«Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Este es aquel de quien yo dije: “Tras de mí viene un hombre que está por delante de mí, porque existía antes que yo”. (Jn 1,29-30)
San Juan Bautista da testimonio de Jesús. Lo señala como el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, como el que ha recibido el Espíritu Santo y también bautiza con Espíritu Santo, termina afirmando que es el Hijo de Dios.
La divinidad de Jesucristo y su gloria como Hijo de Dios ha sido constante en nuestras celebraciones de Navidad, también hemos celebrado su bautismo en el que fue ungido con el Espíritu Santo.
El testimonio del Bautista lo señala primero como el Cordero de Dios, la víctima del sacrificio para quitar los pecados del mundo. Los corderos de la antigua alianza tenían sentido porque estaban anunciando al verdadero Cordero, que es Cristo.
El sacrificio de Cristo comienza con su venida al mundo. Como dice el salmo de hoy, “no quieres sacrificios ni ofrendas por eso digo Aquí estoy para hacer tu voluntad”.
Pero también tendrá su momento culminante en el Calvario, cuando Jesús entregue su vida como un sacrificio. En este sentido se entiende también la Eucaristía como un sacrificio, que quita el pecado del mundo. Así lo proclamamos antes de la comunión y cantamos que Jesucristo es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.
El Cordero también aparece lleno de gloria en el libro del Apocalipsis, como el Cordero que ha sido degollado pero está de pie y tiene el poder y la gloria. Es por tanto Cristo resucitado y glorioso.
También el Bautista nos presenta a Jesús como el que nos va a dar el Espíritu Santo y por eso nos va a hacer santos. Viene a quitar los pecados y a santificarnos con el Espíritu, así se entiende que Pablo considere a los que invocan el nombre de Jesús como santos.
Una vez más siento una gran admiración y un gran agradecimiento por todo lo que el Señor ha hecho por nosotros.
Alabado seas, Señor Jesucristo, Cordero manso y humilde que nos has dado la vida. Ayúdame a seguir tus pasos y a vivir la santidad que me has concedido haciendo de mi vida un sacrificio de verdad, dedicando toda mi existencia a hacer tu voluntad, a vivir el amor y la fraternidad y llevar a los pobres la luz del Evangelio.

Alabado seas mi Señor,por habernos dado sacerdotes santos en quien reflejarnos para seguirte a ti
ResponderEliminarGracias Dios mío por tu gran amor 🙏🌟💖
ResponderEliminar