sábado, 18 de octubre de 2025

EL JUEZ INJUSTO Y LA VIUDA PERSEVERANTE

 

«Fijaos en lo que dice el juez injusto; pues Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos que claman ante él día y noche?; ¿o les dará largas? Os digo que les hará justicia sin tardar. Pero, cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?» (Lc 18,6-8)

 

El Señor quiere que aprendamos a ser perseverantes en la oración. Tenemos que orar siempre, es decir en todo momento, todos los días y a lo largo del día. Orar significa tener en nuestra mente siempre a nuestro Señor. Puesto que amamos al Señor, no podemos dejar de pensar en Él y de querer en todo momento agradarle.

La oración también nos obtiene grandes dones de Dios. Jesús nos dijo que cuando dos se ponen de acuerdo para pedir algo, Dios Padre los escucha y se lo concede. Por eso podemos orar con la confianza de que somos atendidos por un Dios que es Padre, que nos ama y desea concedernos todo lo que necesitamos.

Ocurre que muchas veces nos llega la duda, el desánimo. Hemos pedido la curación de un enfermo y no ha sanado, o hemos suplicado la solución de un conflicto y todo ha empeorado… y esto nos hace pensar que Dios no existe, o que no le importan nuestros problemas.


Es como si el diablo nos dijera al oído que no podemos fiarnos de Dios porque no responde a nuestras oraciones.

Frente a esto, Jesús nos anima a perseverar, a seguir confiando, a insistir, porque Dios nos hará justicia sin tardar.

Termina preguntando si encontrará cuando vuelva esta fe en la tierra. La pregunta es un anuncio de su segunda venida. Mientras llega nos anima a mantener viva la fe, que se mueve siempre en la oscuridad, pero que tiene la certeza de que verdaderamente Dios es bueno y está siempre atento a nosotros.

 

Hoy quiero volver a suplicarte, mi Señor, por la paz en este mundo,  por el fin de los conflictos que tanto sufrimiento traen, quiero suplicar también por las personas atribuladas por tantas cosas que les arrebatan la alegría, por los que se han alejado de ti, por los que están apresados por sus pecados y también por mí, que tengo una fe tan débil y necesito de tu gracia para perseverar en la oración. Sé que me escuchas, confío en ti y acepto todo lo que tú decidas. Tú eres mi Señor y mi Dios y yo te alabo y te doy gracias en todo momento.

No hay comentarios:

Publicar un comentario