Si
vosotros, pues, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos,
¿cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a los que le piden?». (Lc
11,13)
Nos
dice el evangelio que Jesús se retiraba frecuentemente a orar. A pesar de la
intensa actividad que tenía recorriendo ciudades, predicando y sanando,
necesitaba siempre retirarse y ponerse en manos del Padre. Ahí residía el
secreto de su impresionante energía. De ahí venía el poder de sanar y liberar y
la fuerza para amar sin límites.
No
es de extrañar que los discípulos se sintieran provocados ante esta realidad. Han
descubierto que este poder de Jesús viene de estos momentos de retiro y por eso
le piden que les enseñe a orar.
Esta petición le da a Jesús la oportunidad para enseñarnos una oración muy sencilla y muy poderosa: el Padre Nuestro. Una oración que contiene todo lo que podemos decirle a Dios y también que nos compromete a vivir de una forma concreta. El Padre Nuestro es el evangelio en forma de oración. Donde nos dirigimos a Dios para santificarlo y nos comprometemos a vivir como hermanos y a perdonar, donde pedimos que Reine Dios y nos dé lo necesario, nos perdone y nos libre del mal. Está todo.
Jesús
aprovecha también para animarnos a orar con confianza. Mirando a Dios, nuestro
Padre, sabemos que estamos ante quien todo lo puede y ante alguien que nos ama
más de lo que podemos imaginar. Tengamos confianza, pidamos con insistencia y
veremos que Él está dispuesto a darnos mucho más de lo que pedimos, porque nos
entrega el Espíritu Santo sin medida.
Padre Santo, siento la confianza que
Jesucristo, tu hijo ha puesto en mí para suplicarte por todo aquello que tú
mismo has puesto en mis manos. Te pido que me acompañes en la misión que tú me
has encomendado y confío en que nunca me faltará la asistencia del Espíritu
Santo.

Padre eterno, enséñame a orar como tú quieres que lo haga, aceptando tú voluntad aunque no sea lo que yo desee. Tú sabes lo que me conviene y como Padre, sabes dar lo mejor
ResponderEliminarQuiero aprender a ayudar aunque la paciencia aveces me juegue una mala jugada
Que se haga tú voluntad.