Id y proclamad que el reino de los cielos está cerca. Curad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, echad demonios. Lo que habéis recibido gratis, dadlo gratis.» (Mt 10,7-8)
Jesús nos anima a la oración. El trabajo que Dios nos pide es superior a nuestras fuerzas. Transformar el mundo no está a nuestro alcance, lo sabemos, hay muchos elementos implicados que no dependen sólo de nuestra buena voluntad.
Por eso constatamos que la mies es mucha y los obreros pocos. Pero esta mies tiene un dueño que escucha lo que le pedimos. Primero no nos dice que nos pongamos manos a la obra sino que miremos al cielo y pidamos al dueño de la mies que envíe obreros.
Al pedir que envíe obreros tenemos que estar dispuestos también a decir que sí, que estamos dispuestos.
Después envía a los doce y lo primero que hace es comunicarles sus propios poderes: echar demonios y curar enfermos. El anuncio del Reino de Dios no se queda sólo en palabras sino que va acompañado de signos prodigiosos que ratifican el anuncio. Los discípulos no son nada, sólo son pobres hombres sin mucha cultura y sin ningún poder. Pero Jesús les da el poder de sanar y liberar del mal.
Así es como son enviados con el poder de Jesucristo para proclamar que el Reino de los Cielos está cerca, es decir que es Dios quien realmente gobierna este mundo.
Finalmente habla de la gratuidad. Lo que han recibido ha sido gratis, no sólo en el sentido económico, sino que ha sido inmerecido. Del mismo modo hay que llevar esta Buena Noticia con todos sus signos de forma gratuita, sin esperar nada. El premio es sencillamente el hecho mismo de haber sido elegidos y llevar el Evangelio por todas partes. El premio es haber conocido a Jesucristo y poder estar a su servicio.
Alabado seas mi Señor y mi Dios, porque no te quedas indiferente ante los problemas de los pobres sino que respondes a su oración y nos llamas a ponernos a su servicio.
Alabado seas, Señor Jesucristo, que nos has anunciado el Evangelio y nos envías a llevarlo por todo el mundo.
Alabado seas, Espíritu Santo, que actúas a través de cada uno de nosotros para que el Reino de Dios se haga presente en el mundo.






