sábado, 26 de septiembre de 2026

LA DELANTERA EN EL REINO DE DIOS

 «Os aseguro que los publicanos y las prostitutas os llevan la delantera en el camino del reino de Dios. Porque vino Juan a vosotros enseñándoos el camino de la justicia, y no le creísteis; en cambio, los publicanos y prostitutas le creyeron. Y, aun después de ver esto, vosotros no recapacitasteis ni le creísteis.» (Mt 21,31-32)

Seguimos con las palabras provocadoras de Jesús. Con una parábola muy sencilla hace ver que lo que importa no son las apariencias sino los hechos. El hijo educado no ha hecho lo que el padre quería mientras que, el que dijo no, sí lo hizo, porque recapacitó, se arrepintió.

Para los que pensaban que eran puros y santos esto es una llamada de atención. No basta con quedar bien y dar buena imagen, cumpliendo ritos y tradiciones, sino que hay que hacer de verdad la voluntad de Dios. 

Ya los profetas habían anunciado que el culto verdadero no son los ritos sino el amor al prójimo, la compasión por el pobre, la justicia, la verdad.


Cuando miramos con sinceridad nuestra vida descubrimos que no está todo limpio en nosotros. Seamos sinceros. Todavía nos falta mucha fe, mucho amor a Dios y mucho amor al prójimo. Todavía tenemos muchas ambiciones y mucho materialismo. En esto cada uno puede mirar a su interior y comprobarlo.

Pero, no hay que desanimarse, siempre hay una posibilidad de conversión. Cuando reconocemos que hemos caído tenemos la oportunidad de levantarnos de nuevo.

El hijo que dijo que no iba recapacitó, se arrepintió, y fue. Los publicanos y las prostitutas sintieron fuerte la llamada a la santidad que hacía Juan Bautista. Estaban alejados de Dios y de sus mandamientos pero, por las palabras de Juan, se arrepintieron.

En mi vida he tenido la posibilidad de conocer a personas que han sentido una fuerte llamada a la conversión y esto me ha hecho recapacitar y darle gloria a Dios porque no deja de buscar al pecador para salvarlo.
Yo también tengo la oportunidad de arrepentirme, de ver todo lo que hay malo en mí para sanarlo y pedir perdón y emprender una vez más la vida siguiendo a mi Maestro y Señor Jesucristo. Cada día hay una llamada a la conversión, porque siempre hay algo más que sanar.

La Iglesia nos ofrece la oportunidad de volver a empezar con el sacramento de la penitencia. No desaprovechemos esta oportunidad. Es todo un don de Dios sentir que los pecados han quedado perdonados y que se nos ha devuelto la santidad primera. Y, como todo sacramento, nos concede también la gracia para fortalecernos y seguir luchando contra el pecado.


Bendito seas, Señor, por tu misericordia conmigo. Tú has sanado mi alma de los pecados y me has llenado de tu luz. Siento tu llamada y quiero buscar siempre tu voluntad para que toda mi vida sea una alabanza.


sábado, 19 de septiembre de 2026

LOS ÚLTIMOS Y LOS PRIMEROS

 «Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?» Así, los últimos serán los primeros y los primeros los últimos.» (Mt 20,13-16)


En muchas parábolas de Jesús encontramos una provocación, que pretende dejarnos pensativos. Ésta es una de ellas. Si lo pensamos bien, también nosotros diríamos que no es justo que todos reciban el mismo jornal. Y ahí es donde quiere que pensemos y tratemos de comprender cómo es Dios y en qué consiste la justicia divina.

El Señor se enfrentaba constantemente con la mentalidad de los fariseos que lo criticaban por tener trato con pecadores. En este contexto podemos entender el sentido de la parábola. 

Para los fariseos la justicia de Dios tendría que ser el castigo a los pecadores, porque ellos se consideran los justos y merecen el premio. Pero Jesucristo nos quiere hacer ver las cosas según Dios. Los caminos de Dios son más altos que los nuestros, porque su mirada lo abarca todo en el tiempo y en el espacio. Dios sabe muy bien lo que hace y lo que quiere. 


La justicia de Dios no se basa en el mérito sino en la misericordia. Dios no nos dará lo que merecemos sino lo que necesitamos. Aquel patrón pagó a cada uno un denario porque es lo que necesitaban para alimentar a su familia, no porque lo hubieran merecido por sus horas trabajadas.

Esto no es motivo de envidia ni de protesta. Al contrario, es motivo de alegría al saber que seremos juzgados con misericordia porque Dios querrá recompensarnos a todos con la felicidad total: Estar con Cristo que es lo mejor. 

Por otro lado, si lo miramos desde el amor, haber estado trabajando en la viña del Señor es un regalo, haber estado con Cristo desde la primera hora ha sido un privilegio, porque estar con Él es lo mejor.


Tengo que darte gracias por haberme llamado y haberme convertido en un trabajador de tu viña. Conocerte y darte a conocer, estudiar tus palabras y ponerlas en práctica, llevar a todos la Buena Noticia sigue siendo para mí el mayor de los privilegios que puede tener un hombre. Alabado seas, Señor Jesucristo porque tú eres mi salario y tu evangelio es mi paga.


sábado, 12 de septiembre de 2026

SETENTA VECES SIETE

 ¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo pediste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?» Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda. Lo mismo hará con vosotros mi Padre del cielo, si cada cual no perdona de corazón a su hermano. (Mt 18,32-35)


Llevamos varios domingos reflexionando sobre las palabras de Jesús a los discípulos sobre la vida en común. Su enseñanza es siempre de gran provecho para todos, creyentes o no, porque nos pone los cimientos de la buena convivencia. Recordemos cómo nos hablaba de la corrección fraterna y del poder de la oración en común. Hoy toca aprender también el poder del perdón y la necesidad de perdonar siempre: hasta setenta veces siete. Sin el perdón no se puede construir la comunidad, porque si las ofensas están permanentemente en nuestro corazón jamás encontraremos la paz. Siempre habrá algo que reprochar y nunca podremos ser hermanos. El perdón es fundamental porque es la oportunidad de volver a empezar y hacer que el amor triunfe.

Es bueno que miremos con amplitud. Que consideremos que después de esta vida temporal nos espera la vida eterna y que tendremos que comparecer ante Dios. Como dice Pablo: en la vida y en la muerte somos del Señor. 


Al pensar así tenemos que ver cómo queremos ser tratados por Dios. Si queremos que Dios tenga misericordia también nosotros tenemos que obrar en esta vida con misericordia,  si queremos que Dios atienda nuestra oración también nosotros tendremos que atender la súplica de nuestro prójimo, si queremos que Dios perdone nuestros pecados también nosotros tendremos que perdonar las ofensas. Trata a los demás como tú quieres que te traten a ti.

Si seguimos ahondando en nuestra reflexión podremos entender que ya Dios nos ha dado muestras de su amor y de su gracia para con nosotros: nos ha enviado a Cristo para redimirnos del pecado y devolvernos la libertad, nos ha querido convertir en sus hijos amados y quiere darnos por herencia su Reino.

El reconocimiento de este don de Dios nos mueve, pues, a actuar con los hermanos generosamente. No sólo pensando en el juicio futuro sino como una respuesta agradecida a todo lo que hemos recibido.


¡Qué admirable es tu amor por nosotros! Nunca habría podido el hombre imaginar tanta ternura y caridad de tu parte, Padre de amor y bondad. Para rescatar al esclavo entregaste al Hijo. No podríamos seguir viviendo si tú no hubieses actuado en nuestro favor. Por eso te adoramos y cantamos continuamente tu alabanza. Te cantaré mientras viva y seguiré alabándote después de esta vida mortal.


sábado, 5 de septiembre de 2026

CORRECCIÓN FRATERNA

 Si tu hermano peca, repréndelo a solas entre los dos. Si te hace caso, has salvado a tu hermano. (Mt 18,15)


El evangelio nos habla de la necesidad de la corrección fraterna. Me parece interesante reflexionar sobre esto, porque se puede prestar a confusiones. Esto no tiene nada que ver con lo de decir las cosas en la cara. La corrección fraterna no busca humillar al hermano que peca ni dejarlo en evidencia sino que busca ayudar a corregir una conducta mala. Lo que se busca es el bien, la salvación del hermano.

A la hora de entender estas palabras del Señor es bueno que recordemos otras como aquello de quitarse primero la viga del ojo para poder quitar la mota al hermano.


San Pablo nos recuerda que el amor es el centro de toda la ley. Por eso dice que no debamos a nadie más que amor porque el que ama ha cumplido toda la ley. Así me parece a mí que tenemos que entender también el sentido de la corrección. El amor es lo que tiene que mover todas nuestras acciones. Si nos movemos por el amor no caeremos en la crítica despiadada sino que buscaremos positivamente el bien del otro. Del mismo modo, pienso yo, que esta actitud nos tiene que preparar para aceptar también la corrección que se nos haga a nosotros buscando nuestro bien, nuestro crecimiento espiritual.


Señor Jesucristo corrígeme con tu misericordia de todos mis pecados y ayúdame a superarlos. Yo deseo estar siempre cerca de ti. Quita de mí todo lo que estorba y allana mi camino. Bendito seas mi Señor.