sábado, 12 de julio de 2025

EL BUEN SAMARITANO

 ¿Cuál de estos tres te parece que ha sido prójimo del que cayó en manos de los bandidos?».

Él dijo:
«El que practicó la misericordia con él».
Jesús le dijo:
«Anda y haz tú lo mismo». (Lc 10,36.37)

Podemos sabernos muy bien la doctrina católica, como aquel escriba que se sabía muy bien los mandamientos principales. Pero el seguimiento de Jesús no es un asunto de teorías sino de vida. Su enseñanza sobre Dios y sobre el cielo nos lleva enseguida al hermano, y sobre todo, al hermano que sufre, al que está en el camino sin defensa.

La parábola de Jesús es provocadora. En el relato hay dos hombres religiosos: un sacerdote y un levita. Sin duda, dos hombres conocedores de la ley de Dios. Pero pasan de largo para no verse comprometidos. 

Después viene el samaritano, el que está mal visto por los judíos. Posiblemente era un ignorante de la escritura, pero tenía corazón y, al contrario de los otros dos, se compadeció, lo curó y lo cuidó. Incluso deja entender que volverá cuando termine sus asuntos para ver cómo está.


Yo me siento hoy también provocado por esta parábola. Tengo que reconocer que no soy tan generoso como el buen samaritano, porque me pueden las dudas y los prejuicios. Por eso siento fuerte la llamada. En la infancia misionera se enseña a los niños a tener los ojos abiertos para descubrir al que está necesitado, los pies ligeros para acudir en su ayuda y las manos extendidas para socorrerlo y sobre todo el corazón ardiente, lleno de amor por el prójimo. Es una enseñanza bonita para los niños que, sin duda, lo es para todos y para toda la vida.

Que también te provoque esta parábola para hacer tú lo mismo.

Tú has sido, Señor, mi Buen Samaritano. Yo estaba en el camino herido y apaleado por mis pecados y mis dudas y tú te has compadecido y me has curado con un amor incomparable. Siento lo que has hecho por mí y deseo hacer lo mismo con los demás.


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