Estos dos mandamientos sostienen la Ley entera y los profetas. (Mt 22,40)
De nuevo una pregunta malintencionada le da al Señor la posibilidad de darnos una gran enseñanza.
El mandamiento principal era el amor a Dios con todo el corazón, así lo habían aprendido los judíos y así lo recitaban cada día siguiendo el mandato de Moisés.
Tal vez los fariseos se sorprendían de ver que Jesucristo se entregaba a los demás, a los pobres, a los enfermos y hasta se relacionaba sin problema con los pecadores. Además no dudaba en saltarse el sábado para curar a un enfermo.
Por eso le hicieron la pregunta para probarlo. Y Jesús, como siempre, les da una respuesta que es toda una gran enseñanza para todos.
El amor a Dios es el mandamiento principal pero el amor al prójimo también lo es, es semejante al primero. Y termina haciéndonos ver que en estos dos mandamientos se contiene toda la ley y los profetas, toda la enseñanza de la Sagrada Escritura.
Veamos cómo esto nos está llevando al compromiso máximo con los demás. Jesucristo nos invita al amor que no se puede conformar con evitar hacer daño al prójimo sino que busca hacer siempre el mayor bien posible. No basta con no matar sino que hay que llegar a dar la vida por el hermano. Cuando llegue el juicio final se nos habrá preguntado por el amor que tuvimos.
Miremos el mundo en qué vivimos y veremos que hay mucha violencia y mucho odio a nuestro alrededor, muchas injusticias, mucho sufrimiento. En medio de todo esto estamos sintiendo una llamada a vivir el amor a Dios que se demuestra en el amor al prójimo. El papa Francisco nos invitó a hacer la revolución de la ternura. Creo que sigue siendo una hermosa propuesta para nuestro tiempo.
Que se note que somos discípulos de Jesucristo porque en nosotros sólo hay palabras de consuelo y esperanza, nunca de ofensa o de humillación, porque nuestras acciones sólo buscan servir y dar y contribuir al bienestar y la alegría de todos. Estos son nuestros dos mandamientos y la enseñanza de la Iglesia para siempre.
Bendito seas, Señor Jesucristo, porque tú nos has amado primero y lo has dado todo por nosotros. Te alabamos y te amamos sobre todas la cosas y obedecemos tus mandamientos siguiendo el ejemplo que nos has dejado y convirtiéndonos en servidores de los pobres.

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