Amad a vuestros enemigos, haced el bien y prestad sin esperar nada; tendréis un gran premio y seréis hijos del Altísimo, que es bueno con los malvados y desagradecidos. Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo; no juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados; dad, y se os dará: os verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante. La medida que uséis, la usarán con vosotros.» (Lc 6,35-38)
La esperanza cristiana no se queda en esta
vida, porque nosotros hemos conocido a Cristo Resucitado y esperamos también la
vida eterna. Sabemos por eso que la bondad y el amor que hayamos tenido serán
también lo que Dios nos recompensará cuando llegue el momento del juicio.
Jesucristo ha venido para mostrarnos el
amor del Padre y nos ha enseñado cómo Dios es compasivo, por encima de todo, cómo
ha puesto empeño en salvarnos al precio más alto, derramando su propia sangre
por nosotros. Él no ha venido para juzgar al mundo, sino para que el mundo se
salve por él. Él ha entregado su vida por nosotros cuando todavía éramos
pecadores, porque tenía que ser así para librarnos del pecado.
Ahora, después de haber conocido esto sólo
nos queda acoger esta salvación y responder con el mismo amor que hemos
recibido.
La propuesta del evangelio es muy radical, es verdad pero hemos conocido el amor que lo cambia todo en la persona de Jesús. El discípulo de Cristo sólo tiene lugar en su corazón para amar y no cabe otra cosa, no puede haber lugar para el rencor ni para el deseo de mal alguno sobre nadie. El amor se extiende a todos, incluso a sus enemigos porque el Señor nos ha amado y nos ha redimido cuando todavía éramos enemigos por nuestros pecados.
Lo mismo que el maestro, que hasta se ha
dado en alimento, el discípulo tiene que darlo todo y estar dispuesto a
perderlo todo, a perdonarlo todo. Así seremos una imagen viva del amor de Dios
que se desborda y nos deja sin palabras.
En medio de tantos insultos que hoy se
pueden ver en distintos ambientes, ante la violencia que desgraciadamente es
noticia cada día, ante la injusticia que sigue dominando en muchos lugares,
Jesucristo nos propone una revolución: el amor. El papa Francisco nos propone
la revolución de la ternura. ¿Creemos que es posible? ¿Pensamos que tiene
sentido algo así?
Cambia mi
corazón, Señor Jesús, transforma mi mente para que pueda comprender bien todo
lo que has hecho por mí y esté dispuesto a seguir siempre tus pasos. Dame una
fe grande para que tus Palabras penetren hasta lo más profundo de mi alma y muevan
todo mi ser a cumplir tu voluntad.

Jesús nos deja la enseñanza del perdón,la caridad,la paciencia y el amor"Amar a nuestros enemigos"
ResponderEliminarDame Jesús la fé, para acercarme cada momento y día de mi vida más a tí,que comprenda tus palabras y me lleguen al corazón,de tal manera que sea capaz de cumplir tus enseñanzas
Que el Espíritu Santo nos ilumine