sábado, 3 de enero de 2026

EL VERBO SE HIZO CARNE

 Y el Verbo se hizo carne y acampó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria propia del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad. (Jn 1,14)


Este canto de San Juan nos presenta un resumen de todo el misterio de Cristo. Nos habla de su preexistencia, de su divinidad, de la Encarnación y también nos adelanta ya la cruz y la Resurrección. Todas estas cosas nos han permitido contemplar su Gloria como Hijo único del Padre.

Hay una batalla, según el texto, entre la luz y las tinieblas. Jesucristo, el Verbo de la Vida es la luz que viene a iluminar el mundo. Es Dios que quiere llenarnos de alegría y que se ha empeñado en santificarnos y purificarnos de todo pecado. Sin embargo, la luz se encuentra con las tinieblas y con el rechazo de las tinieblas. Son las fuerzas del mal, el diablo y las fuerzas diabólicas, que se enfrentan a la verdad con la mentira y a la paz con la violencia y que siembran el odio para apagar el amor. Las tinieblas no soportan a Cristo porque él es la luz que las destruye.

Pero frente al rechazo de las fuerzas tenebrosas están también los que han recibido a Cristo, los que han creído en su Nombre. Para estos, el Evangelio habla de grandes dones: gracia sobre gracia, poder para ser Hijos de Dios. 

Los dones que nos otorga son bienes espirituales y celestiales. Aunque en nuestro apego a este mundo esto pueda parecernos algo que no entendemos, en realidad se trata de bienes superiores a las cosas de este mundo. 

Yo considero estos bienes espirituales y celestiales en los sacramentos, que nos hacen santos ya en esta vida, de forma particular la Eucaristía que nos alimenta con el mismo Cristo.


También la oración y la certeza de ser escuchados es un gran bien espiritual y el amor que se encierra en todas estas cosas, porque Dios ha derramado sobre nosotros su amor y nos ha dado el Espíritu Santo. Son bienes espirituales y celestiales que culminarán con la vida gloriosa del Reino eterno.

En estos días de Navidad también hemos contemplado la gloria de Jesucristo el Señor: nacido en un pesebre y perseguido por Herodes pero admirado por los pastores y adorado por los magos, anunciado por los ángeles y por la estrella. En su pequeñez y en su pobreza se ha mostrado la gloria de Dios Todopoderoso y nosotros lo hemos contemplado y nos hemos llenado de alegría por su venida.


Gloria a ti, Señor Jesús, que te muestras poderoso y grande haciéndote pequeño y débil. Gloria por siempre a ti.


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