sábado, 10 de febrero de 2024

SI QUIERES, PUEDES LIMPIARME

 En aquel tiempo, se acercó a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas: «Si quieres, puedes limpiarme.» 

Sintiendo lástima, extendió la mano y lo tocó, diciendo: «Quiero: queda limpio.» 
La lepra se le quitó inmediatamente, y quedó limpio. (Mc 1,40-42) 


La vida de un leproso en el Israel de aquel tiempo era muy dura, tenía que vivir aislado de la gente y relacionarse sólo con otros leprosos. No había esperanza de volver a la normalidad. 

Por eso, el leproso del evangelio, después de mucho tiempo creyendo que no había solución para él, ha encontrado por fin la esperanza de volver a la normalidad, de recuperar su dignidad: Jesús tiene el poder de Dios para sanarlo.  

Se puso ante él de rodillas. Jesús no es un hombre cualquiera sino alguien ante quien hay que arrodillarse. 

Pienso que el leproso no se arrodilla ante Jesús como quien se podría arrodillar ante un emperador o alguien poderoso. Ante esos grandes del mundo la gente se arrodilla por miedo, pero posiblemente no sientan ningún respeto por sus personas. Ante Jesús, el leproso se arrodilla porque reconoce que es Dios y merece toda su alabanza. Aquí no hay miedo sino la esperanza de ser curado.  

El leproso también reconoce el poder de Jesús, sabe que puede y que sólo tiene que querer: si quieres, puedes. Es también un acto de fe en su persona. Sabe que está ante alguien que tiene el poder de Dios y puede liberarlo para siempre de su mal. Podría resumir esta actitud en adoración y fe. 

Jesús también nos da muestras de su forma de ser: lo tocó. Una de las carencias de un leproso era precisamente la falta de afecto. Nadie podía tocarlo para no quedar impuro, para no contagiarse. Nadie los abrazaba ni besaba. Jesús lo tocó, como una muestra de afecto, y ese tacto directo con la persona de Jesucristo lo ha sanado. 

Yo creo que este relato nos propone buscar a Jesús para que nos sane de nuestras enfermedades. No solo de las enfermedades físicas, sino también espirituales o psicológicas. Podemos tomar la doble actitud del leproso: adorarlo y tener fe en él. Suplicarle de rodillas que nos cure porque sabemos y creemos que él puede hacerlo. Recibiremos mucho más que lo que pedimos, porque el Señor nos tocará, nos mostrará su gran amor por nosotros y nos dirá quiero... quiero darte lo que me pides, quiero para ti todo lo que te permite crecer. Quiero sanarte de tu tristeza, de tus dudas, de tus sufrimientos, de tu soledad; pero también quiero sanarte de tu egoísmo, de tus mentiras, de tus ambiciones, de tu materialismo: Sanarte y llenarte de vida, de santidad y de alegría. 

Jesús nos sanará y nos limpiará y podremos contar a todos el bien que nos ha hecho. 

Del mismo modo, creo que el evangelio nos llama a mirar a Jesús como maestro que nos enseña a no rechazar a nadie, a mostrar nuestro afecto, con hechos concretos de amor, a todos los que están siendo rechazados, tal vez por su propia culpa, a los que se encuentran en las periferias existenciales. Miremos a todos con la mirada de Jesús. 


Sáname, Señor Jesús, cura mi mal, limpia mi alma y mi cuerpo y hazme un hombre nuevo. Yo te adoro, tú eres mi Señor y mi Dios y mi vida te pertenece. Proclamaré tu grandeza a mis hermanos y te alabaré toda mi vida. 

sábado, 27 de enero de 2024

LA AUTORIDAD DE JESUCRISTO

 Todos se preguntaron estupefactos: «¿Qué es esto? Este enseñar con autoridad es nuevo. Hasta a los espíritus inmundos les manda y le obedecen.» (Mc 1,27) 

 

En este episodio podemos acercarnos a Jesucristo, como siempre, para descubrir el misterio de su persona.  

Nos dice que Jesús habla con autoridad y esto es algo que sorprende a sus oyentes. Los escribas tenían poder, eran muy eruditos y enseñaban, tal vez con mucha ciencia en cambio ellos  no tienen autoridad. Pero Jesús  sí habla con autoridad y los escribas no; Las enseñanzas de Jesús no son palabras, sin más, de algo que se ha aprendido, son Palabras divinas, que penetran en el corazón de la gente, que convencen porque vienen del mismo Dios.  Jesús no habla de memoria sino que cuenta lo que él mismo ha vivido junto a su Padre.

Otro hecho sorprendente es el endemoniado que está dominado por espíritus inmundos que hablan a través de él. Los demonios reconocen a Jesucristo y revelan su misterio: Jesús es el Santo de Dios y ha venido a terminar con ellos, esto significa que se terminó su poder en este mundo y su reinado sobre la humanidad, Jesús los va a desalojar y va a frenar su actividad. El pecado les ha abierto la puerta y se permiten atormentar a los hombres, pero ahora ha venido Jesucristo, el Santo de Dios, para destruir el pecado y salvar a la humanidad. Los demonios tiemblan de miedo ante la presencia de Jesús porque saben que él es más fuerte.

 Ante el mandato de Jesús, los espíritus inmundos obedecen de forma inmediata, y se libera al hombre que estaba poseído. No pueden resistirse a su mandato. 

También vemos el asombro de aquellas personas ante el poder de la Palabra de Jesús. En otros textos del evangelio dirán que no habían visto nunca nada igual.   

 

Siento, Señor Jesucristo, que tu Palabra es una Palabra viva, porque eres tú mismo. Tus palabras entran dentro de mí y me hablan al corazón, responden a mis problemas me dan luz en cada situación de mi vida. 

Tu Palabra sana también todo mi ser, me libera de los malos espíritus que me alejan de ti, me incitan al pecado o me hacen dudar de tu poder. 

Sáname, Señor, libérame de todos mis males. Tú eres el Santo de Dios. 

sábado, 20 de enero de 2024

CONVERTÍOS Y CREED EN EL EVANGELIO

 «Se ha cumplido el plazo, está cerca el reino de Dios: convertíos y creed en el Evangelio.» (Mc 1,15) 

 

Jesús aparece llamando a la conversión y a la acogida del Evangelio. Nos dice que empezó justo cuando arrestaron a Juan. Es como si tomara el relevo y también podemos entender que sabía que la predicación era una actividad arriesgada.  

Su mensaje se parece al de Juan el Bautista, pero no es exactamente igual. Juan invitaba a la conversión y hablaba de un castigo:


el árbol que no dé fruto será talado y echado al fuego. Juan llamaba a arrepentirse y apartarse del pecado para evitar el castigo. 

Por eso la conversión a la que llama Jesús tiene un sentido distinto, porque él habla del Evangelio, la Buena noticia que trae consigo. No se trata sólo de arrepentirse de los pecados y de empezar una vida nueva, alejada del pecado para evitar el castigo; se trata de abrir el corazón a algo nuevo que viene con el Señor: el Evangelio.  

Esta conversión no consiste sólo en dejar el pecado, sino, sobre todo, en preparar los odres nuevos para el vino nuevo. Hay que creer en la Buena Noticia, que no es la amenaza de un castigo sino la ilusión de recibir el Reino de Dios, hay que creer que Dios es nuestro Padre y quiere que seamos una gran familia en torno a él, que Dios nos ama y quiere salvarnos y librarnos de nuestros pecados, que todos los demás son nuestros hermanos; y que amar de corazón a los hermanos hará posible una nueva humanidad.  

La Palabra de Jesús es poderosa, porque es la Palabra de Dios. Es la Palabra que dirige a sus primeros discípulos y ellos sienten tan fuerte esta llamada que lo dejan todo para seguirlo.  

Sintamos hoy también la invitación de Jesús a la conversión, abramos nuestro corazón a su llamada y dejemos que su Palabra nos transforme en discípulos, decididos a seguirlo de cerca y a conocerlo cada día más. 

 

La fuerza de tu Palabra también ha actuado en mí, me has sanado, me has llenado de alegría y me has puesto en el camino para que lleve la Buena Noticia a mis hermanos y les hable de ti y de tu Reino. 

 

 

 

sábado, 23 de diciembre de 2023

LA ESCLAVA DEL SEÑOR

 

María contestó: —«Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra». (Lc 1,38)

 

El rey David se lleno de grandeza y pensó en construir un templo al Señor. Sabía muy bien plantearlo como una obra piadosa, construir un templo porque el Señor se merecía estar en un lugar grandioso. Pero, en el fondo, se trataba de un acto de soberbia. Lo que en realidad pretendía era dejar una huella importante para la historia, ser recordado por haber construido una gran obra que fuese la admiración del mundo entero. Se podía decir qué gran amor tenía David por su Dios que le construyó un templo tan maravilloso. Pero Dios intervino por medio del profeta Natán y le frustró sus planes: le recordó que él sólo era un pastorcillo y que había llegado hasta donde estaba por puro don de Dios. Dios lo sacó de los apriscos y lo convirtió en rey, es el Señor quién lo ha hecho todo por él y seguirá haciendo porque de su descendencia nacerá el Salvador.

Frente a la soberbia de David encontramos hoy a María tan pequeña, tan sencilla y tan limpia de corazón. En ella no hay ningún afán de pasar a la historia sólo desea cumplir la voluntad del Señor.

Yo pensaba en mí mismo ante estos dos ejemplos. Cuando quiero llevar a los hombres a Dios, cuando quiero que la Palabra de Dios toque el corazón de la gente y rebusco las formas brillantes para conmover a la gente, cuando deseo animar a los jóvenes a entregarle a Dios su vida… bajo la apariencia de estar haciendo algo piadoso estoy buscando mi propia gloria, pensando que se me recuerde como alguien que hizo algo grande. Y, como le pasó a David, también Dios me ha tenido que bajar los humos. Jesús me dice que mire a su madre y aprenda de ella a aceptar y desear que se haga en mí la voluntad de Dios.

El Señor hizo a María la más grande de todo ser humano sin que hiciera ninguna obra majestuosa ni brillará por nada humano. Ella sólo se dejó hacer. Y por esta actitud humilde hoy podemos glorificar a Dios que nos ha salvado.

 


Enséñame, Señor, a aceptar como María que se haga siempre tu voluntad. Porque tu voluntad en mi vida es siempre lo mejor para mí y para el mundo.

 

 

 

 

sábado, 16 de diciembre de 2023

ALEGRÍA

 Estad siempre alegres. Sed constantes en orar. Dad gracias en toda ocasión: ésta es la voluntad de Dios en Cristo Jesús respecto de vosotros. (1Tes 5,16-18) 

 

Los cristianos somos personas alegres, porque sabemos que estamos salvados, esperamos la vida eterna, creemos en el perdón de los pecados. Cualquier cosa que pueda causarnos tristeza se puede superar porque Cristo está en medio de nosotros. Él es quien ha venido lleno del Espíritu Santo para vendar los corazones desgarrados y proclamar el año de gracia del Señor. No ha venido a condenar sino a sanar y a salvar. 

Esta alegría nos lleva también a la oración, sí, estamos alegres porque podemos contar para todo y en todo momento con nuestro Señor. En estos momentos de encuentro personal y diálogo con Jesucristo podemos llegar a entender las razones profundas para la alegría, a pesar de tantas cosas que nos llenan de dolor y de confusión. 

La alegría también nos lleva a dar gracias. Todo es un don de Dios y hay que dar gracias por todo lo bueno que estamos recibiendo cada día. La acción de gracias y la alabanza son también nuestro reconocimiento humilde de nuestra pobreza frente a la grandeza de Dios y nuestra alegría de saber que él quiere hacernos santos y perfectos. 

La alegría cristiana se convierte también en servicio a los demás, en dedicación al bien y a la paz. Es una alegría activa, porque hay muchas lágrimas que secar, hay mucho amor que dar para que la alegría sea completa. La alegría del evangelio nos pone en camino para que este anuncio no se quede sólo en palabras bonitas, sino que se traduzca en un compromiso verdadero por el Reino de Dios. 

Señor Jesús, tú me invitas a la alegría y yo me cierro muchas veces en la tristeza, porque me siento muy apegado a las cosas del mundo y no sé valorar todo lo que tú me estás concediendo cada día. Te doy las gracias por todos esos dones que me has otorgado y te ruego que me ayudes a servir a los hermanos y a servirte a ti con todos ellos. 

sábado, 9 de diciembre de 2023

PREPARANDO EL CAMINO

 «Detrás de mí viene el que puede más que yo, y yo no merezco agacharme para desatarle las sandalias. Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo.» (Mc 1,8)


Estamos ya de lleno en nuestro tiempo de Adviento, esperamos al Señor y estamos también sintiendo su venida constante a nosotros por medio de los sacramentos y en las personas que nos encontramos. 

Los problemas de nuestro mundo son una llamada para nuestra oración y para nuestra reflexión. Son un grito de la humanidad que necesita a Dios, porque sólo el Señor nos salva y necesitamos que venga a salvarnos.

Los profetas le hicieron ver a los israelitas que sus pecados eran la causa de sus males, por eso los animaban siempre a convertirse, a volver al Señor para que él los perdonara y los salvara.

Pero el profeta Isaías nos sorprende con un anuncio de consuelo. Dios no quiere el sufrimiento de sus hijos, es un padre de misericordia y ante la desolación del pueblo quiere anunciar la consolación. Él mismo vendrá con gran poder para salvarnos.


San Juan Bautista anuncia al Salvador, es Cristo que viene a purificarnos con el Espíritu Santo. La Palabra de Dios nos insiste: Preparad el camino al Señor.

El Señor viene y podremos ver con nuestros ojos todo lo que quiere hacer para darnos el consuelo y devolvernos la alegría. Podemos allanar su camino con nuestra conversión, con el arrepentimiento sincero de nuestros pecados y nuestro compromiso con el Reino de Dios; con nuestra oración constante, con nuestra fidelidad a su Palabra. Así estaremos facilitando su venida y haciendo posible la salvación.


Ven Señor y transforma mi corazón en un corazón como el tuyo. Ven y llena de alegría y de luz este mundo que tiene tantas sombras y tantos sufrimientos. Ven a salvarnos.


sábado, 2 de diciembre de 2023

VIGILAD

 

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Mirad, vigilad: pues no sabéis cuándo es el momento. (Mc 13,33)

 

Comenzamos el tiempo de Adviento y de nuevo buscamos la esperanza, en medio de todo lo que pasa a nuestro alrededor. Es la esperanza en Jesucristo,  por eso es un esperanza con sentido.

Un año más podemos ver que siguen funcionando mal muchas cosas en este mundo. Volvemos a lamentarnos por las guerras tan sangrientas y tan injustas, que no solucionan nada y sí agrandan los problemas y los sufrimientos; volvemos a lamentar los enfrentamientos y la división por las ideas políticas que también enturbian la convivencia, volvemos a ver en la misma iglesia divisiones y enfrentamientos que no ayudan nada a proclamar el evangelio, volvemos a ver también entre nosotros nuestras propias debilidades, nuestras pruebas particulares que cada uno podrá discernir.

Pero la Iglesia de nuevo quiere llenarnos de confianza porque todo esto es necesario pero el Señor viene a nuestra vida y lo hace todo nuevo. No podemos desanimarnos sino que estamos llamados a convertir todo esto en un reto para que brille en el mundo la luz del evangelio. El Señor va a venir y tenemos que estar vigilantes.

Sigamos siendo sembradores de paz en medio de la violencia y la división, sigamos mostrando el respeto y el amor por encima de las ideas y hasta de la religión, sigamos siendo un testimonio de confianza en Dios con nuestra alegría y nuestras ganas de hacer el bien a todos y mantengamos nuestra relación con Dios y nuestra fe en él, que es quien lo puede todo y quien hace posible nuestra fidelidad. San Pablo nos dice que él es fiel, para no decaiga nuestra esperanza pase lo que pase.

 

Sólo mi confianza en ti me puede hacer salir del pesimismo y de la tristeza. Por eso te necesito y te llamo cada día. Ven, Señor.