En verdad, en verdad os digo: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aun mayores, porque yo me voy al Padre. (Jn 14,12)
Hay muchas cosas que turban nuestro corazón, no lo voy a negar. Yo también estoy preocupado por todo lo que está pasando no sólo en el mundo sino en mí mismo.
Jesús siempre nos llama a no tener miedo, él está con nosotros y sabe muy bien lo que nos tiene preparado.
Nuestro Señor está vivo y nos precede para que alcancemos su propia gloria.
Él es el camino, la verdad y la vida. Vamos a acercarnos de nuevo a su persona para seguir sus pasos. Sin miedo ni turbación. Si él fue rechazado también nos tocará vivir el rechazo, si se burlaron de él también tendremos que saber aceptar la burla o la humillación. Pero no podemos elegir otro camino porque él es el camino.
El camino de santidad que nos propone es muy exigente. No basta con ser buenas personas, no basta con no hacer daño a los demás. Esto está bien, pero Jesucristo nos propone entrar en el camino que es él. Éste es un camino de obediencia a Dios Padre, de estar en comunión, es decir de estar unidos fuertemente a él. Por eso necesitamos la oración y los sacramentos, además de ser buenos y luchar con el pecado.
Es un camino de compromiso verdadero por el amor, la paz y la verdad, que nos puede costar muchos problemas. Por esto mismo no nos conformamos con no hacer daño sino que nos sentimos llamados a cambiar el mundo y a enfrentarnos a las fuerzas del mal.
Frente a la mentira y la cultura de la muerte tenemos un compromiso con la verdad y la vida. Estamos llamados a construir un mundo de hermanos.
Frente al materialismo y al olvido de Dios tenemos un compromiso de vida espiritual y de oración auténtica que nos mueve a la alabanza y a la adoración, porque sin él no podemos hacer nada. Pero si creemos en él haremos también obras grandes: las obras que él hace.
Que no se turbe nuestro corazón porque Jesús está con nosotros y nos espera la Resurrección y la gloria junto a él.
Te alabo mi Señor porque tú eres grande y has mostrado tu poder y tu grandeza haciéndote pequeño y obediente. Te adoro, Señor Jesucristo, porque sólo tú eres Santo y fuente de toda santidad y perfección. Tú eres el camino y necesito seguirte, tú eres la verdad y necesito conocerte y tú eres la vida y te necesito para vivir en plenitud. Bendito seas, mi Señor.
