Bienaventurados seréis cuando os injurien, y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos; pues de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a vosotros. (Mt 5,11-12)
De nuevo hemos tenido que vivir una tragedia y, como siempre, vemos lo mejor y lo peor del ser humano. Yo quiero quedarme con todo lo bueno que ha salido a la luz. Ante hechos trágicos aparecen muchas personas decididas a ayudar y darlo todo por el bien de los demás. Para ellos también son las Bienaventuranzas.
Bienaventuranza significa alegría. Tenemos un mensaje de alegría en medio de tantos sufrimientos y noticias tristes. Es una alegría que nos hace mirar al futuro definitivo.
Mientras estamos en este mundo material nos vemos muchas veces sumergidos en el dolor y la tristeza, o en el miedo y la preocupación. Porque el pecado está ahí con sus consecuencias.
Pero el mensaje de la Bienaventuranzas nos pide que miremos de otra forma lo que hay a nuestro alrededor. Entonces encontramos que, en medio de la violencia hay muchas personas trabajando por la paz aunque les cueste la vida, o que en la pobreza hay también deseos de compartir y dar lo que se tiene. Es verdad que esto está sucediendo. Nos llegan noticias de maldades y pecados pero sabemos que también hay mucho amor y mucho sacrificio por un mundo mejor.
Las Bienaventuranzas también nos hacen mirar a Dios. Todo el bien que se hace viene de Dios. Toda la fuerza y todo el amor que se entrega es fruto del encuentro y la amistad con el Señor que nos ha amado primero. Y al final Dios premiará y llevará a plenitud todo el bien que se ha hecho en esta vida.
Las Bienaventuranzas son la fotografía de Jesucristo. Ciertamente él ha vivido así toda su vida y nos ha enseñado con su ejemplo la fuerza de dar la vida por amor a Dios y al prójimo.
Dios nos ha querido llamar Hijos, y nos tiene reservado algo todavía mayor que se revelará cuando llegue el momento. Miremos al Hijo amado, a Jesucristo para seguir su ejemplo de santidad y esperemos con él la recompensa final.
Tú eres el Santo, el único Santo. A ti te aclamamos y te adoramos, Señor Dios, Padre misericordioso, Hijo obediente, Espíritu Santo santificador. La gloria y la alabanza a ti por siempre.

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