sábado, 19 de septiembre de 2026

LOS ÚLTIMOS Y LOS PRIMEROS

 «Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?» Así, los últimos serán los primeros y los primeros los últimos.» (Mt 20,13-16)


En muchas parábolas de Jesús encontramos una provocación, que pretende dejarnos pensativos. Ésta es una de ellas. Si lo pensamos bien, también nosotros diríamos que no es justo que todos reciban el mismo jornal. Y ahí es donde quiere que pensemos y tratemos de comprender cómo es Dios y en qué consiste la justicia divina.

El Señor se enfrentaba constantemente con la mentalidad de los fariseos que lo criticaban por tener trato con pecadores. En este contexto podemos entender el sentido de la parábola. 

Para los fariseos la justicia de Dios tendría que ser el castigo a los pecadores, porque ellos se consideran los justos y merecen el premio. Pero Jesucristo nos quiere hacer ver las cosas según Dios. Los caminos de Dios son más altos que los nuestros, porque su mirada lo abarca todo en el tiempo y en el espacio. Dios sabe muy bien lo que hace y lo que quiere. 


La justicia de Dios no se basa en el mérito sino en la misericordia. Dios no nos dará lo que merecemos sino lo que necesitamos. Aquel patrón pagó a cada uno un denario porque es lo que necesitaban para alimentar a su familia, no porque lo hubieran merecido por sus horas trabajadas.

Esto no es motivo de envidia ni de protesta. Al contrario, es motivo de alegría al saber que seremos juzgados con misericordia porque Dios querrá recompensarnos a todos con la felicidad total: Estar con Cristo que es lo mejor. 

Por otro lado, si lo miramos desde el amor, haber estado trabajando en la viña del Señor es un regalo, haber estado con Cristo desde la primera hora ha sido un privilegio, porque estar con Él es lo mejor.


Tengo que darte gracias por haberme llamado y haberme convertido en un trabajador de tu viña. Conocerte y darte a conocer, estudiar tus palabras y ponerlas en práctica, llevar a todos la Buena Noticia sigue siendo para mí el mayor de los privilegios que puede tener un hombre. Alabado seas, Señor Jesucristo porque tú eres mi salario y tu evangelio es mi paga.


1 comentario:

  1. Señor Jesucristo, gracias por haber puesto en mi camino a esas personas que tú sabes y me han sabido conducir hasta tí.
    No sé si lo he hecho bien con las que tú me has puesto en mi camino , pero he procurado servirlas y entregarme de corazón hasta el extremo. Que no caiga en tentación y gracias por todo lo que me has dado

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