sábado, 2 de mayo de 2026

CAMINO, VERDAD Y VIDA

 En verdad, en verdad os digo: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aun mayores, porque yo me voy al Padre. (Jn 14,12)

Hay muchas cosas que turban nuestro corazón, no lo voy a negar. Yo también estoy preocupado por todo lo que está pasando no sólo en el mundo sino en mí mismo. 

Jesús siempre nos llama a no tener miedo, él está con nosotros y sabe muy bien lo que nos tiene preparado. 

Nuestro Señor está vivo y nos precede para que alcancemos su propia gloria.

Él es el camino, la verdad y la vida. Vamos a acercarnos de nuevo a su persona para seguir sus pasos. Sin miedo ni turbación. Si él fue rechazado también nos tocará vivir el rechazo, si se burlaron de él también tendremos que saber aceptar la burla o la humillación. Pero no podemos elegir otro camino porque él es el camino.


El camino de santidad que nos propone es muy exigente. No basta con ser buenas personas, no basta con no hacer daño a los demás. Esto está bien, pero Jesucristo nos propone entrar en el camino que es él. Éste es un camino de obediencia a Dios Padre, de estar en comunión, es decir de estar unidos fuertemente a él. Por eso necesitamos la oración y los sacramentos, además de ser buenos y luchar con el pecado.

Es un camino de compromiso verdadero por el amor, la paz y la verdad, que nos puede costar muchos problemas. Por esto mismo no nos conformamos con no hacer daño sino que nos sentimos llamados a cambiar el mundo y a enfrentarnos a las fuerzas del mal.

Frente a la mentira y la cultura de la muerte tenemos un compromiso con la verdad y la vida. Estamos llamados a construir un mundo de hermanos.

Frente al materialismo y al olvido de Dios tenemos un compromiso de vida espiritual y de oración auténtica que nos mueve a la alabanza y a la adoración, porque sin él no podemos hacer nada. Pero si creemos en él haremos también obras grandes: las obras que él hace.

Que no se turbe nuestro corazón porque Jesús está con nosotros y nos espera la Resurrección y la gloria junto a él.


Te alabo mi Señor porque tú eres grande y has mostrado tu poder y tu grandeza haciéndote pequeño y obediente. Te adoro, Señor Jesucristo, porque sólo tú eres Santo y fuente de toda santidad y perfección. Tú eres el camino y necesito seguirte, tú eres la verdad y necesito conocerte y tú eres la vida y te necesito para vivir en plenitud. Bendito seas, mi Señor.


viernes, 24 de abril de 2026

LA PUERTA DEL REDIL

 En verdad, en verdad os digo: yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido antes de mí son ladrones y bandidos; pero las ovejas no los escucharon. Yo soy la puerta: quien entre por mí se salvará y podrá entrar y salir, y encontrará pastos. (Jn 10,7-9)


Jesucristo es la puerta, y nos dice que es necesario entrar por él para salvarse y encontrar pastos.

Si lo que yo busco en la vida es dinero, bienestar o reconocimiento no estoy entrando por la puerta. No seré el pastor del rebaño sino más bien salteador y bandido.

Por eso, yo entiendo que entrar por la puerta es tener a Jesús como el maestro de quien tengo que aprender qué hacer en la vida. Por eso haré del estudio de mi Señor el principal trabajo al que tengo que dedicar mi tiempo.

El Señor ha elegido la pobreza y la humildad para darse a conocer al mundo. Ha venido enviado por Dios y ha obedecido al Padre en todo momento, aunque esta obediencia le ha llevado al sufrimiento y a la entrega total de la vida. Ha querido sanarnos con sus heridas.

Cada día voy descubriendo más profundamente el amor de Jesucristo, muchas veces me sorprendo de haber descubierto algo nuevo, una nueva llamada o un nuevo consuelo de su parte.


Esta es la puerta por la que tengo que entrar para cumplir mi tarea. Yo también quiero buscar al pastor y guardián de nuestras almas.

Si mi trabajo es conocer a Jesucristo, también será mi tarea ir despojándome de todo lo que me estorba para estar cerca de él, abrazar con él la cruz de cada día y no tener miedo al sufrimiento o a la humillación, y dar mi vida por todos aquellos a los que Dios me ha enviado, por los pobres y por todos los que sufren. Así seré una imagen del Pastor de las ovejas. Así responderé de verdad a mi vocación.


Buen Pastor que has dado la vida por mí y has querido que yo sea una imagen tuya, eres Pastor y guardián que no has querido dejarme perdido; siento que tengo que seguir tus pasos, imitar tu bondad y tu entrega. 


viernes, 17 de abril de 2026

CAMINANDO CON EL RESUCITADO

 Y entró para quedarse con ellos. Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron. (Lc 24,30-31)

La experiencia de estos dos discípulos que van de camino es una catequesis sobre la Eucaristía.

Yo veo tres frases que pueden ayudarnos a hacer también nosotros este camino de los discípulos y vivir su misma experiencia durante la celebración de la misa.

Nosotros esperábamos que él sería el liberador de Israel. Los discípulos habían puesto unas expectativas humanas, lo que esperaban estaba ya equivocado de raíz. Ciertamente que Jesús es el salvador pero no de la forma que ellos creían. 

¿No era necesario que el Mesías padeciera para entrar en su gloria? El segundo paso es caminar con Jesús y escuchar cómo explica el sentido de las escrituras. La Palabra de Dios no se puede leer con una mirada interesada, porque le hacemos decir lo que nos gusta más y no lo que realmente está diciendo.


Esto es lo que hace Jesús por el camino. Les explica el verdadero sentido de la Palabra, y es mucho más duro de lo que creían según sus expectativas. El Mesías tenía que padecer y lo habían anunciado los profetas. Pero la explicación de las Escrituras les hace arder el corazón.  Porque la cruz será el camino para la Resurrección y la Vida.

El momento culminante será cuando lo reconozcan al partir el pan.

Era verdad, ha resucitado el Señor. Los dos discípulos se pueden unir a este canto de la comunidad. Ahora han transformado sus expectativas en verdadera esperanza.

La Eucaristía nos permite hacer este mismo camino. Venimos con nuestras expectativas frustradas porque no podemos entender el sufrimiento de la vida, la sequedad en la oración, el vacío que sentimos. Vemos que la guerra no termina, que sigue el mal por todas partes, que los enfermos no sanan, que no se encuentra un buen trabajo... No se han cumplido nuestras esperanzas en el Dios del amor y la paz. 

Jesucristo camina con nosotros. Hemos proclamado la Palabra y la voz de Dios ha resonado en nuestra Iglesia, el mismo Cristo nos ha hablado y sus palabras nos van dando luz. Nuestro corazón arde en verdadera esperanza.

Finalmente ha partido el pan para nosotros. Hemos abierto los ojos y lo hemos contemplado a él mismo en el pan Eucarístico. Con este alimento sentimos ánimo para seguir afrontando la vida con sus contrariedades. Nos da verdadera esperanza en el futuro y cantamos con fe unidos a toda la Iglesia que Cristo ha resucitado y está vivo.


Sé que tú estás vivo y me has enseñado a dar la vida generosamente. Me pongo en tus manos. Sigue enseñándome el sentido de tu Palabra y quédate conmigo para siempre.


viernes, 3 de abril de 2026

¡ALELUYA!

 Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó. (Jn 20,8)


La muerte y la resurrección del Señor nos muestran una batalla que se ha establecido entre la vida y la muerte. Así lo hemos cantado en la secuencia de Pascua. La muerte de Cristo en la cruz nos muestra al que es la vida muriendo por todos. La apariencia es de una derrota, ha muerto el que es la vida. Pero en esta batalla el triunfo es de Dios, porque no podía ser de otro modo. Dios siempre será el vencedor. 

Cristo en la cruz ha destruido el pecado. Nuestro hombre viejo ha sido crucificado con él para que ahora resucitemos con él a una nueva vida.

Hoy nos alegramos con la noticia del sepulcro vacío. Jesucristo no está en el sepulcro, la muerte no ha podido con él. Muerto el que es la vida triunfante se levanta.


La noticia de la resurrección nos devuelve la alegría y la confianza en Dios, en medio de los signos de muerte que reinan en el mundo. Tenemos una razón para luchar y sacrificarnos por el Reino de Dios, porque Cristo ya no está en el sepulcro, está lleno de gloria y tiene todo el poder.

Miremos todos los signos de vida que tenemos a nuestro alrededor para darnos cuenta de que la muerte no tiene la última palabra. Podremos ver que es mucho más fuerte el amor, que la fuerza de la Resurrección de Cristo ha tocado el corazón de muchas personas, que ciertamente es muy grande el poder de la oración, que la fraternidad es una semilla que crece y se extiende. Verdaderamente Cristo ha resucitado y la fuerza de su vida se va impregnando en medio del mundo.

La guerra no va a ser la que imponga el futuro del mundo porque pertenece al reino del mal; el racismo o el rechazo a los demás no pueden marcar el ritmo de nuestros pasos; la pobreza o  la enfermedad no van a persistir contra la vida. No puede ser así porque en esta batalla entre la vida y la muerte ha sido Cristo, que es la vida quien se ha levantado triunfante y él es invencible.

Por eso, como nos dice Pablo, busquemos los bienes de arriba para alcanzar la gloria que nos ha preparado.


Gloria a ti, Señor Jesús, resucitado de entre los muertos. Gloria a ti que nos has liberado del pecado y nos has alcanzado la vida eterna. Gloria a ti, Señor por siempre. Aleluya.


martes, 24 de marzo de 2026

LA PASIÓN GLORIOSA

 Desde ahora veréis que el Hijo del hombre está sentado a la derecha del Todopoderoso y que viene sobre las nubes del cielo. (Mt 26,64)


El relato de la pasión del Señor es muy sorprendente. Aunque, en apariencia, estamos ante una historia de dolor, desprecio y hasta de fracaso, en realidad, se está mostrando la gloria de Jesucristo.

Vemos que todos estos acontecimientos están dando cumplimiento a las profecías y a los salmos. Por eso, sabemos que con estos hechos se está llevando a cabo la salvación de toda la humanidad. Es el amor que vence al odio, la vida que vence a la muerte, la santidad que destruye el pecado.

Jesucristo aparece aceptando la voluntad del Padre, que es la salvación del mundo. Pero también anuncia a sus discípulos la Resurrección y la llegada del Reino de Dios junto con su gloria: sentado a la derecha del Todopoderoso.

La contemplación de la Pasión de Jesús nos tiene que mover al agradecimiento y a la alabanza. Es el anuncio de un amor tan grande que está dispuesto a dar la vida por nosotros. No es un reproche a nuestros pecados sino una vivencia profunda de la misericordia que nos tiene que motivar a no volver a pecar.


Tú, Jesús eres Señor para gloria de Dios Padre. Ante ti doblo la rodilla, ante ti me humillo y proclamo tu alabanza. 

Te adoramos Cristo y te bendecimos porque con tu cruz has redimido al mundo.


sábado, 21 de marzo de 2026

LA RESURRECCIÓN Y LA VIDA


 Señor: yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo.» (Jn 11,27)


A menudo nuestra fe se pone a prueba, y yo reconozco que me resulta muy difícil mantener esta llama encendida. Veo mucho dolor a mi alrededor, veo muchas injusticias, me desconcierta el sufrimiento de los inocentes. Tengo la experiencia de orar con fe por muchas personas y por muchas situaciones y no parece que haya una respuesta de Dios. Por eso mismo me cuesta mucho esperar que todo vaya a cambiar y que los problemas vayan a encontrar una solución. Me siento como los israelitas que se sentían como muertos con los huesos secos.

Pero, de nuevo, la Palabra de Dios viene a tocar mi corazón. Viene a insistir en el poder tan grande del Señor: Él lo dice y lo hace.

Cuando todo está perdido, porque Lázaro lleva ya cuatro días enterrado, Jesús pide un acto de fe. El que cree verá la gloria de Dios.

Marta proclama que cree en Jesús como el Mesías, el Hijo de Dios que tenía que venir al mundo. El Señor le hará ver su gloria resucitando a Lázaro. Porque Él es la Resurrección y la vida.


Yo estoy también muerto en mi interior por no saber confiar en el poder del Señor. Pero el Espíritu Santo ha venido a dar vida a este cuerpo mortal. El poder del Espíritu también ha resucitado y ha sacado del sepulcro a este Lázaro que había dentro de mí como unos huesos secos y le ha devuelto el ser. Me vuelve a llenar de vida y me ha hecho orar con fe, sanar mi corazón, proclamar la gloria de Dios y comprometer mi vida para cambiar este mundo con la fuerza del Evangelio.


Yo estaba muerto por el pecado pero el Espíritu Santo me ha devuelto la vida, por eso no puedo dejar de alabarte y adorarte. Porque cuando todo parecía perdido, tú me hiciste volver a confiar en ti y me llamaste a trabajar por tu Reino. Bendito seas mi Señor y mi Dios, que das la vida a los muertos.



viernes, 13 de marzo de 2026

LA LUZ VENCEDORA

 Oyó Jesús que lo habían expulsado, lo encontró y le dijo: «¿Crees tú en el Hijo del hombre?»
Él contestó: «¿Y quién es, Señor, para que crea en él?»
Jesús le dijo: «Lo estás viendo: el que te está hablando, ése es.»
Él dijo: «Creo, Señor.» Y se postró ante él. (Jn 9,35-38)

Cristo es la luz del mundo y nos ha llenado de esa luz para que vivamos la vida como hijos de la luz. San Pablo anima a los fieles a vivir con las armas de la luz: la justicia, la verdad, el amor… así es como se destruyen las tinieblas de la mentira o de la injusticia, del odio o la violencia. Es el bien que vence al mal.

Veamos cómo el evangelio nos presenta a Cristo como la luz del mundo.

El ciego de nacimiento nunca ha visto la luz, está en las tinieblas desde siempre. Los mismos discípulos del Señor consideran que esto es fruto del pecado, pero Jesús va a demostrar que él es la luz del mundo y mostrará la obra de Dios. Esto es lo que anuncia cuando le devuelve la vista al ciego. Pero en este momento empieza la batalla.

Están los que rechazan a Jesús, son los hijos de las tinieblas: la luz brilla en las tinieblas pero las tinieblas no la recibieron, decía el prólogo del evangelio de Juan. Como vemos los fariseos no están dispuestos a aceptar a Jesús aunque hayan visto un milagro.

Pero el ciego de nacimiento va siendo iluminado de forma gradual: primero ve a Jesús como un hombre que le ha devuelto la vista, después cree que es un profeta, que viene de Dios y finalmente ante la pregunta de Jesús se postra ante él y le dice que cree en él.

Frente a los verdaderos ciegos, que se creen que ven y persisten en su pecado, el ciego de nacimiento ha recibido la luz plenamente porque ha reconocido a Jesucristo como el Salvador: el Hijo del Hombre.


Pienso en todas las dudas, en la oscuridad que cada uno podríamos estar viviendo ante los problemas del mundo, de la iglesia o de cada uno personalmente. Ciertamente hay mucho mal, muchas injusticias, mucha mentira y violencia, mucho desamor… 

San Pablo dice: despierta tú que duermes, levántate de entre los muertos y Cristo será tu luz. 

Yo pienso que estas palabras son una llamada a la acción. Estar dormido es estar esperando pasivamente que todos los problemas se solucionen y terminen por su cuenta y hay que despertarse. Incluso dice: levántate de entre los muertos; porque cuando estamos en esta pasividad estamos como los muertos, que ya no hacen nada ni cambian nada. 

Ante esta llamada lo que vemos es que no podemos cambiar las cosas. La guerra sigue adelante y yo no puedo convencer a unos y otros para que la paren, las divisiones de la Iglesia no dependen de mí y no soy nadie para frenarlas, mis propios pecados, mis propios problemas me superan también y me ponen ante mi fracaso personal. Estoy en las tinieblas.

Pero Pablo dice: Cristo será tu luz. No soy yo, es Cristo quien me llena de luz, es Cristo quien ilumina el mundo. Nos pide que creamos en él: ¿Crees tú en el Hijo del Hombre?

Es la pregunta de hoy para cada uno de nosotros. En medio de tantas tinieblas, en medio de tu propia incapacidad y de tus fracasos… ¿Crees en Jesucristo? 

Miremos al ciego sanado del evangelio. Sus padres no lo defendieron, los judíos lo expulsaron de la sinagoga y tiene delante a Jesucristo preguntándole si cree en él. Y frente a todo lo negativo que estaba viviendo encontró la luz y se postró y dijo: Creo Señor.

La luz será también uno de los signos llamativos en la noche de Pascua. Cantaremos ante el cirio que ilumina el templo a oscuras. Reconoceremos a Cristo resucitado como la luz que vence a las tinieblas.

Tal vez los hechos nos lo ponen muy difícil, pero ahí está la fuerza de la fe. 


Tú eres mi luz y así también mi esperanza, Señor. Cuando estoy cerca de ti y tu Palabra me instruye no tengo miedo ya. Nada me inquieta porque sé que he confiado en ti y tú no me fallas nunca. Por eso mi boca canta tu alabanza por siempre.


viernes, 6 de marzo de 2026

AGUA VIVA

 El que bebe de esta agua vuelve a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré nunca más tendrá sed: el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna. (Jn 4,13-14)

La sed representa todas las cosas que necesitamos, sobre todo las grandes causas. Necesitamos la paz en este mundo convulso, lleno de violencia y de injusticias. En estos días todos estamos con la respiración contenida ante la guerra que nos va a traer consecuencias terribles, y que está causando mucho sufrimiento a los inocentes. La paz es la sed que tenemos.

Tenemos sed de vida: la muerte, la enfermedad, son también situaciones que nos hacen sufrir. Tenemos sed de vida. Queremos vivir y no sufrir. La vida y la salud son también la sed que tenemos.

Tenemos sed de santidad: el pecado del mundo y nuestros propios pecados nos enfrentan a nuestra miseria personal, vemos lo poco que somos y lo fácilmente que caemos en el mal y lo difícil que nos resulta comprometernos con el bien. La santidad es también la sed profunda que tenemos.

Podemos pensar también en otras inquietudes profundas: la verdad, el amor, la alegría y la felicidad. Nuestra sed es muy profunda y el agua normal no puede saciarla. Pero Jesús nos ofrece el agua viva, el agua que brota dentro de nosotros mismos y nos lleva a la vida eterna. Esta agua nos sacia definitivamente y ya no volvemos a tener sed.



Conocer a Jesucristo es alcanzar el agua viva. Su persona y su mensaje nos van llenando el corazón de vida y de fe.

Jesús le ofrece a la Samaritana el agua viva. Cuando ella ha conocido a Jesús como el Mesías se deja el cántaro, porque ya no lo necesita. El agua viva es él mismo. Es el evangelio. 

¿Es esto verdad? Tal vez podemos sentirnos defraudados de Dios, porque nuestra fe no va a parar la guerra ni va a terminar con el hambre del mundo. ¿Está o no está el Señor con nosotros? Ésta era la pregunta que se hacían los israelitas en el desierto y creo que sigue en nuestro interior. Las palabras del Evangelio nos dan ánimo pero la realidad se impone y no vemos un cambio como nos gustaría.

Pablo predicó también el Evangelio y animó a los creyentes en tiempos muy difíciles, cuando se enfrentaban a la cárcel y al martirio. Pero, en medio de todas estas pruebas, creyeron y su fe fue para ellos agua viva que brotó desde dentro y los llevó a la vida eterna. Fue la esperanza que no defrauda. Su fe los comprometió a vivir desde Jesucristo, a poner en el mundo la semilla del amor fraterno y llevar la luz en medio de las tinieblas.

Sí, Jesucristo es el agua viva y quien la bebe no vuelve a tener sed.


Tú calmas mi sed, Señor. Me haces comprometerme en la transformación del mundo viviendo el amor, me das la esperanza en la vida eterna y me limpias los pecados para devolverme la santidad original. Bendito seas por siempre.


viernes, 27 de febrero de 2026

TRANSFIGURACIÓN

 Se transfiguró delante de ellos, y su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. Y se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él. (Mt 17,2)


Jesucristo oraba con frecuencia, se retiraba y pasaba largas horas orando. Él es el envíado del Padre y tiene que estar en un contacto permanente con él, para contrastar su ministerio. No ha venido por su cuenta sino que tiene que llevar a cabo un encargo, que es la salvación de la humanidad herida por el pecado. La salvación vendrá por su entrega total por amor.

La oración de Jesús es un modelo de lo que es también la oración cristiana. Cuando Jesús ora, el cielo viene a estar en la tierra, el Padre está presente escuchando y hasta los santos están ante él.

En aquel monte los tres discípulos elegidos tuvieron el privilegio de contemplar la grandeza de la oración. Jesús se mostró ante ellos con toda su divinidad, con toda su santidad. Ellos vieron con sus ojos a Moisés y Elías y oyeron la voz del Padre. Esto será algo que guardarán para siempre en su memoria, no podrán olvidarlo; así cuando oran saben todo lo que está sucediendo.

Después vendrá de nuevo la realidad, tendrán que afrontar la pasión y la muerte y quedarán confundidos. Pero Jesús resucitará de entre los muertos y dará comienzo el Evangelio que se extendió por todo el mundo.


Contemplemos hoy a Jesucristo transfigurado. Lo podemos ver en la Eucaristía, hecho pan para nosotros. Lo podemos admirar. El cielo se ha hecho realidad ante nuestros ojos, los santos están acompañando nuestro camino, el Padre nos habla y nos llama a escuchar a Cristo. Nuestra oración personal y comunitaria, nuestra alabanza constante es cada día una experiencia de transfiguración.


Señor Jesucristo, Hijo amado del Padre, tú eres Dios y eres digno de alabanza y honor. He escuchado tu llamada y lo que me pides me supera, pero confío en ti. Por tu gracia caminaré cada día para llegar a ser santo como tú y purificarme por el amor. 


viernes, 20 de febrero de 2026

TENTACIONES

 «Vete, Satanás, porque está escrito: “Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto”».
  Entonces lo dejó el diablo, y he aquí que se acercaron los ángeles y lo servían.


Jesucristo se retiró al desierto para preparar su nueva vida, su ministerio público que iba a culminar con la muerte y la Resurrección. Su entrega de amor como un sacrificio puro para el perdón de los pecados.

El desierto es una oportunidad para la oración y para aceptar el mandato del Padre. Había mucho que reflexionar, porque su misión tenía que culminar con la entrega de la vida como anunciaron los profetas.

También es la hora del combate. 


El diablo no se resiste a ponerlo a prueba. Le quiere hacer dudar del amor del Padre, le propone el éxito fácil y vacío de sentido y hasta se atreve a pedirle que lo adore a cambio del poder y la riqueza.

Para todas las tentaciones, Jesús tiene una respuesta en la Escritura. La Palabra de Dios es la que nos muestra el camino.

El desierto nos muestra el combate interior que se libra entre hacer la voluntad de Dios, aunque nos cueste la vida o por el contrario seguir el camino del poder y la gloria del mundo. 

Es también el combate entre la fé y la confianza en Dios y la duda porque todo parece imposible.

Ya sabemos que estás dudas y estos afanes mundanos son tentaciones del diablo. Respondamos con la oración, la fe y la Palabra de Dios.


Qué grande eres Señor Jesús. Has resistido la tentación y has salido preparado para cumplir el designio de Salvación. Dame la fe y el amor que me protejan y me ayuden a vencer estos engaños del enemigo. Alabado seas mi Señor y mi Dios por siempre.


sábado, 14 de febrero de 2026

LA PLENITUD DE LA LEY

No creáis que he venido a abolir la Ley y los Profetas:
no he venido a abolir, sino a dar plenitud.
En verdad os digo que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la ley.

(Mt 5,17-18)

 

Jesucristo tiene verdadera autoridad sobre los mandamientos de Dios, porque él viene del cielo, él es Dios junto con el Padre y el Espíritu Santo y por eso puede explicarnos el verdadero sentido de aquellos mandatos.

Nos dice que ha venido a dar plenitud a la ley, la plenitud es el amor, creo que lo sabemos bien. Ha venido a convertir la ley en un camino de santidad y de perfección que está por encima del mero cumplimento de unas normas básicas. Nos quiere enseñar una sabiduría muy superior a las cosas de este mundo.

Por eso, lo que nos dice puede parecernos imposible de cumplir, porque no quiere que nos conformemos sólo con no hacer el mal sino que quiere que nos empeñemos en un amor perfecto como el suyo, como el amor de Dios. 

Así se explica que vaya llevando cada uno de los mandamientos hacia una radicalidad extraordinaria: nos enseña que no basta con no matar sino que hay que evitar hasta el más pequeño insulto, o que no basta con no cometer adulterio sino que que hay que conservar el corazón puro hasta en el más mínimo pensamiento o deseo, no basta con no jurar en falso sino que hay que vivir en la verdad… 

Cuando hemos descubierto esta sabiduría divina estamos llamados a vivir en un amor radical, que no deja resquicio al más pequeño pecado.


En nuestros días hay ciertos movimientos que quisieran que la Iglesia se adaptara al estilo de vida del mundo, como si fuese un signo de modernidad. Recordemos que la sal no puede volverse sosa, ni la luz puede esconderse bajo el celemín. Nuestra vida no puede querer adaptarse al mundo y mucho menos que queramos adaptar al mundo el mensaje de Jesús, más bien tenemos que procurar todo lo contrario, queremos que nuestra vida se adapte al evangelio, a la perfección que nos propone Jesucristo y, todavía más, queremos que todo el mundo escuche esta llamada a la santidad y que el mundo se vaya acercando también a esta perfección.

 

Ante ti, Señor, siento un amor perfecto, descubro cómo tú me has perdonado, siento que soy importante  para ti y por eso te das cada día para que yo te encuentre y me alegre de tu presencia. Tu santidad y tu amor son una llamada para mi vida a despojarme, a entregar la vida y a darme a los demás como tú has hecho conmigo.

 


sábado, 7 de febrero de 2026

SAL DE LA TIERRA Y LUZ DEL MUNDO

 Brille así vuestra luz ante los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en los cielos». (Mt 5,16)

Jesús dice: Sois la sal, sois la luz. Nos está diciendo, que por el hecho de escuchar sus palabras nos hemos convertido en sal y luz. Y nos exhorta a vivir según lo que somos, porque podemos ser una sal sin sabor o una luz que no alumbra. 

La sal de la tierra me hace pensar en el sabor y en la alegría. Jesús nos anima a llenar de alegría la vida de la gente. No se trata de una alegría superficial que se pasa en un momento, sino de una alegría profunda: la alegría del que confía en Dios y sabe que no le va a faltar nada, que no tiene nada que temer. Cuando conocemos a Jesucristo nos inunda su alegría y brota de nuestra boca la alabanza por todo lo que estamos recibiendo. Pero, nuestra sal puede volverse sosa, cuando hacemos de la fe una lista de pecados y la convertimos en una carga. Lo que pasaba con los fariseos. Hay que estar alertas para vivir y comunicar a todos la alegría del Evangelio.


La luz del mundo es la que disipa las tinieblas. Se pone en el candelero. La luz que brilla son las obras de amor hacia los demás, el servicio a los pobres y a todos los que sufren. El profeta Isaías habla con claridad de partir el pan con el hambriento y vestir al que está desnudo. La luz brilla por el compromiso claro de los que dan la vida por los demás, como Jesucristo, que nos amó hasta el extremo y entregó la vida por todos nosotros para la salvación del mundo y el perdón de los pecados.


Señor Jesucristo, tú eres la luz de este mundo que lo iluminas todo con tu presencia, con tu amor y tu Palabra. Tú eres la sal de nuestra vida porque contigo todo tiene sentido. Entra en mí y conviérteme en la sal y en la luz del mundo. Que tu Espíritu me empuje siempre para estar en medio de los pobres proclamando la alegría del Evangelio.


viernes, 30 de enero de 2026

BIENAVENTURADOS

 Bienaventurados vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo». (Mt 5,11-12)

Al hablar de las Bienaventuranzas tengo el temor de no comunicar toda la profundidad de su mensaje. Casi sería preferible leerlas despacio y dejar espacio para meditarlas. No es posible hacer una explicación detallada de todas. Pero es impresionante lo que transmiten.

En las Bienaventuranzas encontramos una meta a la que aspirar si somos de verdad discípulos de Jesucristo. Los mandamientos nos proponen el mínimo para vivir una vida plena con el favor de Dios, pero las Bienaventuranzas nos llaman a una vida de verdadera santidad y perfección. Al meditar su mensaje nos damos cuenta de lo lejos que estamos todavía de vivir así pero, a la vez, sentimos el deseo de hacerlas realidad. Ante esta propuesta de Jesús vemos que estamos siempre en pecado y necesitamos la conversión cada día.


El que medita despacio las Bienaventuranzas se queda inquieto; no se siente satisfecho porque no mata ni roba, o porque no ha cometido pecados graves. El que siente esta llamada descubre que su vida está siempre muy alejada de la santidad y la perfección del Señor, porque la propuesta de las Bienaventuranzas supone reproducir cada día la vida y los sentimientos del mismo Jesucristo: su pobreza y humildad, su entrega total a los demás, su misericordia, su lucha por la paz, su capacidad de soportar el rechazo y la persecución… Y evidentemente estamos siempre muy alejados de este ideal aunque nos esforzamos en avanzar por este camino.

Viendo los testimonios que tenemos en las cartas de Pablo y en los Hechos de los Apóstoles podemos descubrir que las comunidades cristianas eran irrelevantes en aquella sociedad pero también que aquel estilo de vida iba transformando el mundo poco a poco, porque en aquellas comunidades pequeñas y llenas de imperfecciones estaba actuando el Espíritu del Señor.

Por eso, aunque no tenemos poder ni influencia en la sociedad, podemos sentirnos alentados a llevar a nuestra vida este ideal de perfección y confiar en la acción de la gracia con nosotros: vivamos la pobreza, la mansedumbre, la lucha por la paz y la justicia, la misericordia… 


Señor Jesucristo, me has enriquecido con tu pobreza, has tenido misericordia conmigo, me has llenado de paz y de justicia. Tú me has hecho bienaventurado con tu venida, estando siempre conmigo. Sé mi luz y mi guía para que yo pueda reproducir en mi ser todo lo que tú eres.


sábado, 24 de enero de 2026

PESCADORES DE HOMBRES

 

Paseando junto al mar de Galilea vio a dos hermanos, a Simón, llamado Pedro, y a Andrés, que estaban echando la red en el mar, pues eran pescadores.
Les dijo:
«Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres».
Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. (Mt 4,18-20)

Como vemos en este relato, Jesús empieza su ministerio en la periferia. Allí es donde comienza a llamar a la Conversión y a anunciar el Reino de los Cielos. Es llamada Galilea de los gentiles, porque van gentes de todas partes, también de otros países. Por eso, el Señor comienza a proclamar allí la Buena Noticia para que llegue a las gentes de todas partes. Galilea es un lugar donde la gente que vive no es gente relevante: son los pobres, los extranjeros, los trabajadores, los sencillos. Entre ellos empieza a elegir a los que serán sus apóstoles. Los llama para que sean pescadores de hombres.

Es interesante reflexionar sobre el significado de esta expresión: pescadores de hombres. Jesús empieza llamando a pescadores y los invita a cambiar de tarea. En lugar de sacar a los peces del mar ahora los va a preparar para sacar a los hombres del pecado y llevarlos a Dios.

La llamada de Jesús es muy poderosa, ellos no pudieron resistirse, lo dejaron todo para seguirlo.

También nosotros somos llamados por el Señor para seguir con esta tarea de llevar a los hombres  a Dios. Es bueno que veamos el estilo de nuestro Maestro y actuemos como él, saliendo las periferias, al pueblo que está en tinieblas para llevarle la luz. Nuestras periferias pueden ser las cárceles o los hospitales, los pobres que están en nuestras calles y también todos los que tienen que luchar día tras día en medio de muchas dificultades. A todas estas personas que viven en tinieblas hay que llevarles la luz grande del Evangelio.


Esta luz que trae el Señor es también una llamada a la conversión. Para recibir el Reino de los Cielos hay que cambiar la mente, hace falta dejar el pecado y abrirse a la vida nueva del Evangelio y estar decididos a acoger la Palabra de Dios que nos cambia la vida.

La conversión supone dejar atrás las actividades de las tinieblas: la mentira, la violencia, el egoísmo… y buscar las obras de la luz: el amor, la verdad, la paz, la justicia, el perdón…

Así viene a nosotros el Reino de los cielos. 

La llamada de Jesús es para todos, cada uno en su lugar, con su vocación particular: en su familia, en su trabajo, en sus estudios. Unos serán sacerdotes o religiosos y otros formarán una familia pero todos estamos llamados a seguir al Señor para ser pescadores de hombres.

Aquellos primeros discípulos lo dejaron todo y lo siguieron.


He sentido tu llamada y he dicho sí. No me has llevado por un camino fácil pero siempre has estado conmigo. No he sido un discípulo ejemplar pero tú has sido paciente y comprensivo y no has dejado de llamarme a la conversión. Tu Palabra es luz para este mundo y es un regalo poder ser tu mensajero. Gracias por traer esta esperanza a la humanidad.