sábado, 29 de agosto de 2026

SEGUIR A JESUCRISTO

 El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Si uno quiere salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí la encontrará. ¿De qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero, si arruina su vida? (Mt 16,24-26)


Tenemos aquí la invitación de Jesús a seguirlo. Sin duda, es una invitación muy radical, no nos promete una vida feliz y sin problemas sino todo lo contrario: habla de cargar con la cruz.

Vamos a tratar de comprender el sentido profundo de esta llamada tan radical.

Nuestros pensamientos humanos buscan el éxito y el bienestar, pero Dios tiene una mirada mucho más alta. Si pensamos como los hombres trataremos de evitar los conflictos pero si pensamos como Dios miraremos más alto. Dios quiere la salvación de todos. Para que esto suceda tiene que triunfar el amor sobre el odio. Es como una batalla que hay, en medio de nosotros, entre el bien y el mal, entre Dios y el diablo. El amor triunfa cuando está dispuesto a entregar la vida y no se deja llevar por el odio o el rencor. 


Ahí tiene sentido la llamada de Jesucristo: negarse a sí mismo, es decir, no buscar lo que yo quiero sino lo que Dios quiere, lo que es más útil para mis hermanos. Es dejar que Dios ocupe todo mi ser: mis pensamientos, mi voluntad, mis afectos.

Cargar con la cruz, es decir, aceptar el sufrimiento que viene por la fidelidad a Dios y a su Reino.

Seguir a Jesucristo, lo que significa conocerlo de cerca, escuchar y aprender todo lo que nos enseña y meditar todos los momentos de su vida que son toda una lección.

En esta llamada también hay una promesa de futuro, para la otra vida. El Señor vendrá con poder al final de los tiempos y daremos cuenta ante él de lo que hayamos hecho. Cuando llegue el momento definitivo habremos salvado de verdad la vida.


Señor Jesucristo, tú eres el modelo a seguir en toda mi vida. Quiero conocerte para amar al Padre como tú lo amas, para dejarme llevar como tú de los impulsos del Espíritu Santo, para aceptar como tú la cruz y entregar como tú la vida para el bien de la humanidad. Gracias por todo lo que has hecho y sigues haciendo. Bendito y alabado seas por siempre.


viernes, 21 de agosto de 2026

ATAR Y DESATAR

  Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo. (Mt 16,18-19)

Tenemos en la actualidad ciertos grupos de personas que se dicen católicos pero que no aceptan la autoridad del Papa. Ha sucedido con el papa Francisco y lamentablemente pudimos oír a cardenales que mostraban su rechazo a las decisiones del papa. Ahora parece que todo está más tranquilo pero sigue habiendo una oposición al papa León, en el fondo de este rechazo está el concilio Vaticano II, que algunos sectores muy conservadores se niegan a aceptar. Ya tuvimos la triste noticia del cisma por parte de la fraternidad de San Pío X.

En otros casos son videntes que aseguran que la Virgen María les ha revelado algo contrario a las decisiones del pontífice.


Yo creo que el Evangelio de hoy es claro. Jesucristo ha entregado el poder a Pedro y a sus sucesores. Por una parte ese poder significa que tiene toda la autoridad para atar y desatar. Este poder se lo ha dado a Pedro y no a otra persona, por muy santa que sea.

No cabe duda de que el papa es un ser humano y por lo tanto es imperfecto y también es un pecador. No vamos a olvidar que Pedro también negó a Jesucristo en el momento de la pasión. No obstante, el Señor siguió confiando en él.

No podemos hacer cada uno nuestra propia iglesia particular, el principio de la unidad de la Iglesia Católica es la figura del papa y la obediencia a su magisterio. 

A pesar de los fallos humanos que pueda tener como persona imperfecta, su magisterio tiene siempre una valiosa enseñanza para nosotros y es importante tenerla en cuenta.


Señor Jesús, hoy te pido por el papa León XIV para que tú lo asistas, según le prometiste a Pedro. Y a nosotros concédenos valorar su ministerio.


sábado, 15 de agosto de 2026

UNA FE MUY GRANDE

 Jesús le respondió: «Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas.»

En aquel momento quedó curada su hija. (Mt 15,28)


Tenemos un episodio desconcertante de Jesucristo. Al principio da la sensación de que es indiferente al drama que está viviendo esta mujer cananea. Pero al final queda todo aclarado.

Jesús ha puesto a prueba la fe de aquella mujer para que sirva de ejemplo a sus discípulos. A ellos les está reprochando constantemente su falta de fe. Sin embargo, a la mujer cananea, después de toda esta prueba le alaba la fe tan grande que ha tenido. Se ha puesto en valor su constancia y su empeño, al decir que al menos le deje las migajas.


El testimonio de la cananea nos hace una llamada a tener también fe y constancia.

Creo que con frecuencia tenemos la sensación de que Dios no se está preocupando de nuestros problemas, aunque le pedimos con insistencia. No obstante, tenemos que seguir suplicando con humildad y constancia. Nuestra fe se pone a prueba y no podemos dejar de confiar porque él mismo nos ha dicho que lo hagamos. Nos dice incluso que seamos importunos.

También creo que tenemos que aprender a agradecer a Dios todo lo que nos concede, incluso más de lo que le pedimos.


Hoy te suplico, Señor, por todas las personas que se encomiendan a mi oración y necesitan ser sanadas y liberadas por ti. Quiero ser paciente y confiar, mientras tanto seguiré insistentemente esperando tu respuesta. Bendito seas, alabado seas porque tú eres mi verdadero Señor y Salvador.


sábado, 8 de agosto de 2026

CAMINAR SOBRE LAS AGUAS

Pedro le contestó: «Señor, si eres tú, mándame ir hacia ti andando sobre el agua.»
Él le dijo: «Ven.»
Pedro bajó de la barca y echó a andar sobre el agua, acercándose a Jesús; pero, al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, empezó a hundirse y gritó: «Señor, sálvame.»
En seguida Jesús extendió la mano, lo agarró y le dijo: «¡Qué poca fe! ¿Por qué has dudado?» En cuanto subieron a la barca, amainó el viento. (Mt 14,28-31)


Mientras Jesús está orando en el monte los discípulos se han quedado solos en la barca y las olas y el viento la hacen tambalearse.

Sin duda el evangelista nos está contando lo que vivieron los discípulos pero también es cierto que podemos encontrar en este hecho un signo de nuestros miedos. Posiblemente nos gustaría tener siempre a la vista al Señor para poder decirle directamente lo que sentimos o preguntarle lo que tenemos que hacer. Pero tenemos más bien  la sensación de su ausencia. 

La barca sacudida por las olas es nuestra iglesia, con sus defectos humanos y sus divisiones, o con la mediocridad y la falta de testimonio ante el mundo. También puede ser nuestra vida personal con los problemas que se nos presentan, las dudas, la enfermedad o el sentimiento de fracaso. Sentimos que Jesús está ausente, pero no es así, él nos prometió estar hasta el fin de los tiempos.

Hay unas palabras consoladoras: "Ánimo, soy yo, no temáis".

Otra escena interesante es el milagro de caminar sobre las aguas. Jesucristo domina la naturaleza y puede hacer lo que parece imposible. Pedro le pide hacer lo mismo y el Señor se lo concede, pero hay que tener mucha fe para que funcione.


Es también una imagen de la misión que el Señor quiere que saquemos adelante. Proclamar el Reino de Dios, curar enfermos, amar incluso a los enemigos… Y sin medios materiales, sólo con la confianza en su Palabra, es como pedirnos que caminemos sobre el agua. Ciertamente se puede conseguir cuando se tiene mucha fe.

La imagen de Pedro que se hunde y le pide socorro al Señor es también como una llamada a la confianza en Jesús siempre. Porque nunca nos faltará su mano tendida en medio del peligro.


Señor Jesús eres admirable en todo lo que haces. Yo te admiro al contemplarte cuando estás orando, consciente de tu misión como Salvador del mundo y unido siempre al Padre y al Espíritu Santo. Te admiro por tu poder divino de caminar sobre el agua y de dominar las fuerzas de la naturaleza. Te admiro y te alabo por tu amor y tu cercanía a todos los que te invocamos suplicando tu ayuda. Auméntanos la fe, Señor.