sábado, 27 de diciembre de 2025

SAGRADA FAMILIA

 

José se levantó, cogió al niño y a su madre, de noche, se fue a Egipto y se quedó hasta la muerte de Herodes. Así se cumplió lo que dijo el Señor por el profeta: «Llamé a mi hijo, para que saliera de Egipto.» (Mt 2,14-15)

 

En estos días de Navidad estamos contemplando la gloria del Señor, Dios que se ha hecho hombre, el Verbo divino que se ha hecho carne porque Dios es amor y quiere estar entre nosotros y quiere también que nosotros estemos con Él.

Al hacerse hombre ha querido formar parte de una familia humana y ha querido compartir también la dureza de la vida en este mundo. Siendo Dios ha aparecido débil y necesitado de protección. Y el Evangelio nos lo presenta así, pequeñito en brazos de su madre, perseguido por Herodes y protegido por san José que entendió muy bien su misión de cuidar del Salvador del mundo.


Para mí es inevitable ante este relato recordar a los niños que hoy también están huyendo del peligro. Herodes ha quedado en nuestro recuerdo como un rey cruel y despiadado, al que no le importa ni siquiera el sufrimiento de los inocentes, con tal de conservar el poder. Pero, tristemente, hoy sigue habiendo nuevos Herodes, que siembran el horror y el sufrimiento de muchos niños y muchas familias, que se ven obligados a huir de su tierra para salvar la vida.

Nuestro Salvador Jesucristo ha querido ser solidario con todos los que sufren, con todos los perseguidos y con todas las víctimas de la injusticia. Cuando llegue el día del juicio nos recordará que lo que hicimos con todas estas personas indefensas lo hicimos con él mismo.

Hoy día de la Sagrada Familia podemos recordarnos bien los valores que aprendemos de esta familia de Nazaret: el amor y la unión, que hay en ellos; la confianza en Dios y la obediencia a su voluntad; el sacrificio de unos por  otros. Este amor y esta confianza en Dios son una gran fortaleza ante las dificultades.

También siento la llamada a abrir mis ojos ante tantas familias que pasan por graves problemas y que necesitan nuestra solidaridad y nuestra cercanía.

 

Señor Jesucristo, una vez más quiero cantar tu alabanza al descubrir que has elegido estar entre los últimos, que tu lugar no está en los palacios sino en los lugares donde la gente sufre, porque has venido a salvarnos de los pecados que  nos esclavizan.

 

sábado, 20 de diciembre de 2025

SALVARÁ A SU PUEBLO DE LOS PECADOS

 

«José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados.»(Mt 1,20-21)

 

El ángel le revela en sueños a San José el misterio de la persona de Jesucristo. Después a lo largo de los siglos tendremos tiempo de reflexionar y se irán proclamando los distintos dogmas. Pero en este sueño de forma muy elemental se le dice a José quién es el niño que hay en el vientre de la Virgen María.

Le dice que es una criatura que viene del Espíritu Santo. María conserva su virginidad y José no tiene nada que temer, al contrario, tiene la dicha de ser el elegido de Dios para cuidar del Salvador.

Al ser Hijo de Dios está diciendo que es “Dios con nosotros”, tal y como lo había profetizado Isaías, pero al haberse formado en el vientre de la Virgen este niño es también un hombre con todas las consecuencias y viene con toda la historia sobre su persona, por eso tiene unos antepasados y se puede decir que es de la descendencia de David, como también se había anunciado en el Antiguo Testamento.


José le pondrá el nombre, Jesús, que significa Dios Salva, porque Jesús viene a salvar al pueblo de los pecados. Por lo tanto, también revela el ángel la misión del Mesías que va a nacer, no viene a condenar a los malos sino a salvar a su pueblo, que somos todos, de los pecados.

Yo me atrevo a decir que nos salvará de los pecados que hemos cometido en nuestra vida y también a las consecuencias de los pecados que nos hacen sufrir y llenan el mundo de tinieblas, también del pecado original que hizo que la creación entera quedara deformada.

 

Alabado y adorado seas, Señor Jesús, que siendo Dios quisiste hacerte hombre, para librarnos de las tinieblas que nos cubrían. Alabado y bendito seas porque nos traes la alegría de poder vivir la vida nueva. Te esperamos y cantamos para ti.

sábado, 13 de diciembre de 2025

LO QUE ESTAMOS VIENDO Y OYENDO

 

Id a anunciar a Juan lo que estáis viendo y oyendo: los ciegos ven, y los inválidos andan; los leprosos quedan limpios, y los sordos oyen; los muertos resucitan, y a los pobres se les anuncia el Evangelio. ¡Y bienaventurado el que no se escandalice de mí!» (Mt 11,4-6)

 

Hoy es un domingo que nos invita a la alegría. Estamos alegres porque esperamos en el Señor. Hemos recibido buenas noticias. Los profetas ya lo habían anunciado. En medio del desierto de nuestros pecados y nuestras penas, el Señor en persona vendrá a llenarlo todo de vida y de alegría. Vendrá a sanar nuestras enfermedades y a dar la buena noticia a los pobres. No importa que seamos miedosos y cobardes, no importa que seamos débiles porque es el Señor el que viene con todo su poder a transformarlo todo. Sí, verdaderamente tenemos un anuncio, por parte de Dios que nos anima a la confianza y nos transmite esperanza en medio del dolor y del pecado.

Juan Bautista ha sido el precursor del Señor, como lo anunciaron los profetas y, estando en la cárcel, quiere que sus discípulos reconozcan al Mesías que es Jesucristo. Por eso los envía a preguntarle para que ellos lo escuchen de su propia boca. La respuesta del Señor no es una teoría, es la muestra de todo lo que está haciendo, tal como lo habían anunciado los profetas: los ciegos ven y los inválidos andan... Con él ha llegado la alegría del Reino de Dios, se van los males que atormentan a la gente, viene la salud y la vida. 

El que tenga unas expectativas distintas se puede escandalizar. Tal vez algunos esperaban un Reino en sentido humano, o pensaban que vendría a castigar a los pecadores, pero no,  él no ha venido a castigar a los malos sino a dar alegría a los pobres y enfermos. 

Ahora bien, este mensaje tan esperanzador choca seguramente con nuestra realidad de cada día. No somos ingenuos, sabemos que siguen los sufrimientos, sabemos que las cosas no se solucionan de forma tan rápida y vemos cómo los enfermos empeoran y la gente sigue sufriendo y muriendo. Por eso el apóstol Santiago nos anima a tener paciencia, a mirar cómo los antiguos profetas esperaron y confiaron en el Señor en medio de muchos sufrimientos. Podemos tener como ejemplo al mismo Jesucristo, que confió en el Padre y siguió adelante hasta morir en la cruz.

Hoy es un día de alegría, porque seguimos creyendo y confiando en el Señor que nunca nos va a defraudar, aunque no veamos signos evidentes sabemos que él no deja de actuar para nuestro bien.

 

Hoy quiero poner ante ti a todas las personas que me piden oración por tantas pruebas duras que están viviendo. Yo quiero llenarme con la alegría que tu Palabra me promete, pero soy débil y cobarde de corazón. Te pido que sostengas mi pobre fe para que no me desanime ante los fracasos y no decaiga en mí la esperanza que tú me has traído.

 

 

sábado, 6 de diciembre de 2025

FRUTOS DE CONVERSIÓN

 

Dad el fruto que pide la conversión. Y no os hagáis ilusiones, pensando: «Abrahán es nuestro padre», pues os digo que Dios es capaz de sacar hijos de Abrahán de estas piedras. (Mt 3,8-9)

 

Juan viene a preparar el camino al Señor. Jesucristo es el enviado del Padre  para que se cumpla la promesa de la salvación, que habían anunciado los profetas, pero antes viene el precursor para disponer los corazones a recibir a Cristo.

Juan hace una llamada muy clara a la conversión. Ha llegado el momento de arrepentirse de los pecados. La predicación de Juan está impregnada de la Palabra de Dios, no es una ocurrencia de Juan sino un anuncio de la Palabra, ha venido el Espíritu Santo sobre él. Por eso toca los corazones del pueblo y mucha gente, muchos pecadores,  acuden al desierto para encontrarse con él y escucharlo. Hay que dejar el pecado y empezar a vivir como Dios pide. Los que lo oyen sienten con fuerza esta invitación.

No basta decir que somos hijos de Abraham, nos dice; Dios espera el fruto de nuestra conversión. No bastan las palabras, se necesitan los hechos concretos. Si de verdad me he convertido se notará porque me estoy esforzando en dejar todo pecado y todo lo que me lleva al pecado, buscaré la forma de hacer el bien como Dios espera de mí. No bastan las palabras bonitas, no valen las excusas, hay que dar frutos verdaderos.

Tengo que ver la forma de dejar algún vicio concreto, de acercarme más a Dios, de revisar en serio mi vida para ver todo lo que no es  acorde con el evangelio. Y después me tengo que esforzar en ser más coherente, en amar más a Dios y al prójimo con hechos concretos: más oración, más cercanía a los demás, más compromiso por la justicia… No sólo bastan las palabras hay que ir a la vida.

Nos dice también que la gente confesaba sus pecados. Qué interesante. El Señor nos ha dejado también un sacramento para que podamos confesar nuestros pecados. La conversión también nos lleva a la confesión, porque con este sacramento nos reconciliamos con Dios y él nos vuelve a hacer santos e inmaculados. Es un gran regalo que tenemos que aprovechar para emprender nuestro camino de conversión con fuerzas renovadas.


La llamada a la conversión tiene un objetivo que es recibir al Salvador, a Jesucristo. San Juan proclama su grandeza, no se considera digno de desatar las sandalias y dice que nos bautizará con Espíritu Santo y fuego.

Sigamos, pues, en nuestra preparación interior de Adviento, con la oración y los sacramentos, disponiendo el corazón para recibir al Señor que nos trae el perdón de los pecados y el Espíritu Santo.

 

Ven, Señor y cumple tu promesa de salvación. Libera a nuestro mundo de todo mal, libera a nuestra Iglesia de todo lo que la corrompe para que sea un testimonio vivo de tu amor y tu entrega a los pobres. Ayúdame a reconocer mis pecados para que yo me convierta de corazón y deje las obras de las tinieblas para vivir según el evangelio.

 

 

viernes, 28 de noviembre de 2025

EL DÍA ESTÁ CERCA

 

En los días antes del diluvio, la gente comía y bebía, se casaban los hombres y las mujeres tomaban esposo, hasta el día en que Noé entró en el arca; y cuando menos lo esperaban llegó el diluvio y se los llevó a todos; lo mismo sucederá cuando venga el Hijo del hombre. (Mt 24, 38-40)

 

En cierto modo, también nosotros estamos ahora en un tiempo que podríamos llamar tranquilo, aunque vemos muchas cosas inquietantes. Estamos en nuestros asuntos cotidianos y podemos quedarnos en esto y no mirar más allá. Jesús pone el ejemplo del diluvio, que llegó cuando menos lo esperaban.

Podemos traer a nuestro recuerdo la pandemia, que lo paralizó todo. Teníamos nuestros planes pero un virus hizo que tuviéramos que cambiarlo todo y lo mismo podríamos decir de otras calamidades que nos han tocado vivir, porque, de un tiempo a esta parte han sucedido muchas cosas: el volcán, la riada, las guerras… Todo nos recuerda que en cualquier momento nuestra vida da un cambio inesperado. Lo mismo ocurre con una enfermedad o un accidente.

Estos hechos de la vida nos advierten de algo mucho más grande todavía. Lo que Jesús nos dice en su discurso no se refiere a una catástrofe puntual sino al fin del mundo, a su venida gloriosa.

Para afrontar cualquier circunstancia complicada es necesario estar preparados, pero mucho más para recibir al Señor cuando llegue.

La preparación, en este caso, no es algo material sino tener el corazón dispuesto. Estar preparados supone estar atentos al Señor, a su Palabra y a los signos que nos muestra en la vida diaria, supone orar constantemente y así buscar el bien y evitar el pecado; estar preparados significa estar viviendo el amor al prójimo cada día, con todas sus consecuencias, apartar de nosotros el egoísmo y salir de nosotros mismos buscando el bien de los demás.

Pablo nos dice que la noche está avanzada. Es verdad  que hay mucha violencia, las tinieblas dominan el mundo, o eso parece. La gente se aleja de Dios y busca respuestas en la brujería y las supersticiones, los poderosos se creen dioses y dominan el mundo sin tener en cuenta a Dios. El planeta gime ante tanta destrucción. Pero este avance de la noche nos indica que está cerca el día. Así que no es tiempo de lamentarse sino el momento de ponerse las armas de la luz. Para defendernos de la mentira pongamos siempre la verdad, frente a la violencia el amor, frente al sufrimiento la esperanza, frente a la destrucción de la tierra el trabajo serio por el reino de Dios. Frente a la idolatría, una vida verdaderamente santa que pone al Señor en el centro de todo.

Es la hora de revestirnos del Señor, de acercarnos a Cristo para que él nos toque, nos llene de su gracia y nos envíe al mundo. Revestirnos de su obediencia y de su amor al Padre, revestirnos de su amor al mundo y de su entrega, de la entrega de la vida. Porque el día está cerca.

 

Ven Señor Jesús. Ven a visitar nuestro mundo y a llenarlo de tu luz. Cambia nuestros corazones y haz que volvamos a Dios con sinceridad, porque en el encuentro contigo está la paz y la armonía. Todos iremos a ti para cantar tu gloria y para que tú nos enseñes el camino. Ven Señor Jesús.

sábado, 22 de noviembre de 2025

HOY ESTARÁS CONMIGO EN EL PARAÍSO

 

«Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino».

Jesús le dijo: «En verdad te digo: hoy estarás conmigo en el paraíso». (Lc 23,42-43)

 

Jesucristo es nuestro único rey. El Apocalipsis lo llama rey de reyes y Señor de señores. Como discípulos suyos nos queremos someter a él y su mandato es muy simple: que nos amemos unos a otros. En esto consiste su Reino, en vivir en plenitud el amor. 

No podemos olvidar que fue proclamado rey en la cruz. Aunque los romanos pusieron el letrero para causar horror a la gente, estaban proclamando la verdad, que Jesús es el rey de los judíos y de todo el universo. Pero como le diría a Pilato, su reino no es de este mundo.

También vemos a Jesús en la cruz y un malhechor que lo reconoce como rey divino, y le pide que se acuerde cuando llegue a su Reino. El malhechor comprende que el Reino de Jesús está por encima de la vida y de la muerte. Tendrá ocasión de entrar en él aunque hayan muerto los dos en la cruz.

La respuesta de Jesús es muy significativa: hoy, por lo tanto no tendrá que esperar, el tiempo no cuenta ya en la presencia de Dios. La promesa de Jesús no es para el fin de los tiempos sino para hoy.

Y le dice que estará con él en el paraíso. El paraíso fue el lugar maravilloso donde Dios puso a Adán y Eva, lo perdieron por culpa del pecado pero Jesús lo ha recuperado con su amor y su obediencia.

Esta promesa del paraíso vale también para mí. Yo merezco el castigo por todo el mal que he hecho pero le pido al Señor que se apiade de mí. Reconozco mi pecado y me arrepiento. Su perdón no falla. Está en la cruz para salvarme. 

Aprendo también que la cruz es el trono de mi Señor. Ha pagado un precio muy alto para salvarme y tengo que rendirle el honor y la alabanza porque él es mi rey.

 

Tú eres mi rey, Señor Jesucristo. A ti te rindo el honor y la gloria por siempre. A ti la alabanza y la adoración porque has derramado tu sangre por mí para que yo pueda pertenecer a tu Reino.

 

sábado, 15 de noviembre de 2025

OS DARÉ PALABRAS DE SABIDURÍA

 Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá; con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas. (Lc21,19)

Jesús no hace una promesa de felicidad ingenua. Todo lo contrario, anuncia a sus discípulos toda clase de dificultades y sufrimientos. Todo se presenta como una prueba muy dura y ante esto hace un llamamiento a la perseverancia.

En su mensaje habla de persecuciones y de guerras pero también anuncia la acción de Dios en sus discípulos.  Será la ocasión de dar testimonio, el momento también de comprobar cómo las palabras de sabiduría fluyen sin explicación humana. Diríamos que la prueba y la persecución son también una oportunidad para comprobar la acción de Dios en los que son fieles.

No sabemos qué problemas nos puede traer el futuro. La experiencia nos hace ver que, de pronto, nuestra vida puede dar un cambio por cualquier motivo inesperado y todo se derrumba. 


Ante estas situaciones hay que mantener la fe, hay que ser perseverantes.

Si hemos puesto nuestra felicidad en cosas materiales o en el bienestar de este mundo, todo se nos vendrá abajo.

Pero si hemos puesto nuestro corazón en el Señor, él no nos fallará aunque el mundo entero se derrumbe.

El mensaje de Jesús es difícil de comprender pero si perseveramos en la fe, a pesar de las dificultades podremos hacer la prueba de experimentar también los dones que él mismo nos promete. Salvaremos nuestra alma.


Yo te bendigo, Señor, en todos los momentos de mi vida. También te alabo cuando no comprendo tus designios y sigo confiando en ti aunque sienta que no respondes a mi oración. Tú eres grande y yo soy nada, Tú sabes mejor que yo lo que necesito y no me queda más que confiar siempre en ti. Bendito y alabado seas por siempre.



sábado, 8 de noviembre de 2025

UNA CORRIENTE QUE LLENA DE VIDA

 

Jesús contestó: «Destruid este templo, y en tres días lo levantaré.»

Los judíos replicaron: «Cuarenta y seis años ha costado construir este templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?»

Pero él hablaba del templo de su cuerpo. Y, cuando resucitó de entre los muertos, los discípulos se acordaron de que lo había dicho, y dieron fe a la Escritura y a la palabra que había dicho Jesús. (Jn 2,19-22)

 

San Juan habla de Jesús como un templo: nos dice que hablaba del templo de su cuerpo. Es una forma de decir que el Cuerpo de Jesús es la morada de Dios, el verdadero templo y por lo tanto el lugar más sagrado.

Entendió Juan que lo que había anunciado el Señor era su muerte y resurrección. El templo había sido destruido físicamente, con la violencia a la que fue sometido, pero al tercer día resucitó y  quedó lleno de gloria.

Del costado de Cristo en la cruz salió sangre y agua, así nos lo cuenta también san Juan en su evangelio y podemos entender este hecho con la profecía de Ezequiel que ve manar agua del lado derecho del templo y sale una corriente que purifica y llena de vida todo lo que alcanza.

San Pablo nos dice también que nosotros somos el templo de Dios y por lo tanto también nuestros cuerpos son el lugar más sagrado que existe.

Me hace reflexionar todo esto en la corriente de agua, como una corriente de gracia, de santidad, de pureza, que brota de la Iglesia, que somos todos.


Es la gracia de la oración, que nos pone en contacto directo con Dios, nos llena de su santidad y nos colma de dones extraordinarios.

Es la gracia de la Palabra de Dios, que nos abre la mente a comprender los misterios más profundos y nos ayuda a conocer a Dios y a conocernos a nosotros mismos cada día más.

Es la gracia de los sacramentos, que nos santifican porque nos limpian del pecado y nos llenan del amor de Dios. Sobre todo la Eucaristía, que nos da a Cristo mismo como alimento y nos fortalece con un amor que sería inalcanzable para nosotros.

Es la gracia del amor fraterno, que nos permite mirar a todos los demás como hermanos y nos acerca a los pobres para iluminar al mundo con la Buena Noticia.

Es la gracia del Espíritu Santo, que lo llena todo de vida y de santidad.

La corriente lo sana todo, lo purifica todo y por eso la vida que lleva consigo es la vida eterna, que vence a la muerte y anuncia la Resurrección.

 

Yo te adoro, Señor, te alabo y te bendigo por el don de tu vida, por llenar este mundo con el poder de tu amor infinito y colmarnos con la alegría de tu presencia que nos salva de todo mal. Bendito y alabado seas Señor Padre, Hijo y Espíritu Santo.

 

viernes, 31 de octubre de 2025

UNA MULTITUD INMENSA

 Después miré y había una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de toda nación, razas, pueblos y lenguas, de pie delante del trono y el Cordero, vestidos con vestiduras blancas y con palmas en sus manos. (Ap 7,9)


San Juan nos cuenta esta visión de una muchedumbre inmensa de santos en el cielo. Es posible que nos sintamos abrumados por el mal, y es verdad que existen muchos malos en nuestro mundo. Es triste, es lamentable ver que hay personas que causan sufrimientos tremendos a los demás por su egoísmo o su soberbia. Pero los santos son muchos más, son una muchedumbre inmensa, según esta visión y están en todas partes, en todas las razas y naciones, en todas las lenguas; porque el Espíritu Santo los ha tocado, el amor de Dios no deja de actuar en las personas y el bien es muy superior al mal. 

Tienen vestiduras blancas porque su alma está limpia, se han borrado todos sus pecados y se han llenado del amor divino y tienen palmas en sus manos porque vienen a dar gloria a Dios. Su alegría y su santidad son un motivo para la alabanza.

Nos dice también que adoraron a Dios y cantaron un canto de alabanza. El bien está vinculado a Dios, no puede ser de otra manera, porque Dios es la fuente del amor. Por eso se merece siempre la alabanza y la gloria. Adorar a Dios no es un gesto de humillación sino un reconocimiento agradecido a todo lo que nos ha dado. Es por eso un gesto de alegría, de felicidad, por haber recibido tanto sin merecerlo.


También dice que han lavado sus mantos con la sangre del Cordero. Todos ellos estaban también manchados por sus pecados, pero saben que han sido rescatados por la muerte y la resurrección de Jesucristo. Otro motivo más para la adoración y para reconocer al Señor Jesús como Salvador y Redentor y adorarlo por todo el bien que nos ha hecho.

Al contemplar a esta multitud siento que yo también llegaré a formar parte de ellos. Que tendré la túnica blanca porque Cristo ha derramado su sangre para mi Redención y que adoraré a Dios lleno de gozo porque no hay otra forma de agradecer tanta bendición. 


Yo sé que todavía hay algo en mí del hombre viejo y quiero acercarme a ti para que tú lo limpies con tu sangre que es el fruto de tu amor. Te adoro mi Señor por todo el bien que me has hecho y quiero unirme a ti para que salga de mí todo el mal y entre toda tu bendición y toda tu santidad. Santos y Santas de Dios Rogad por mí y por todos.


sábado, 25 de octubre de 2025

EL QUE SE HUMILLA SERÁ ENALTECIDO


 Os digo que este bajó a su casa justificado, y aquel no. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido». (Lc 18,14)


La parábola va dirigida a los que desprecian a los demás, los que se consideran mejores.

Cuando el papa Francisco decía aquello de todos, todos, todos, tuvo críticas muy duras por parte de muchos sectores de la iglesia. Quiere decir que también entre los católicos hay muchos que consideran que otros no se merecen alcanzar la misericordia de Dios, que la llamada del evangelio es sólo para unos cuantos… no sé. Porque estas críticas al papa tenían que ver con la situación moral de muchas personas, que, ciertamente, están muy lejos del ideal cristiano.

Pienso que esta parábola nos puede hacer pensar a todos. No es el papa el que la propone sino el mismo Cristo.

Tenemos orando al bueno y al pecador. El bueno da gracias a Dios, porque reconoce que su bondad es un don. Podríamos decir que hasta aquí no está mal. Luego hace ver que los demás son grandes pecadores, los trata con desprecio y hasta hace un juicio del publicano, porque sabe muy bien que es un corrupto, un ladrón. Después enumera todas sus buenas acciones. Pero le falta el mandamiento principal, que es el amor al prójimo, le falta la misericordia que es la característica de Dios mismo. Podemos decir que de nada le sirven sus obras piadosas cuando lo que alimentan es su propio ego. En realidad no mira a Dios sino a sí mismo.

El pecador sabe muy bien que no es digno de la misericordia de Dios, no se atreve a levantar la mirada y se da golpes de pecho. Sólo puede esperar que Dios se apiade de él.

Al final, Jesús nos dice que éste fue el que quedó justificado, es decir, el que recibió de Dios la justicia, Dios lo hizo justo, lo hizo santo. El otro, en cambio,no recibió nada, porque se justificaba a sí mismo.

Creo que es toda una lección para los que se empeñan en poner aduanas y en señalar los pecados de los demás, en lugar de mirar a su interior y tratar de superar los propios pecados. Y ahí tenemos que estar todos. Yo pienso como el papa Francisco que la llamada de Dios es para todos, todos, todos. Porque Dios quiere que todos se salven.


Aquí me tienes, Señor, con el peso de mis pecados buscando tu misericordia. Sé lo lejos que estoy del ideal que tú me propones y miro el largo camino que tengo que recorrer todavía. Pero tú eres un Padre que me mira con ternura y me anima a seguir caminando y a seguir superando todos mis defectos.


sábado, 18 de octubre de 2025

EL JUEZ INJUSTO Y LA VIUDA PERSEVERANTE

 

«Fijaos en lo que dice el juez injusto; pues Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos que claman ante él día y noche?; ¿o les dará largas? Os digo que les hará justicia sin tardar. Pero, cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?» (Lc 18,6-8)

 

El Señor quiere que aprendamos a ser perseverantes en la oración. Tenemos que orar siempre, es decir en todo momento, todos los días y a lo largo del día. Orar significa tener en nuestra mente siempre a nuestro Señor. Puesto que amamos al Señor, no podemos dejar de pensar en Él y de querer en todo momento agradarle.

La oración también nos obtiene grandes dones de Dios. Jesús nos dijo que cuando dos se ponen de acuerdo para pedir algo, Dios Padre los escucha y se lo concede. Por eso podemos orar con la confianza de que somos atendidos por un Dios que es Padre, que nos ama y desea concedernos todo lo que necesitamos.

Ocurre que muchas veces nos llega la duda, el desánimo. Hemos pedido la curación de un enfermo y no ha sanado, o hemos suplicado la solución de un conflicto y todo ha empeorado… y esto nos hace pensar que Dios no existe, o que no le importan nuestros problemas.


Es como si el diablo nos dijera al oído que no podemos fiarnos de Dios porque no responde a nuestras oraciones.

Frente a esto, Jesús nos anima a perseverar, a seguir confiando, a insistir, porque Dios nos hará justicia sin tardar.

Termina preguntando si encontrará cuando vuelva esta fe en la tierra. La pregunta es un anuncio de su segunda venida. Mientras llega nos anima a mantener viva la fe, que se mueve siempre en la oscuridad, pero que tiene la certeza de que verdaderamente Dios es bueno y está siempre atento a nosotros.

 

Hoy quiero volver a suplicarte, mi Señor, por la paz en este mundo,  por el fin de los conflictos que tanto sufrimiento traen, quiero suplicar también por las personas atribuladas por tantas cosas que les arrebatan la alegría, por los que se han alejado de ti, por los que están apresados por sus pecados y también por mí, que tengo una fe tan débil y necesito de tu gracia para perseverar en la oración. Sé que me escuchas, confío en ti y acepto todo lo que tú decidas. Tú eres mi Señor y mi Dios y yo te alabo y te doy gracias en todo momento.

sábado, 11 de octubre de 2025

LOS DIEZ LEPROSOS


 Uno de ellos, viendo que estaba curado, se volvió alabando a Dios a grandes gritos y se postró a los pies de Jesús, rostro en tierra, dándole gracias. (Lc 17,15-16)

Por una parte, este relato de forma muy sencilla nos muestra el gran poder de Jesús. Ni siquiera ha tocado a los diez leprosos que le piden ayuda, sino que por el camino se han sanado, ha bastado con obedecerlo. No ha necesitado tampoco pronunciar ni una palabra, tan sólo ha hecho falta su voluntad de sanarlos.

Luego nos muestra el agradecimiento del samaritano que ha vuelto. Reconoce que Jesucristo no es un hombre cualquiera sino alguien que actúa con el poder de Dios. Por eso se volvió alabando a Dios. También descubre a Jesús como Dios y se postra ante él y le da las gracias. Es un gesto de adoración. Éste fue el que se salvó. Todos se curaron de la lepra, pero el que se postró ante Jesus, además de curarse, se salvó.


Esta historia es una llamada para mí a saber reconocer el poder de Jesucristo, mi Señor. Por eso puedo suplicarle por todo lo que necesito, él mismo nos dice que pidamos y que insistamos en nuestra petición. Pero también nos anima a la acción de gracias y a la alabanza. Porque la fe nos permite descubrir que Dios está entre nosotros, la fe es capaz de lograr grandes cosas y por eso merece que le demos gloria a Dios.


Gloria a ti, mi Señor, porque siempre estás cerca de nosotros cuando te necesitamos. Gloria a ti por todos tus dones, por tu presencia, por tu amor y por la esperanza que nos das. Gloria a ti por siempre, Señor Jesús.


domingo, 5 de octubre de 2025

COMO UN GRANITO DE MOSTAZA

 «Si tuvierais fe como un granito de mostaza, diríais a esa morera:

“Arráncate de raíz y plántate en el mar», y os obedecería. (Lc 17,6)

Los discípulos ha visto que el Señor alaba continuamente la fe de los sencillos. Les dice que su fe los ha salvado o valora y pondera la fe de la mujer cananea o la del centurión.

Por el contrario, a ellos les está reprochando siempre su falta de fe.

Es lógico que le pidan que aumente su fe.

Parece que su respuesta es también un reproche. Su fe no es ni siquiera como un grano de mostaza. Aún así, el poder de la fe, aunque sea mínima, es muy grande. Como para realizar cosas increíbles.


El Señor nos anima a ser pacientes, a creer y esperar. Porque su respuesta llegará en el momento oportuno y no fallará.

Oremos y confiemos. Él nos cambiará el corazón, nos traerá la paz, nos sanará de nuestras enfermedades, nos librará de nuestros males, porque sabe lo que necesitamos aunque no se lo pidamos.

Señor, yo soy un pobre siervo que desea hacer tu voluntad. Con tu ayuda sabré aceptar la cruz y esperar en ti. Aumenta mi fe.


sábado, 27 de septiembre de 2025

LÁZARO Y EL RICO

 

Hijo, recuerda que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro, a su vez, males: por eso ahora él es aquí consolado, mientras que tú eres atormentado. (Lc 16,25)

 

 

Esta es una parábola muy sorprendente para mí. Lo digo porque siempre me ha hecho sentir más compasión por el trágico final del rico que por la triste vida del pobre Lázaro.

Creo que Jesús pretendió eso, para removernos la conciencia y hacernos pensar seriamente en lo que está en juego.


Los placeres de esta vida tienen fecha de caducidad pero después nos espera la eternidad, que puede ser de gloria y alegría, de consuelo y paz, o podría también ser de tormento. Todo depende de cómo hayamos vivido en este mundo.

Ya nos animó Jesús a tener un tesoro inagotable en el cielo. Porque nuestra mirada no se puede quedar atrapada en este mundo. Jesucristo ha venido a hablarnos del cielo, de lo que nos espera después de esta vida y es muy bueno que lo escuchemos con interés, porque podríamos vernos en la trágica y triste situación del rico.

¿Qué pecado cometió el rico para ser condenado? No parece que hiciera nada malo: no mató a nadie, no había robado ni mentido… pero tampoco amó a su prójimo. Había cometido el pecado de omisión del que nos acusamos cuando rezamos el “yo confieso”.

Si el mandamiento fundamental es el amor a Dios y al prójimo, es un pecado gravísimo quedarse indiferentes ante el sufrimiento ajeno, un pecado que merece la condena del infierno.

También nosotros tenemos a Moisés y a los profetas para escucharlos, todavía más, hemos conocido a Jesucristo que nos ha revelado el Evangelio: nos ha hablado del amor y la misericordia de nuestro padre Dios y nos anima a ser también misericordiosos como Él. Gracias al evangelio de Jesús hemos conocido que Dios es Padre y que ha tenido una inmensa misericordia con nosotros. No ha sido indiferente a nuestro sufrimiento sino que ha intervenido y ha enviado a su Hijo para que nos salve. Después de conocer algo tan profundo estamos llamados a vivir y practicar el amor y la misericordia como Dios lo ha hecho con cada uno de nosotros.

 

Tú me lo has dado todo, Señor, mi Dios. Te has compadecido de mi pobreza. He estado postrado también lleno de llagas por mi vida errada, pero has salido a mi encuentro para ofrecerme una vida de plenitud contigo. Me has perdonado y me has enriquecido con tus dones santos. Te doy gracias y te alabo para siempre.

sábado, 20 de septiembre de 2025

HIJOS DE LA LUZ

 

Ciertamente, los hijos de este mundo son más astutos con su propia gente que los hijos de la luz. (Lc 16,8)

 

Podríamos ver a los hijos de este mundo como aquellos que se centran en su propio interés y su bienestar. Para lograr sus objetivos están dispuestos a toda clase de esfuerzos y sacrificios. Para lograr una suma de dinero importante estaremos dispuestos a viajar, a madrugar y hasta a pasar noches sin dormir.

Todos somos hijos de este mundo y sabemos movernos para lograr nuestros objetivos. Muchos objetivos son legítimos y necesarios. Pienso en lo que significa estudiar para lograr un puesto de trabajo,  a esto le dedicamos tiempo y años de nuestra vida, porque se trata de algo que consideramos muy importante para nosotros. Sin duda supone un gran sacrificio y un enorme esfuerzo.

Los hijos de la luz son los que quieren que Dios reine en nuestro mundo, los que quieren que el amor triunfe en medio de la violencia y los que se empeñan en alejarse del pecado. Los hijos de la luz llevan alegría por donde van, transmiten consuelo y confianza y son testigos de una esperanza que no defrauda.


También nosotros somos hijos de la luz porque hemos conocido a Jesucristo, porque queremos seguirlo en nuestra vida y tenemos un objetivo muy grande: Que venga su Reino. Porque queremos vernos junto a Él, llenos de gloria, después de esta vida. Aunque estamos en este mundo y nos ocupamos de las cosas del  mundo hemos conocido el evangelio y nos empeñamos en hacerlo realidad.

Este objetivo tan sublime merece, sin duda, todavía más tiempo, más desvelos y mayor dedicación.

 

Espíritu Santo ven a mí. Dame imaginación para saber anunciar el Reino de Dios en medio de este mundo; dame valentía para proclamar siempre la verdad; dame generosidad para despojarme de todo. Dame mucho amor para entregar mi vida a Dios y a los hermanos.

sábado, 13 de septiembre de 2025

LA CRUZ SALVADORA


 Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. (Jn 3, 17)


Seguimos contemplando con dolor el sufrimiento, las lágrimas de mucha gente por todo el mundo. Seguimos viendo impotentes el poder del pecado, la acción del demonio entre nosotros. 

Sabemos que el pecado también está en nosotros. Nos quejamos de Dios y solemos culparlo de nuestros problemas. Sí, nos ha regalado muchos bienes pero siempre algo va mal y nos quejamos y protestamos. Pero Dios es paciente con nosotros. Ya sabe cómo vamos a reaccionar. No se sorprende. Y sigue en su empeño por librarnos de esta atadura del pecado. 

Por eso Jesús nos recuerda que él ha venido para salvarnos y ha elegido la cruz como señal de amor y entrega. Ante la herida del pecado que nos trae el veneno del dolor, él está en la cruz para que lo miremos y quedemos sanados.

El relato de la serpiente de bronce que Moisés puso en un estandarte es una profecía de Cristo en la cruz que nos salva del poder del pecado y nos devuelve la salud y la alegría.

La cruz no representa para nosotros el horror y la muerte sino el amor inmenso de Dios que nos devuelve la vida.


En la cruz está la vida y el consuelo y ella sola es el camino para el cielo. (Santa Teresa de Jesús)