viernes, 31 de julio de 2026

LOS PANES Y LOS PECES

  Mandó a la gente que se recostara en la hierba y, tomando los cinco panes y los dos peces, alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos; los discípulos se los dieron a la gente. (Mt 14,19) 


Jesucristo había enseñado a sus discípulos a hacerse pequeños y servidores de todos. Lo hacía con gran autoridad, porque él mismo no ha venido a ser servido sino a servir y a dar su vida. El Señor Jesús ha dado su vida por los pobres en cada circunstancia. Así lo vamos viendo en el Evangelio. Él no se centra en sí mismo y en sus problemas sino que está siempre dispuesto cuando alguien lo necesita.

Así nos sorprende cómo se siente impactado por la muerte de Juan Bautista, necesita retirarse ante un hecho tan dramático. La muerte de San Juan es un anuncio también de su propia muerte. Tiene que estar preparado porque él ha venido a dar la vida.


Pero la gente lo busca, lo necesita y por eso renuncia a su retiro y se pone al servicio de aquel gentío y los cura y los libera de sus males.

El culmen de este encuentro es la multiplicación de los panes. 

Los gestos de Jesús nos están llevando a la Eucaristía: toma el pan, pronuncia la bendición y se lo da a los discípulos para que lo repartan.

En la Eucaristía tenemos a Jesucristo entregando su vida por nosotros. A través del sacerdote, Jesús en persona nos da a comer su propio cuerpo y también nos sigue sanando y liberando.

La Eucaristía es por eso una invitación también a darnos, como Jesús, a los pobres. “Dadles vosotros de comer”, les dijo a los discípulos. Esto significa que hay que darse como Jesús. Se nos propone emprender un camino de despojarnos de nosotros, de dejar de lado nuestras preocupaciones para centrarnos en dar lo que somos y tenemos. Jesucristo lo multiplica y hace que todos queden saciados.


Gloria a ti Señor Jesús. Tú nos alimentas con tu vida. Nos ayudas a descubrir el valor de tu Palabra, nos llevas al Padre y nos envías el Espíritu Santo. Y has llegado al extremo de hacerte buen pan para que podamos comerte y tenerte siempre con nosotros.

Hazme buen pan, Señor, con mi oración y mi entrega, con mi dedicación y mi estudio, con mi amor por tu pueblo santo.


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