En
aquel tiempo, Jesús cogió a Pedro, a Juan y a Santiago y subió a lo alto de la
montaña, para orar. Y, mientras oraba, el aspecto de su rostro cambió, sus
vestidos brillaban de blancos. De repente, dos hombres conversaban con él: eran
Moisés y Elías, que, apareciendo con gloria, hablaban de su muerte, que iba a
consumar en Jerusalén. (Lc 9,28-31)
Jesús se retira muchas
veces a orar. Antes de comenzar a predicar se retiró cuarentas días al
desierto; otras veces se retiraba y se pasaba la noche en oración. En este
texto nos dice que se llevó a tres discípulos y subió con ellos a la montaña
para orar.
Debajo de la montaña seguía
el mundo con sus problemas, la gente con sus enfermedades, la opresión romana o
la manipulación religiosa de los fariseos. Jesús con sus discípulos suben a la
montaña y dejan atrás todas estas cosas para orar, para entrar en la presencia de
Dios Padre y experimentar algo diferente.
En aquel momento los tres discípulos pudieron ver con sus ojos la divinidad de su maestro y se dieron cuenta que estaban en el mismo cielo, con los santos Moisés y Elías y escuchando la voz del Padre entre la nube. Fue un espectáculo glorioso y a la vez terrible, se encontraban a gusto y también llenos de miedo. Pero después bajaron de nuevo a la realidad con una energía nueva.
Este tiempo de Cuaresma es
una llamada a salir de lo cotidiano, a ir al desierto o subir a la montaña para
vivir este encuentro con Dios, sentir su divinidad y entrar en el mismo cielo para
llenarnos de energía. Es bueno desconectar de los problemas que el mundo nos
presenta y centrarnos en estar con el Señor y contemplar que él es Dios y con
él no tenemos nada que temer. Es muy saludable experimentar esa seguridad de
sentir su amor y su cercanía, de saber que nos espera un futuro lleno de gloria
y de felicidad. Después bajamos a la realidad y seguiremos con los mismos
problemas, porque las cosas no cambian de forma mágica. Pero podremos vivirlos
con una esperanza diferente; podremos sentirnos fortalecidos porque sabemos que
contamos con el apoyo de nuestro Dios y Señor.
Qué
bien se está aquí contigo, Señor. Me siento seguro, aunque todo se me venga
abajo, porque sé que no me dejas y que estarás a mi lado siempre.

La cuaresma nos invita a la oración, pero no sólo hablar con El,si no a escuchar lo que quiere decirnos,pero no solamente porque es cuaresma, también a lo largo de todo el tiempo litúrgico.Como cristianos es imprescindible,la oración y la escucha
ResponderEliminar