sábado, 22 de febrero de 2025

AMAD A VUESTROS ENEMIGOS

 

Amad a vuestros enemigos, haced el bien y prestad sin esperar nada; tendréis un gran premio y seréis hijos del Altísimo, que es bueno con los malvados y desagradecidos. Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo; no juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados; dad, y se os dará: os verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante. La medida que uséis, la usarán con vosotros.» (Lc 6,35-38)

 

La esperanza cristiana no se queda en esta vida, porque nosotros hemos conocido a Cristo Resucitado y esperamos también la vida eterna. Sabemos por eso que la bondad y el amor que hayamos tenido serán también lo que Dios nos recompensará cuando llegue el momento del juicio.

Jesucristo ha venido para mostrarnos el amor del Padre y nos ha enseñado cómo Dios es compasivo, por encima de todo, cómo ha puesto empeño en salvarnos al precio más alto, derramando su propia sangre por nosotros. Él no ha venido para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. Él ha entregado su vida por nosotros cuando todavía éramos pecadores, porque tenía que ser así para librarnos del pecado.

Ahora, después de haber conocido esto sólo nos queda acoger esta salvación y responder con el mismo amor que hemos recibido.


La propuesta del evangelio es muy radical, es verdad pero hemos conocido el amor que lo cambia todo en la persona de Jesús. El discípulo de Cristo sólo tiene lugar en su corazón para amar y no cabe otra cosa, no puede haber lugar para el rencor ni para el deseo de mal alguno sobre nadie. El amor se extiende a todos, incluso a sus enemigos porque el Señor nos ha amado y nos ha redimido cuando todavía éramos enemigos por nuestros pecados.

Lo mismo que el maestro, que hasta se ha dado en alimento, el discípulo tiene que darlo todo y estar dispuesto a perderlo todo, a perdonarlo todo. Así seremos una imagen viva del amor de Dios que se desborda y nos deja sin palabras.

En medio de tantos insultos que hoy se pueden ver en distintos ambientes, ante la violencia que desgraciadamente es noticia cada día, ante la injusticia que sigue dominando en muchos lugares, Jesucristo nos propone una revolución: el amor. El papa Francisco nos propone la revolución de la ternura. ¿Creemos que es posible? ¿Pensamos que tiene sentido algo así?

 

Cambia mi corazón, Señor Jesús, transforma mi mente para que pueda comprender bien todo lo que has hecho por mí y esté dispuesto a seguir siempre tus pasos. Dame una fe grande para que tus Palabras penetren hasta lo más profundo de mi alma y muevan todo mi ser a cumplir tu voluntad.

 

1 comentario:

  1. Jesús nos deja la enseñanza del perdón,la caridad,la paciencia y el amor"Amar a nuestros enemigos"
    Dame Jesús la fé, para acercarme cada momento y día de mi vida más a tí,que comprenda tus palabras y me lleguen al corazón,de tal manera que sea capaz de cumplir tus enseñanzas
    Que el Espíritu Santo nos ilumine

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