“Necio, esta noche te van a reclamar el alma, y ¿de quién será lo que has preparado?”.
Así es el que atesora para SÍ y no es rico ante Dios».(Lc 12,20-21)
Jesús nos cuenta una parábola muy clara y muy sencilla con una gran enseñanza. Un hombre ha acumulado riquezas pero le llega la hora de su muerte y no le van a servir de nada.
Humanamente nos interesan las cosas materiales porque nos proporcionan seguridad. Pienso en la gente que veo viviendo en la calle sin saber si podrán comer hoy, o en los que viven en lugares de extrema pobreza y comprendo que es normal que nos preocupemos de tener lo necesario para vivir.
El problema viene cuando nos dedicamos a acumular, cuando nos puede la codicia y el afán de tener cosas. Porque suele suceder que cuando tenemos algo siempre deseamos algo más y nunca estamos satisfechos del todo.
Lo mismo que vemos a gente que no tiene nada, encontramos a otros que viven en medio de lujos y grandezas. Los ricos que tienen de todo y les sobra todo: grandes mansiones, grandes coches, sirvientes y toda clase de comodidades y placeres.
El Evangelio, ante todo esto, tiene un mensaje muy claro. Jesús nos propone atesorar de otra manera, no para acumular bienes materiales, que se quedan y se mueren en este mundo, sino para hacernos ricos ante Dios. Nos propone tener el tesoro en el cielo, o como nos dice Pablo, aspirar a los bienes de arriba y no a los de la tierra.
Podemos recordar que al joven rico Jesús le propuso darlo todo para tener un tesoro en el cielo.
Los tesoros del cielo se van acumulando cuando el amor es el que marca nuestra vida de cada día, cuando somos capaces de desprendernos de nuestras cosas para dedicarnos a hacer el bien, cuando nuestro tiempo está dedicado a sanar y liberar a los demás de sus heridas, cuando Dios es el centro de nuestra vida y tenemos a Jesucristo por Señor y maestro. En definitiva cuando hemos conocido a Jesucristo y queremos seguirlo con todas sus consecuencias. Es entonces cuando descubrimos la grandeza y la belleza de lo que él nos da y vemos la vanidad de las cosas de este mundo.
Si nuestro tesoro está en el cielo, el día que Dios nos pida la vida tendremos una gran alegría por encontrarnos con él.
Señor y Dios mío. Conocerte a ti es todo lo que necesito. Estar contigo, escucharte y seguirte. Ése es mi tesoro. El tesoro es tan valioso que me ha hecho dejarlo todo para quedarme contigo.

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