sábado, 3 de octubre de 2026

ENTREGANDO LOS FRUTOS

 Y Jesús les dice: «¿No habéis leído nunca en la Escritura: «La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente?» Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos.» (Mt 21,42-43)


De nuevo tenemos una parábola que nos hace pensar. Por una parte entendemos que está narrando la historia de la salvación. Vemos que la viña es Israel y el propietario es Dios, que ha enviado a los profetas y finalmente a su propio Hijo y que el Hijo ha sido sacado fuera y asesinado. Es una parábola que no nos deja indiferentes.

Los que escuchaban esta historia de labios de Jesús no podían saber todo esto y yo creo que lo entendieron como un relato, que sin duda les causó mucha indignación con aquellos viñadores homicidas. Por eso respondieron que el dueño de la viña los haría morir de mala muerte y buscaría a otros.

Así Jesús les explica que ellos son los viñadores homicidas por haber rechazado a los profetas y al Mesías.


Ahora bien, del mismo modo tenemos que aplicarnos nosotros esta parábola. No sirve de nada que nos indignemos con los personajes del relato o que señalemos a los que llevaron a Cristo a la cruz. Es una llamada a cada uno de nosotros y a nuestra Iglesia.

Ahora somos nosotros la viña querida del Señor, somos nosotros los que tenemos que responder y entregar los frutos de amor y justicia. 

Dios nos ha cuidado con esmero. Pensemos en todo lo que hemos recibido, pensemos en la Eucaristía que celebramos y en el sacrificio de Cristo que se hace presente. Pensemos en el evangelio que se anuncia. Pensemos en el perdón de nuestros pecados y en todas las oraciones que han sido acogidas. En la ternura que nos muestra. Podemos recordar muchos momentos en los que hemos experimentado lo que Dios ha ido haciendo con nosotros para que podamos dar el fruto necesario. 

Por eso hemos de sentir también el reproche de nuestro Señor cuando hemos caído en el pecado, cuando nos hemos dejado llevar del egoísmo o de la ira, cuando no hemos sido puros y santos. Insisto en que todo pecado tenemos que verlo como grave porque Dios se merece una respuesta agradecida.

La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular: nos deja el Señor también una frase del Antiguo Testamento para que reflexionemos. Ciertamente, los caminos de Dios son muy diferentes de los nuestros.


Quiero alabarte Señor Jesucristo porque tú has cuidado de mí y lo has dado todo por salvarme. Quiero que mi alabanza sea una respuesta agradecida por todo lo que has hecho por mí. Mi alabanza no es sólo un canto sino una vida entregada por amor. Bendito seas Señor, porque así es como tú has hecho por nosotros.