«Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino».
Jesús le dijo: «En verdad te digo: hoy estarás conmigo en el paraíso». (Lc 23,42-43)
Jesucristo es nuestro
único rey. El Apocalipsis lo llama rey de reyes y Señor de señores. Como
discípulos suyos nos queremos someter a él y su mandato es muy simple: que nos
amemos unos a otros. En esto consiste su Reino, en vivir en plenitud el amor.
No podemos olvidar que fue proclamado rey en la cruz. Aunque los romanos pusieron el letrero para causar horror a la gente, estaban proclamando la verdad, que Jesús es el rey de los judíos y de todo el universo. Pero como le diría a Pilato, su reino no es de este mundo.
También vemos a Jesús en la cruz y un malhechor que lo reconoce como rey divino, y le pide que se acuerde cuando llegue a su Reino. El malhechor comprende que el Reino de Jesús está por encima de la vida y de la muerte. Tendrá ocasión de entrar en él aunque hayan muerto los dos en la cruz.
La respuesta de Jesús es muy significativa: hoy, por lo tanto no tendrá que esperar, el tiempo no cuenta ya en la presencia de Dios. La promesa de Jesús no es para el fin de los tiempos sino para hoy.
Y le dice que estará con él en el paraíso. El paraíso fue el lugar maravilloso donde Dios puso a Adán y Eva, lo perdieron por culpa del pecado pero Jesús lo ha recuperado con su amor y su obediencia.
Esta promesa del paraíso vale también para mí. Yo merezco el castigo por todo el mal que he hecho pero le pido al Señor que se apiade de mí.
Reconozco mi pecado y me arrepiento. Su perdón no falla. Está en la cruz para salvarme.
Aprendo también que la cruz es el trono de mi Señor. Ha pagado un precio muy alto para salvarme y tengo que rendirle el honor y la alabanza porque él es mi rey.
Tú eres mi rey, Señor Jesucristo. A ti te rindo el honor y la
gloria por siempre. A ti la alabanza y la adoración porque has derramado tu
sangre por mí para que yo pueda pertenecer a tu Reino.

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