Estaba viendo a Satanás caer del cielo
como un rayo. Mirad: os he dado el poder de pisotear serpientes y escorpiones y
todo poder del enemigo, y nada os hará daño alguno. Sin embargo, no estéis
alegres porque se os someten los espíritus; estad alegres porque vuestros
nombres están inscritos en el cielo».(Lc 10,18-20)
El envío de los setenta y dos nos hace
ver que además de los doce apóstoles, Jesús tiene más discípulos dispuestos
para la misión. A pesar de todo, los obreros son pocos. Pero ante esto nos
invita a orar. Está muy bien mostrarse disponibles para ir donde el Señor nos mande,
pero el primer paso es orar porque esta mies tiene un dueño y es el dueño el
que envía los obreros.
En el tiempo actual es triste ver en
nuestras iglesias la decadencia, la poca asistencia a la misa, la escasez de
vocaciones al sacerdocio y a la vida religiosa, también la bajada en la demanda
de los sacramentos. En nuestro mundo occidental se ve claramente que la mies es
mucha y los trabajadores pocos: tenemos un reto cada vez más difícil y cada vez
menos gente dispuesta a servir al Señor en estas tareas. Esto no es sólo un
drama para la iglesia, lo es para toda la sociedad. Hay menos gente dispuesta a
entregarse gratuitamente a los demás, lo que significa también menos
misioneros y menos personas entregadas a
los pobres, a los niños o a los enfermos. Porque el evangelio, el encuentro con
Jesucristo, nos tiene que mover a dar la vida por los demás y nos arranca de
los intereses materiales para alcanzar el tesoro que no se corrompe. Por eso tenemos que mostrarnos dispuestos, pero, sobre todo, tenemos que orar y pedirle al dueños de la mies que envíe obreros, diciendo: aquí estoy yo, cuenta también conmigo.
En segundo lugar tenemos las instrucciones que da a los discípulos: La pobreza y la sencillez. También esto nos tiene que hacer pensar. Con el tiempo nos hemos acostumbrado a tener medios materiales: necesitamos templos, salones, colegios… y todo esto termina haciéndonos depender del dinero. Jesús da unas instrucciones muy claras en el sentido contrario. La sencillez y la pobreza son un criterio de credibilidad, porque nos permiten actuar sin más interés que el anuncio del evangelio a todos, el anuncio del Reino que ha llegado y está entre nosotros. Cuando buscamos dinero o influencia se pierde la gratuidad que debería ser la nota característica de la evangelización.
Después nos habla de los poderes que
Jesús les da a sus discípulos: curar a los enfermos y echar los demonios. Es el
poder de llenar de alegría a los lugares donde llegan porque el mal se va y
viene el bien y la salud: el Reino de Dios se anuncia con palabras y con hechos
prodigiosos que lo hacen creíble.
La pobreza y la sencillez van de la mano de estos poderes que Jesús ha dado a sus enviados.
Después, lo más importante de todo es
que Dios ha escrito en el cielo nuestros nombres. Porque lo que más importa es que, después de esta vida, él nos espera en el cielo para llenarnos de felicidad.
Alabado
seas mi Señor, mi Dios de amor y paz. Contigo encuentro siempre la alegría de
la salvación porque tú lo puedes todo y de ti depende todo. Alabado seas por
entrar en nuestra vida y hacerte presente y dejarte notar entre nosotros. Tú nos
das el poder contra el mal y nos proteges de todo y además has escrito nuestros
nombres en el cielo para garantizarnos un lugar cerca de ti. Bendito seas,
Señor. Gracias mi Dios.

Muchas gracias Enrrique. ¡Que grande es la fe!
ResponderEliminarGracias 🫂 Enrique por darnos luz en la oscuridad y devolver la fe aún corazón desolado y ver a toda nuestra familia orar con tanta fé que nuestros nombres brillan en en cielo !!Johana y su familia
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