Enseñadme la moneda del impuesto.»
Le presentaron un denario. Él les preguntó: «¿De quién son esta cara y esta inscripción?»
Le respondieron: «Del César.»
Entonces les replicó: «Pues pagadle al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.» (Mt 22,19-21)
Los fariseos han estado pensando muy bien en la pregunta para ponerle una trampa. Se presentan aduladores, lo que dicen es verdad porque verdaderamente Jesús enseña el camino de Dios sin hacer acepción de personas. Pero su intención es buscar la forma de acusarlo.
Hoy habrían sido unos periodistas que buscarían un titular para denigrar al maestro. Podemos ver que estas argucias son muy antiguas.
Pero el Señor está muy tranquilo. Todo lo que han dicho para adularlo es verdad así que él enseña el camino a Dios y tiene la respuesta aunque la pregunta sea tramposa.
Jesucristo no va a dar una de las respuestas que esperan, porque él no está para tratar esos asuntos sino que directamente hablará de Dios.
Si nos damos cuenta es una respuesta que se puede interpretar de muchas maneras. Podríamos decir que ha dicho que se pague el impuesto y también que ha dicho que no se pague. Porque su respuesta nos levanta la mirada a Dios.
Pensando en la actualidad y en la confrontación que existe por la política creo que los cristianos tenemos un reto, el reto de no caer en esta confrontación, no señalar a nadie como enemigo ni defender algo en contra de otros.
Creo que nuestra mirada tiene que estar en Dios, en su Palabra, en el Evangelio y en la persona de Jesucristo. Desde ahí vendrán nuestras respuestas a todas esas preguntas complejas.
Nuestra vocación es la fraternidad, el bien común y la construcción del Reino de Dios. Desde ahí queremos trabajar con la mirada puesta en Jesucristo.
Está bien que paguemos impuestos y contribuyamos con el bien de la sociedad. Pero nuestro deseo es más alto, queremos dar a Dios lo que es de Dios. Todo es de Dios, todo es para él, toda nuestra vida, nuestro tiempo y nuestros medios. Todo le pertenece y todo se lo damos.
De ti Señor he recibido la vida, el mundo, la familia, los amigos y todo lo que me hace dichoso. Todo es tuyo, todo es para ti. Mi vida tendrá que entregarse por completo a ti y toda mi vida te alabaré. Tú eres grande y yo quiero proclamar tu grandeza construyendo tu Reino de amor, de justicia y de paz.






