martes, 24 de marzo de 2026

LA PASIÓN GLORIOSA

 Desde ahora veréis que el Hijo del hombre está sentado a la derecha del Todopoderoso y que viene sobre las nubes del cielo. (Mt 26,64)


El relato de la pasión del Señor es muy sorprendente. Aunque, en apariencia, estamos ante una historia de dolor, desprecio y hasta de fracaso, en realidad, se está mostrando la gloria de Jesucristo.

Vemos que todos estos acontecimientos están dando cumplimiento a las profecías y a los salmos. Por eso, sabemos que con estos hechos se está llevando a cabo la salvación de toda la humanidad. Es el amor que vence al odio, la vida que vence a la muerte, la santidad que destruye el pecado.

Jesucristo aparece aceptando la voluntad del Padre, que es la salvación del mundo. Pero también anuncia a sus discípulos la Resurrección y la llegada del Reino de Dios junto con su gloria: sentado a la derecha del Todopoderoso.

La contemplación de la Pasión de Jesús nos tiene que mover al agradecimiento y a la alabanza. Es el anuncio de un amor tan grande que está dispuesto a dar la vida por nosotros. No es un reproche a nuestros pecados sino una vivencia profunda de la misericordia que nos tiene que motivar a no volver a pecar.


Tú, Jesús eres Señor para gloria de Dios Padre. Ante ti doblo la rodilla, ante ti me humillo y proclamo tu alabanza. 

Te adoramos Cristo y te bendecimos porque con tu cruz has redimido al mundo.


sábado, 21 de marzo de 2026

LA RESURRECCIÓN Y LA VIDA


 Señor: yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo.» (Jn 11,27)


A menudo nuestra fe se pone a prueba, y yo reconozco que me resulta muy difícil mantener esta llama encendida. Veo mucho dolor a mi alrededor, veo muchas injusticias, me desconcierta el sufrimiento de los inocentes. Tengo la experiencia de orar con fe por muchas personas y por muchas situaciones y no parece que haya una respuesta de Dios. Por eso mismo me cuesta mucho esperar que todo vaya a cambiar y que los problemas vayan a encontrar una solución. Me siento como los israelitas que se sentían como muertos con los huesos secos.

Pero, de nuevo, la Palabra de Dios viene a tocar mi corazón. Viene a insistir en el poder tan grande del Señor: Él lo dice y lo hace.

Cuando todo está perdido, porque Lázaro lleva ya cuatro días enterrado, Jesús pide un acto de fe. El que cree verá la gloria de Dios.

Marta proclama que cree en Jesús como el Mesías, el Hijo de Dios que tenía que venir al mundo. El Señor le hará ver su gloria resucitando a Lázaro. Porque Él es la Resurrección y la vida.


Yo estoy también muerto en mi interior por no saber confiar en el poder del Señor. Pero el Espíritu Santo ha venido a dar vida a este cuerpo mortal. El poder del Espíritu también ha resucitado y ha sacado del sepulcro a este Lázaro que había dentro de mí como unos huesos secos y le ha devuelto el ser. Me vuelve a llenar de vida y me ha hecho orar con fe, sanar mi corazón, proclamar la gloria de Dios y comprometer mi vida para cambiar este mundo con la fuerza del Evangelio.


Yo estaba muerto por el pecado pero el Espíritu Santo me ha devuelto la vida, por eso no puedo dejar de alabarte y adorarte. Porque cuando todo parecía perdido, tú me hiciste volver a confiar en ti y me llamaste a trabajar por tu Reino. Bendito seas mi Señor y mi Dios, que das la vida a los muertos.



viernes, 13 de marzo de 2026

LA LUZ VENCEDORA

 Oyó Jesús que lo habían expulsado, lo encontró y le dijo: «¿Crees tú en el Hijo del hombre?»
Él contestó: «¿Y quién es, Señor, para que crea en él?»
Jesús le dijo: «Lo estás viendo: el que te está hablando, ése es.»
Él dijo: «Creo, Señor.» Y se postró ante él. (Jn 9,35-38)

Cristo es la luz del mundo y nos ha llenado de esa luz para que vivamos la vida como hijos de la luz. San Pablo anima a los fieles a vivir con las armas de la luz: la justicia, la verdad, el amor… así es como se destruyen las tinieblas de la mentira o de la injusticia, del odio o la violencia. Es el bien que vence al mal.

Veamos cómo el evangelio nos presenta a Cristo como la luz del mundo.

El ciego de nacimiento nunca ha visto la luz, está en las tinieblas desde siempre. Los mismos discípulos del Señor consideran que esto es fruto del pecado, pero Jesús va a demostrar que él es la luz del mundo y mostrará la obra de Dios. Esto es lo que anuncia cuando le devuelve la vista al ciego. Pero en este momento empieza la batalla.

Están los que rechazan a Jesús, son los hijos de las tinieblas: la luz brilla en las tinieblas pero las tinieblas no la recibieron, decía el prólogo del evangelio de Juan. Como vemos los fariseos no están dispuestos a aceptar a Jesús aunque hayan visto un milagro.

Pero el ciego de nacimiento va siendo iluminado de forma gradual: primero ve a Jesús como un hombre que le ha devuelto la vista, después cree que es un profeta, que viene de Dios y finalmente ante la pregunta de Jesús se postra ante él y le dice que cree en él.

Frente a los verdaderos ciegos, que se creen que ven y persisten en su pecado, el ciego de nacimiento ha recibido la luz plenamente porque ha reconocido a Jesucristo como el Salvador: el Hijo del Hombre.


Pienso en todas las dudas, en la oscuridad que cada uno podríamos estar viviendo ante los problemas del mundo, de la iglesia o de cada uno personalmente. Ciertamente hay mucho mal, muchas injusticias, mucha mentira y violencia, mucho desamor… 

San Pablo dice: despierta tú que duermes, levántate de entre los muertos y Cristo será tu luz. 

Yo pienso que estas palabras son una llamada a la acción. Estar dormido es estar esperando pasivamente que todos los problemas se solucionen y terminen por su cuenta y hay que despertarse. Incluso dice: levántate de entre los muertos; porque cuando estamos en esta pasividad estamos como los muertos, que ya no hacen nada ni cambian nada. 

Ante esta llamada lo que vemos es que no podemos cambiar las cosas. La guerra sigue adelante y yo no puedo convencer a unos y otros para que la paren, las divisiones de la Iglesia no dependen de mí y no soy nadie para frenarlas, mis propios pecados, mis propios problemas me superan también y me ponen ante mi fracaso personal. Estoy en las tinieblas.

Pero Pablo dice: Cristo será tu luz. No soy yo, es Cristo quien me llena de luz, es Cristo quien ilumina el mundo. Nos pide que creamos en él: ¿Crees tú en el Hijo del Hombre?

Es la pregunta de hoy para cada uno de nosotros. En medio de tantas tinieblas, en medio de tu propia incapacidad y de tus fracasos… ¿Crees en Jesucristo? 

Miremos al ciego sanado del evangelio. Sus padres no lo defendieron, los judíos lo expulsaron de la sinagoga y tiene delante a Jesucristo preguntándole si cree en él. Y frente a todo lo negativo que estaba viviendo encontró la luz y se postró y dijo: Creo Señor.

La luz será también uno de los signos llamativos en la noche de Pascua. Cantaremos ante el cirio que ilumina el templo a oscuras. Reconoceremos a Cristo resucitado como la luz que vence a las tinieblas.

Tal vez los hechos nos lo ponen muy difícil, pero ahí está la fuerza de la fe. 


Tú eres mi luz y así también mi esperanza, Señor. Cuando estoy cerca de ti y tu Palabra me instruye no tengo miedo ya. Nada me inquieta porque sé que he confiado en ti y tú no me fallas nunca. Por eso mi boca canta tu alabanza por siempre.


viernes, 6 de marzo de 2026

AGUA VIVA

 El que bebe de esta agua vuelve a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré nunca más tendrá sed: el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna. (Jn 4,13-14)

La sed representa todas las cosas que necesitamos, sobre todo las grandes causas. Necesitamos la paz en este mundo convulso, lleno de violencia y de injusticias. En estos días todos estamos con la respiración contenida ante la guerra que nos va a traer consecuencias terribles, y que está causando mucho sufrimiento a los inocentes. La paz es la sed que tenemos.

Tenemos sed de vida: la muerte, la enfermedad, son también situaciones que nos hacen sufrir. Tenemos sed de vida. Queremos vivir y no sufrir. La vida y la salud son también la sed que tenemos.

Tenemos sed de santidad: el pecado del mundo y nuestros propios pecados nos enfrentan a nuestra miseria personal, vemos lo poco que somos y lo fácilmente que caemos en el mal y lo difícil que nos resulta comprometernos con el bien. La santidad es también la sed profunda que tenemos.

Podemos pensar también en otras inquietudes profundas: la verdad, el amor, la alegría y la felicidad. Nuestra sed es muy profunda y el agua normal no puede saciarla. Pero Jesús nos ofrece el agua viva, el agua que brota dentro de nosotros mismos y nos lleva a la vida eterna. Esta agua nos sacia definitivamente y ya no volvemos a tener sed.



Conocer a Jesucristo es alcanzar el agua viva. Su persona y su mensaje nos van llenando el corazón de vida y de fe.

Jesús le ofrece a la Samaritana el agua viva. Cuando ella ha conocido a Jesús como el Mesías se deja el cántaro, porque ya no lo necesita. El agua viva es él mismo. Es el evangelio. 

¿Es esto verdad? Tal vez podemos sentirnos defraudados de Dios, porque nuestra fe no va a parar la guerra ni va a terminar con el hambre del mundo. ¿Está o no está el Señor con nosotros? Ésta era la pregunta que se hacían los israelitas en el desierto y creo que sigue en nuestro interior. Las palabras del Evangelio nos dan ánimo pero la realidad se impone y no vemos un cambio como nos gustaría.

Pablo predicó también el Evangelio y animó a los creyentes en tiempos muy difíciles, cuando se enfrentaban a la cárcel y al martirio. Pero, en medio de todas estas pruebas, creyeron y su fe fue para ellos agua viva que brotó desde dentro y los llevó a la vida eterna. Fue la esperanza que no defrauda. Su fe los comprometió a vivir desde Jesucristo, a poner en el mundo la semilla del amor fraterno y llevar la luz en medio de las tinieblas.

Sí, Jesucristo es el agua viva y quien la bebe no vuelve a tener sed.


Tú calmas mi sed, Señor. Me haces comprometerme en la transformación del mundo viviendo el amor, me das la esperanza en la vida eterna y me limpias los pecados para devolverme la santidad original. Bendito seas por siempre.