Como vemos en este relato, Jesús empieza su ministerio en la periferia. Allí es donde comienza a llamar a la Conversión y a anunciar el Reino de los Cielos. Es llamada Galilea de los gentiles, porque van gentes de todas partes, también de otros países. Por eso, el Señor comienza a proclamar allí la Buena Noticia para que llegue a las gentes de todas partes. Galilea es un lugar donde la gente que vive no es gente relevante: son los pobres, los extranjeros, los trabajadores, los sencillos. Entre ellos empieza a elegir a los que serán sus apóstoles. Los llama para que sean pescadores de hombres.
Es interesante reflexionar sobre el significado de esta expresión: pescadores de hombres. Jesús empieza llamando a pescadores y los invita a cambiar de tarea. En lugar de sacar a los peces del mar ahora los va a preparar para sacar a los hombres del pecado y llevarlos a Dios.
La llamada de Jesús es muy poderosa, ellos no pudieron resistirse, lo dejaron todo para seguirlo.
También nosotros somos llamados por el Señor para seguir con esta tarea de llevar a los hombres a Dios. Es bueno que veamos el estilo de nuestro Maestro y actuemos como él, saliendo las periferias, al pueblo que está en tinieblas para llevarle la luz. Nuestras periferias pueden ser las cárceles o los hospitales, los pobres que están en nuestras calles y también todos los que tienen que luchar día tras día en medio de muchas dificultades. A todas estas personas que viven en tinieblas hay que llevarles la luz grande del Evangelio.
Esta luz que trae el Señor es también una llamada a la conversión. Para recibir el Reino de los Cielos hay que cambiar la mente, hace falta dejar el pecado y abrirse a la vida nueva del Evangelio y estar decididos a acoger la Palabra de Dios que nos cambia la vida.
La conversión supone dejar atrás las actividades de las tinieblas: la mentira, la violencia, el egoísmo… y buscar las obras de la luz: el amor, la verdad, la paz, la justicia, el perdón…
Así viene a nosotros el Reino de los cielos.
La llamada de Jesús es para todos, cada uno en su lugar, con su vocación particular: en su familia, en su trabajo, en sus estudios. Unos serán sacerdotes o religiosos y otros formarán una familia pero todos estamos llamados a seguir al Señor para ser pescadores de hombres.
Aquellos primeros discípulos lo dejaron todo y lo siguieron.
He sentido tu llamada y he dicho sí. No me has llevado por un camino fácil pero siempre has estado conmigo. No he sido un discípulo ejemplar pero tú has sido paciente y comprensivo y no has dejado de llamarme a la conversión. Tu Palabra es luz para este mundo y es un regalo poder ser tu mensajero. Gracias por traer esta esperanza a la humanidad.

Muchas gracias a Dios por sacerdotes tan entregados como El P. Enrique.
ResponderEliminarTotalmente unida a esta acción de Gracias.
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