viernes, 5 de septiembre de 2025

RENUNCIAR A TODOS LOS BIENES

 Así pues, todo aquel de entre vosotros que no renuncia a todos sus bienes no puede ser discípulo mío». (Lc 14,33)


Si vamos recordando la lectura del Evangelio de los últimos domingos podemos poner en contexto las palabras de Jesús. Nos anima a ser ricos para Dios, a tener un tesoro inagotable en el cielo, a entrar por la puerta estrecha.


Las palabras de hoy, poniendo unas condiciones muy exigentes para ser discípulos suyos, se pueden entender en este mismo sentido. 

Las parábolas que propone del que va a construir una torre o va a la batalla, nos indican que hay que hacer cálculos. Se trata de una decisión muy importante: ser discípulos y tener un tesoro en el cielo, exige renunciar a todos los bienes. No sólo a los secundarios o superficiales sino incluso a la propia familia y a la propia persona. Todavía más, exige cargar con la cruz. Ésta sí que es una puerta muy estrecha.

Así que tenemos que hacer nuestros cálculos. 

¿Queremos ser discípulos de Jesús, tenerlo por maestro y aprender a vivir cómo él?

Ciertamente su proyecto, el Reino de Dios, es un ideal para dedicar la vida entera. Nuestros deseos y nuestros pensamientos están heridos por el pecado. Para seguir a Jesús tenemos que vaciarnos y dejar que sea él quien nos guíe.

Poniendo en una balanza lo que dejamos y lo que recibimos entenderemos que sólo ser discípulos de Jesús puede llenar de sentido la vida.

No es fácil dejarlo todo. Este mundo y sus bienes me atrapan. Pero yo quiero ser fiel a tu llamada. Lléname de la sabiduría que me da el Espíritu Santo.


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