que lo puede todo y siempre estará ahí para socorrernos.

Hasta en los momentos difíciles podremos entonar nuestra alabanza.


Cantaré para ti mi alabanza porque me libras de todos los peligros, nunca dejas de alentarme y me das todo lo que necesito para cumplir tu voluntad.


sábado, 13 de junio de 2026

ANUNCIO DEL EVANGELIO

 Id y proclamad que el reino de los cielos está cerca. Curad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, echad demonios. Lo que habéis recibido gratis, dadlo gratis.» (Mt 10,7-8)

Jesús nos anima a la oración. El trabajo que Dios nos pide es superior a nuestras fuerzas. Transformar el mundo no está a nuestro alcance, lo sabemos, hay muchos elementos implicados que no dependen sólo de nuestra buena voluntad.

Por eso constatamos que la mies es mucha y los obreros pocos. Pero esta mies tiene un dueño que escucha lo que le pedimos. Primero no nos dice que nos pongamos manos a la obra sino que miremos al cielo y pidamos al dueño de la mies que envíe obreros. 

Al pedir que envíe obreros tenemos que estar dispuestos también a decir que sí, que estamos dispuestos.

Después envía a los doce y lo primero que hace es comunicarles sus propios poderes: echar demonios y curar enfermos. El anuncio del Reino de Dios no se queda sólo en palabras sino que va acompañado de signos prodigiosos que ratifican el anuncio. Los discípulos no son nada, sólo son pobres hombres sin mucha cultura y sin ningún poder. Pero Jesús les da el poder de sanar y liberar del mal.


Así es como son enviados con el poder de Jesucristo para proclamar que el Reino de los Cielos está cerca, es decir que es Dios quien realmente gobierna este mundo.

Finalmente habla de la gratuidad. Lo que han recibido ha sido gratis, no sólo en el sentido económico, sino que ha sido inmerecido. Del mismo modo hay que llevar esta Buena Noticia con todos sus signos de forma gratuita, sin esperar nada. El premio es sencillamente el hecho mismo de haber sido elegidos y llevar el Evangelio por todas partes. El premio es haber conocido a Jesucristo y poder estar a su servicio.


Alabado seas mi Señor y mi Dios, porque no te quedas indiferente ante los problemas de los pobres sino que respondes a su oración y nos llamas a ponernos a su servicio.

Alabado seas, Señor Jesucristo, que nos has anunciado el Evangelio y nos envías a llevarlo por todo el mundo.

Alabado seas, Espíritu Santo, que actúas a través de cada uno de nosotros para que el Reino de Dios se haga presente en el mundo.


sábado, 6 de junio de 2026

EL CUERPO Y LA SANGRE DE CRISTO

 El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna y yo lo resucitaré en el último día. (Jn 6,54)

En estas palabras tenemos la gran promesa de Jesucristo. Deseamos la vida eterna, deseamos la resurrección y él nos las ofrece en esta forma tan sencilla que es la Eucaristía. Aquí comemos su cuerpo y bebemos su sangre y él nos da la vida eterna y la resurrección.

Ahora bien, recibir a Cristo requiere también unas actitudes. No podemos acercarnos a la Eucaristía de cualquier manera. Por eso es tan importante la confesión, que es nuestra forma de mostrar el arrepentimiento de los pecados y el deseo de conversión, y es la forma sacramental de quedar limpios de pecado y estar en gracia de Dios. No es un alimento cualquiera el que vamos a recibir sino a Cristo mismo.


Recordemos que Dios preparó a María como digna morada del Señor redimiéndola ya en su misma concepción inmaculada. Por eso mismo, también a nosotros nos ofrece la remisión de nuestros pecados para que antes de acercarnos a comulgar también preparemos nuestra persona como digna morada de Jesucristo.

Así, tomándonos en serio el acto de comulgar, nos ponemos en el camino de santidad que deseamos. Así, el alimento santo que recibimos nos fortalece, nos prepara para vivir el evangelio y nos pone en el corazón el amor mismo de Cristo para entregarnos a los demás.

No se trata de dejar a nadie fuera de esta invitación. La llamada es para todos. Porque Jesús ha venido a este mundo para sacarnos a todos de las tinieblas del pecado y llevarnos a la luz de la santidad. 


Te adoro, Señor Jesucristo, en este pan consagrado y me asombro de poder contemplarte tan humilde y tan grande a la vez. Bendito seas por siempre. Me acerco a ti y te pido que tú me hagas digno de mirarte y admirarte.


viernes, 29 de mayo de 2026

DIOS AMÓ AL MUNDO

 Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. (Jn 3,17) 

Con mucha facilidad nos dedicamos a veces a juzgar al mundo. Nos quejamos porque el mundo no escucha la voz de Dios, porque por eso no hay paz y el pecado se extiende por todas partes.

Tal vez juzgamos y condenamos, muchas veces sin saber los dramas que se esconden detrás de muchos pecados. Como leemos en el Evangelio, eso no es lo que hace Dios. 


Dios envió a su Hijo pero no para juzgar. Dios conoce el drama que supone el pecado y no puede ser simplemente un juez, porque es sobre todo un padre que ama a sus hijos y como Padre lo que busca es el bien de sus hijos. El mundo ha sido creado por él y por eso no quiere la perdición del mundo sino la salvación. Para eso ha enviado a Cristo, para salvar al mundo. La historia humana se ha convertido en historia de Salvación: Hemos experimentado el pecado y el dolor que supone estar lejos de Dios, hemos conocido a Jesucristo, el Salvador y sabemos que ha pagado el precio de su sangre para salvar al mundo del mal. Finalmente hemos recibido el Espíritu Santo para continuar esta historia de la Salvación hasta que el Señor vuelva.

A lo largo de la historia Dios se ha revelado como Padre, Hijo y Espíritu Santo. Por una parte nos revela su misterio y por otro lado nos hace entender que todo es mucho más de lo que podemos alcanzar a comprender.


Bendito y alabado seas mi Señor y Dios Padre que me has dado el don de la vida y me has concedido estar a tu servicio para conocerte y amarte.

Bendito y alabado seas mi señor y Dios Jesucristo, Hijo único de Dios, que has venido a este mundo y te has acercado a mí para librarme del pecado y acercarme a tu santidad.

Bendito y alabado seas mi Señor y Dios Espíritu Santo que me llenas de la sabiduría y del amor divino para que yo sea testigo, en medio de la gente, de este inmenso don.