viernes, 22 de agosto de 2025

LA PUERTA ESTRECHA

 Esforzaos en entrar por la puerta estrecha, pues os digo que muchos intentarán entrar y no podrán. (Lc 13,24)

Nos presenta el texto de hoy un final desolador, para hacernos una llamada fuerte a entrar por la puerta estrecha. Pensemos bien lo triste que será ver a los santos en el cielo y a todos los que han sido dignos de la vida eterna allí junto a Dios y nosotros encontrarnos fuera, en las tinieblas. Es terrible, es muy triste. Es como la tragedia del rico que es torturado en el infierno y ve a Lázaro consolado en el seno de Abraham.

Para que esto no ocurra hay que esforzarse y entrar por la puerta estrecha. Porque lo fácil no nos va a dar la salvación sino la perdición. Y no basta con haber sido más o menos buenos y haber participado en actos de piedad; no vale lo de hemos comido y bebido contigo si no ha habido una verdadera entrega y un auténtico sacrificio. Así que pensemos qué significa entrar por la puerta estrecha y tratemos de ponerlo en práctica.

Teniendo en cuenta todas las enseñanzas de domingos anteriores podemos pensar en esa puerta estrecha con algunas ideas más concretas;

Recordemos a María sentada a los pies de Jesús y entenderemos que aquí tenemos la puerta estrecha de la oración y la escucha de la Palabra, frente a un ambiente que parece que ignora a Dios. Seamos fieles en tener una relación de amistad con el Señor y dejemos que él nos vaya formando el espíritu con sus palabras de vida. Tengamos cada día un tiempo para estar con él en oración y así elegiremos la mejor parte.

Pensando en el hombre que acumulaba y le pidieron la vida encontramos otra puerta estrecha, la austeridad. Frente al deseo de tener cada vez más y disfrutar de lo material se nos propone vivir con sencillez y no de forma egoísta, porque no nos vamos a llevar nada cuando dejemos este mundo.

Tuvimos también la llamada a vender los bienes y dar limosna. Esta es también la puerta estrecha. La caridad fraterna, el dar a los demás con generosidad, la fraternidad no sólo consiste en dar una cantidad sino en sentir al prójimo como un hermano. Recordemos la parábola del Buen Samaritano y el mandato de Jesús: haz tú lo mismo.


La puerta ancha del egoísmo, del olvido de Dios y la búsqueda del placer y el interés conduce a la perdición; terminará con la tristeza de ver a todos felices en el cielo y nosotros en las tinieblas. Pero la puerta estrecha de la oración, la sencillez y el amor fraterno nos llevarán a la alegría del Reino de Dios con Jesús, María y todos los santos.

Yo quiero estar contigo, ésa es la meta de mi vida. Tú eres el tesoro escondido que he encontrado y sólo quiero tenerte a ti. Te busco en el interior de mi corazón, en el silencio y en la soledad y te encuentro también en los hermanos y en la alegría de estar con ellos. Bendito seas, alabado seas mi Señor y mi Dios.


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