sábado, 20 de septiembre de 2025

HIJOS DE LA LUZ

 

Ciertamente, los hijos de este mundo son más astutos con su propia gente que los hijos de la luz. (Lc 16,8)

 

Podríamos ver a los hijos de este mundo como aquellos que se centran en su propio interés y su bienestar. Para lograr sus objetivos están dispuestos a toda clase de esfuerzos y sacrificios. Para lograr una suma de dinero importante estaremos dispuestos a viajar, a madrugar y hasta a pasar noches sin dormir.

Todos somos hijos de este mundo y sabemos movernos para lograr nuestros objetivos. Muchos objetivos son legítimos y necesarios. Pienso en lo que significa estudiar para lograr un puesto de trabajo,  a esto le dedicamos tiempo y años de nuestra vida, porque se trata de algo que consideramos muy importante para nosotros. Sin duda supone un gran sacrificio y un enorme esfuerzo.

Los hijos de la luz son los que quieren que Dios reine en nuestro mundo, los que quieren que el amor triunfe en medio de la violencia y los que se empeñan en alejarse del pecado. Los hijos de la luz llevan alegría por donde van, transmiten consuelo y confianza y son testigos de una esperanza que no defrauda.


También nosotros somos hijos de la luz porque hemos conocido a Jesucristo, porque queremos seguirlo en nuestra vida y tenemos un objetivo muy grande: Que venga su Reino. Porque queremos vernos junto a Él, llenos de gloria, después de esta vida. Aunque estamos en este mundo y nos ocupamos de las cosas del  mundo hemos conocido el evangelio y nos empeñamos en hacerlo realidad.

Este objetivo tan sublime merece, sin duda, todavía más tiempo, más desvelos y mayor dedicación.

 

Espíritu Santo ven a mí. Dame imaginación para saber anunciar el Reino de Dios en medio de este mundo; dame valentía para proclamar siempre la verdad; dame generosidad para despojarme de todo. Dame mucho amor para entregar mi vida a Dios y a los hermanos.

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