sábado, 5 de marzo de 2022

JESÚS Y EL DEMONIO

Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán y durante cuarenta días, el Espíritu lo fue llevando por el desierto, mientras era tentado por el diablo. (Lc 4,1-2)

    Este domingo aparece en el evangelio el demonio con un gran protagonismo. Se ha atrevido incluso a tentar al mismo Cristo, a Dios hecho hombre.

Jesús ha ido al desierto impulsado por el Espíritu Santo que vino sobre él en el Bautismo del Jordán. Pasa cuarenta días ayunando, se está preparando para la misión que el Padre le ha encargado. Y en este retiro aparece Satanás para ponerlo a prueba. Es la lucha constante que hay que librar entre el plan de Dios y el espíritu de este mundo.

    En la primera y la última tentación pretende hacerle dudar de su condición divina, le dice: Si eres hijo de Dios... Pero Jesús no tiene ningún interés en dialogar con él. Su respuesta es la cita de la escritura para obedecer a Dios. Ni va a convertir las piedras en pan ni va a tentar a Dios para hacer un espectáculo. Con Adán y Eva el diablo logró su propósito, los engañó y consiguió que desobedecieran a Dios y abrieran las puertas al mal. Pero con Jesús ha fracasado, no ha conseguido engañarlo con su palabrería. Jesús no tiene necesidad de demostrarle a Satanás que él es el Hijo de Dios. De hecho a lo largo de su ministerio serán los demonios los que gritarán: tú eres el Hijo de Dios, y se espantarán en su presencia.

    La segunda tentación es la del poder sobre todos los reinos del mundo. Para conseguirlo sólo tiene que postrarse ante él y adorarlo. El diablo dice que todo es suyo y se lo da a quien quiere. Adorar al demonio no es un rito, no es un acto de culto; consiste en usar sus medios, sus armas. Las armas del demonio son la mentira, la violencia, el odio o la manipulación. Pero Jesús será quien de verdad alcance todo el poder mediante las armas de Dios que son el amor, la verdad, la justicia y el bien. Sólo hay que adorar a Dios y de él nos llegará todo bien y toda bendición.


    Las tentaciones de Jesús son una figura también de nuestras tentaciones cotidianas. El diablo quiere engañarnos y hacernos dudar del amor de Dios. La vida nos pone a prueba muchas veces y la fe se tiene que abrir camino en medio de la oscuridad. Tenemos que librar cada día esa batalla entre seguir el espíritu de este mundo o dejarnos modelar por el espíritu de Dios.

    El diablo también nos promete poder y riqueza si lo adoramos. Es la tentación de creer que con la mentira o la manipulación vamos a conseguir algo. Es posible que muchos lo hayan logrado pero a un precio muy alto, porque del mal no puede venir ningún bien, es algo contradictorio.

    La guerra que estamos viviendo en estos días es una señal del poder del maligno. Vemos que hay gente capaz de destruir y de sembrar el terror en el mundo para mantenerse en el poder y vemos también cómo unos y otros hacen sus cálculos al respecto. Mientras tanto muchas vidas humanas se pierden y mucha gente se ve obligada a huir. Esta situación me parece muy claramente como obra de Satanás.

    Pero ¿Qué podemos hacer nosotros? Jesús ha vencido al demonio con la Palabra de Dios sin entrar en discusión con él. Ante la prueba podemos siempre buscar a Dios y apoyar en él nuestra vida y nuestras inquietudes. 


    Señor Jesucristo te doy gracias por poder estar en tu presencia y sentir junto a mí tu mano protectora. No me dejes caer en la tentación, que no me engañe buscando la felicidad en cosas pasajeras, que los problemas no me hagan dudar de tu amor, que no me domine la ambición ni la comodidad sino que esté dispuesto a entregar mi vida por tu Reino.

sábado, 19 de febrero de 2022

AMOR Y BENDICION

Amad a vuestros enemigos, haced el bien y prestad sin esperar nada; tendréis un gran premio y seréis hijos del altísimo, que es bueno con los malvados y desagradecidos. sed compasivos como vuestro padre es compasivo; no juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados; dad, y se os dará: os verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante. La medida que uséis, la usarán con vosotros. (Lc 6,35-38)


    Jesús nos propone una forma de vida que parece imposible. Pero puede mandarnos algo así porque ya lo ha vivido él y nos va a proporcionar los medios sobrenaturales que pueden hacerlo posible.

    El que ha conocido el amor ya no deja lugar en su vida para el odio  o el rencor. Jesús es el amor en persona y así ha vivido toda su existencia.

    Amar, perdonar, dar, ser misericordiosos y todo lo que nos propone en su discurso no es otra cosa que vivir con los sentimientos del mismo Dios, ser como Dios pero en el buen sentido. Lo que hagamos con los demás en esta vida nos estará preparando el premio para la otra, para la vida verdadera y plena.

    Cuando es el amor lo que domina nuestro corazón todos nuestros sentimientos son positivos, porque cuando se ama, hasta las dificultades se hacen más llevaderas; por eso Jesús nos dice que su yugo es llevadero y su carga ligera.

Solemos escuchar a menudo que hay que ser buenos pero no tontos. Es posible que sea un buen consejo, porque el ser buenos no tiene porque significar que nos tengamos que dejar engañar o que tengamos que permitir que abusen de nosotros. Sin embargo, Jesús nos enseña algo impresionante, porque parece que nos esta animando a ser buenos y tontos, a permitir toda clase de abusos. 

  


 Tenemos ejemplos de muchos creyentes que entendieron estas palabras de Jesús de forma radical y lo llevaron a la práctica. Jesús nos ha animado a elegir el camino del bien porque el mal sólo puede venir del maligno. El que es de Cristo tiene que buscar los sentimientos del mismo Cristo y en el sólo hay lugar para el bien, para el amor, la bendición y la oración.

    Como lo bueno viene de Dios podemos esperar de Él una gran recompensa. Una recompensa que tendrá su culmen en la otra vida pero que ya en este mundo también se hará realidad, porque el amor y el bien son por si mismos una recompensa.

    Nos dice también que se  nos medirá con la misma medida con que nosotros midamos y se nos dará todo abundantemente. Por eso Dios actuará con amor y misericordia desbordante si  nosotros hemos sido también misericordiosos con los hermanos.

    Y Jesús nos ha dejado también los sacramentos, sobre todo la Eucaristía, para que recibamos con ellos la fuerza necesaria, el remedio sobrenatural que permita vivir un amor así.

    A menudo escucho muchos mensajes de odio por culpa de las ideologías o de la política, tal vez sea un gran signo, un fuerte testimonio de nuestra parte, el transmitir únicamente mensajes de amor, palabras que animen al bien, a la acogida y a la comprensión del otro, aunque piense distinto o rece a Dios de otra manera.


    Señor Jesucristo, dame tu espíritu y llena mi corazón con el amor que tienes en el tuyo. Entra en mi vida y muéveme a amar como tú para poner en el mundo esta semilla del amor que todo lo transforma y todo lo hace bello y agradable.

sábado, 12 de febrero de 2022

BIENAVENTURADOS

 

Bienaventurados vosotros, cuando os odien los hombres, y os excluyan, y os insulten, y proscriban vuestro nombre como infame, por causa del Hijo del hombre. Alegraos ese día y saltad de gozo, porque vuestra recompensa será grande en el cielo. Eso es lo que hacían vuestros padres con los profetas. (Lc 6,22-23)

 
San Pablo le decía a los Corintios que si nuestra esperanza en Cristo acaba con esta vida somos los hombres más desgraciados. Ciertamente si todo se va a quedar en esta vida podremos pensar que de nada ha servido ser fiel al Evangelio, que a muchas personas buenas les ha tocado vivir con muchos desprecios y sufrimientos y no han tenido nunca grandes alegrías mientras que por el contrario a muchas personas ambiciosas o violentas todo les ha ido bien y han terminado su vida sin grandes sinsabores. Ciertamente para los creyentes tiene que haber algo mucho más grande que las cosas de esta vida.

    Pablo concluye proclamando que Cristo ha resucitado como primicia de todos los que han muerto. Es su forma de afirmar que nuestra esperanza en Cristo va más allá de las barreras de este mundo. También Cristo, que pasó por la vida haciendo el bien, se vio enfrentado a la difamación y a la injusticia. Ante los ojos de muchos pudo parecer que Dios lo había abandonado y que de nada había servido su obediencia al Padre. Pero no, Cristo resucitó y venció a la muerte y su pasión se convirtió en gloriosa.
    Yo creo que esta reflexión de Pablo puede ser una clave para comprender el mensaje de las Bienaventuranzas como las presenta Lucas.
Se puede llamar felices a los pobres, a los que tienen hambre o a los que lloran, también a los que son perseguidos y difamados por Cristo. Porque su recompensa será grande en el cielo. Porque en esta vida todo lo que se puede acumular se queda aquí pero lo que se acumula ante Dios obtiene una gran recompensa para la eternidad.

    Se puede animar a confiar siempre en el Señor, como hace Jeremías, porque no nos quedamos sólo con las cosas de este mundo. Así podemos estar siempre dispuestos a dar fruto y no nos inquietamos ante las dificultades.
Esta fue la actitud del mismo Jesús en su pasión y por eso pudo mostrar amor y perdón en los momentos más duros. Esta fue la actitud de los mártires cristianos, que sabían que perdían los bienes de este mundo y hasta la vida pero que ganaban bienes mucho mayores y alcanzaban la eternidad.
 
    He decidido confiar en ti y no inquietarme ante las adversidades. Tú siempre tendrás una respuesta que llegará en el momento oportuno. Tú siempre serás mi refugio y mi consuelo y sé que no necesito nada más que tu presencia y la fuerza de tu Palabra.

domingo, 6 de febrero de 2022

HOMBRES INDIGNOS

 

Y Jesús dijo a Simón: «No temas; desde ahora serás pescador de hombres». Entonces sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron. (Lc 5, 10-11)

 

Dios ha elegido a tres hombres  indignos.  Tal vez no me habría atrevido a llamarlos indignos si no fuera porque ellos mismos los reconocen así.

Isaías sabe que es indigno, es un pecador y se considera hombre de labios impuros en medio de un pueblo de labios impuros.

San Pablo dice claramente que él no es digno de llamarse apóstol, se considera un aborto y reconoce abiertamente su pecado como enemigo de la iglesia y perseguidor de los cristianos.

Luego tenemos a San Pedro que se queda deslumbrado ante la santidad que ha descubierto en Jesús y se echa a sus pies diciendo que es un pecador.

Pero estos tres hombres han sido elegidos por Dios y se han convertido para nosotros en hombres santos, incluso en ejemplos de santidad.

Los tres han recibido también el consuelo por parte de Dios y de Jesucristo.

Isaías ha visto un ascua que ha tocado su boca y ha purificado sus labios, es decir, Dios ha perdonado su pecado y lo ha convertido en santo para que pueda ir a dónde él lo envíe.

Pablo sabe que Dios le ha concedido su gracia. Lo experimentó claramente cuando fue bautizado por Ananías después de haber tenido aquella visión en el camino de Damasco. Jesús quería contar con él para que fuera el apóstol misionero que llevara la Palabra por todo el mundo conocido.

Pedro escucha de boca de Jesús la llamada: no temas, desde ahora serás pescador de hombres. Y a partir de entonces su vida fue para Jesús.

Gracias a la respuesta de estos tres hombres el pueblo pudo recibir la Palabra de Dios y escuchar las promesas de salvación y el anuncio de la venida del Mesías. Gracias al compromiso de estos tres hombres hoy nosotros podemos también reconocer a Jesucristo como maestro y salvador y podemos buscarlo y recibir su enseñanza y su gracia.

Aquí estoy yo, tan indigno también, sabiendo todos mis fallos como persona en todos los sentidos. Sé que soy pecador y no puedo ser un modelo de nada, sé que estoy condicionado también por mi forma de ser, por mis fallos humanos porque también tengo mis torpezas, mi falta de formación o mi poca capacidad para llevar a cabo esta misión, pero el Señor quiere contar conmigo. Él perdona mis pecados y me da su Espíritu Santo para que sea posible lo que parece imposible y se haga su voluntad. Cuando él llama no valen las excusas, hay que dejarlo todo y ponerse a caminar con él. Gracias a mi torpe respuesta el pueblo de Dios puede recibir el anuncio del evangelio, el perdón de los pecados y sobre todo al mismo Cristo como alimento en la Eucaristía.

Ya sabes, cuando sientas que Dios te llama no te asustes por tu pequeñez o por tus pecados sino confía en él y responde con generosidad. Y mucha gente recibirá el beneficio de tu respuesta.

 

Yo sé que eres tú quien lleva mi vida adelante y por eso no temo a pesar de los contratiempos, en todo momento confío en ti y espero tu respuesta que llega siempre en el momento adecuado.

sábado, 18 de diciembre de 2021

MARÍA VISITA A ISABEL

 

Bienaventurada la que ha creído, 
porque lo que le ha dicho el Señor se cumplirá. (Lc 1,45)

 

Isabel se dirige a María con palabras muy solemnes. La llama bendita entre las mujeres, llama bendito al fruto de su vientre, la llama madre de su Señor y también bienaventurada por haber creído. Nos dice el evangelio que estaba llena del Espíritu Santo. Isabel ha tenido una revelación de Dios y ha descubierto que Cristo, el Señor, está en el vientre de María. Ella es por eso la madre de su Señor. San Juan en el vientre de su madre también ha saltado de alegría ante la presencia de Jesucristo.

Isabel llama a María Bienaventurada. Merece la pena pensar en este anuncio. María es verdaderamente bienaventurada pero no porque las cosas vayan a ser fáciles, que no lo serán, sino porque Dios cumplirá lo que le ha prometido. Recordemos cómo fue la vida de María y cuál fue su bienaventuranza.

María es bienaventurada pero su hijo ha nacido en un pesebre, entre los pobres. Es un rey, descendiente de David, como le había dicho el ángel, pero no ha nacido en un palacio real rodeado de lujos y sirvientes. Aun así ella es bienaventurada porque todo lo que ocurre es lo que Dios tiene previsto. Por eso irá guardando en su corazón todas estas contradicciones que va viviendo para llegar a comprender cómo es la forma de actuar de Dios.

María será bienaventurada aunque vea a su hijo morir en una cruz como si fuera un criminal. No dudará nunca, a pesar de tanto dolor y tanta contradicción, porque Dios le ha hablado y no fallará en su promesa.

La Resurrección del Señor y su ascensión al cielo serán la prueba de que Dios cumple siempre su Palabra aunque no evite sufrimientos y noches oscuras.

María es verdaderamente bienaventurada y bendita entre las mujeres. Así se lo vamos repitiendo constantemente. Porque ella ha recibido el favor de Dios de una manera insólita, es la llena de gracia, y nos ha llenado a todos de paz y esperanza.

Mirando hoy a María, la madre de mi Señor siento que Dios también me ha hecho a mí bienaventurado. Nunca falta a su Palabra, me colma de bienes y me recuerda siempre cuánto está dispuesto a dar por mí para que crea, para que me salve, para que no me desanime, para que obedezca sus mandamientos y me esfuerce en ser santo. Y todo lo que me ha dicho se cumplirá.

 

Señor Jesucristo, tú llenas de luz mis tinieblas con tu presencia. Me haces comprender tu Palabra y me llenas de esperanza porque eres capaz de transformar todo lo negativo llenándolo de tu poder de salvación. Tú nunca fallas a tu Palabra y me has dejado el ejemplo de tu madre para que sepa meditar en el silencio todo lo que ocurre a mi alrededor y llegue a comprender todo lo que haces por mí.

 

viernes, 19 de noviembre de 2021

JESUCRISTO, NUESTRO REY

 


Jesús le contestó: «Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, mi guardia habría luchado para que no cayera en manos de los judíos. Pero mi reino no es de aquí.» Pilato le dijo: «Conque, ¿tú eres rey?» Jesús le contestó: «Tú lo dices: soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo; para ser testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz.» (Jn 18,36-37)

 

Ante la pregunta de Pilato Jesús da una respuesta desconcertante, afirma que es rey. Pero no de este mundo. Son palabras que nos hacen pensar. Él mismo explica lo que pasaría si fuera como un reino de este mundo, que su guardia habría salido a defenderlo, dispondría de un ejército armado y tendría un poder claro sobre los demás. Su reino es de otro mundo, de otro estilo, pertenece a otro ámbito porque está en la intimidad misma de Dios. Su Reino mira a Dios y a su bondad, a su misericordia, a su amor entrañable de Padre.

En segundo lugar Jesús habla de la verdad. Él es testigo de la verdad y el que es de la verdad escucha su voz. Tendríamos que deducir que quien no escucha su voz no es de la verdad.

Los que lo han llevado ante Pilato para condenarlo a muerte se han valido de la mentira, frente a ellos Jesús es testigo de la verdad.

Jesús es mi rey verdadero. Así quiero reconocerlo y por eso quiero ponerme a su servicio. Es un rey poderoso pero no me impone nada por la fuerza. Él quiere convencerme con el ejemplo, con el testimonio de la verdad y lo hace dando su vida y perdonando. En toda su entrega he sentido el poder de su realeza.  Él es mi rey porque me ha ganado con su amor.

Su reino no es de este mundo. Ya vemos como funcionan los reinos de este mundo buscando el poder y tratando de conservarlo a toda costa, muchas veces por medios bastante dudosos. El reino de Jesús es el Reino de Dios. Se basa en el amor, en la lucha por la justicia y el trabajo para aliviar la pobreza y el sufrimiento de los pequeños.

Es también el anuncio de un mundo nuevo donde seamos de verdad felices sin ningún tipo de dolor y esta utopía tenemos que ir haciéndola realidad cada día con nuestro esfuerzo, aunque nos cueste la vida.

Los reinos de este mundo pasan, unos dan lugar a otros. El poder es efímero como todo lo humano. El reino de Jesucristo no tendrá fin. A la hora de tomar una decisión mejor es unirse a esta causa que va a traspasar las fronteras del tiempo y hasta de la muerte.

 

Tú eres mi rey, Señor Jesucristo. El rey de los reyes y Señor de señores, el príncipe de la paz. Tú nos has librado por tu sangre del poder de nuestros pecados, así nos has ganado y nos has convertido en miembros de tu Reino Santo. Tú nos has convertido también en sacerdotes de Dios por eso quiero ofrecer mi vida con la tuya para hacerme como tú un sacrificio agradable y verdadero.

 

 

 

sábado, 13 de noviembre de 2021

EL HIJO DEL HOMBRE VENDRÁ SOBRE LAS NUBES

 

En aquellos días, después de esa gran angustia, el sol se hará tinieblas, la luna no dará su resplandor, las estrellas caerán del cielo, los astros se tambalearán. Entonces verán venir al Hijo del hombre sobre las nubes con gran poder y majestad; enviará a los ángeles para reunir a sus elegidos de los cuatro vientos, de horizonte a horizonte. (Mc 13, 24-27)

 

La verdad es que siempre me resulta inquietante este anuncio de Jesús. Nos está diciendo que antes de su venida vendrán tiempos difíciles y de gran angustia. Los signos que nos presenta son cosas tan terribles como las estrellas cayendo del cielo y una gran oscuridad. Pero todo esto no es para perder la paz sino todo lo contrario es el momento de esperar con alegría la venida del Señor con gran poder y majestad.

Nos pone a prueba para comprobar en quién ponemos nuestra confianza y en qué  ponemos nuestros intereses.

Cuando hemos conocido a Jesucristo y hemos decidió ser sus discípulos ya hemos tomado una decisión. Si de verdad es él y su evangelio nuestro único interés no tendremos ningún miedo a los cataclismos que nos anuncia este discurso. Nuestra fe y nuestros intereses no están puestos en las cosas de este mundo que al final pasarán: el cielo y  la tierra pasarán. Si hemos dedicado nuestros intereses a las cosas de este mundo nos llevaremos un gran disgusto, porque todo se tambaleará y llegará a su fin. Serán entonces días de gran angustia. Pero si hemos puesto nuestro corazón en Jesucristo y su Evangelio no perderemos nada importante: sus palabras no pasarán.


Los que hayan vivido para su propio bienestar y sólo han pensado en sí mismos se verán frustrados pero los que han vivido para los demás han ido preparando un gran tesoro en el cielo y brillarán como el fulgor del firmamento.

Hoy estamos también en una especie de apocalipsis con la pandemia, el volcán los anuncios de apagón, la crisis económica. Y en muchos lugares del mundo se vive el horror de la guerra y la violencia. No sé si será el final pero sí es, una vez más, la oportunidad para demostrar quién sigue el camino de Dios y hace el bien.

 

En medio de mis propias contradicciones espero Señor tu venida gloriosa que todo lo renueve.