sábado, 8 de noviembre de 2025

UNA CORRIENTE QUE LLENA DE VIDA

 

Jesús contestó: «Destruid este templo, y en tres días lo levantaré.»

Los judíos replicaron: «Cuarenta y seis años ha costado construir este templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?»

Pero él hablaba del templo de su cuerpo. Y, cuando resucitó de entre los muertos, los discípulos se acordaron de que lo había dicho, y dieron fe a la Escritura y a la palabra que había dicho Jesús. (Jn 2,19-22)

 

San Juan habla de Jesús como un templo: nos dice que hablaba del templo de su cuerpo. Es una forma de decir que el Cuerpo de Jesús es la morada de Dios, el verdadero templo y por lo tanto el lugar más sagrado.

Entendió Juan que lo que había anunciado el Señor era su muerte y resurrección. El templo había sido destruido físicamente, con la violencia a la que fue sometido, pero al tercer día resucitó y  quedó lleno de gloria.

Del costado de Cristo en la cruz salió sangre y agua, así nos lo cuenta también san Juan en su evangelio y podemos entender este hecho con la profecía de Ezequiel que ve manar agua del lado derecho del templo y sale una corriente que purifica y llena de vida todo lo que alcanza.

San Pablo nos dice también que nosotros somos el templo de Dios y por lo tanto también nuestros cuerpos son el lugar más sagrado que existe.

Me hace reflexionar todo esto en la corriente de agua, como una corriente de gracia, de santidad, de pureza, que brota de la Iglesia, que somos todos.


Es la gracia de la oración, que nos pone en contacto directo con Dios, nos llena de su santidad y nos colma de dones extraordinarios.

Es la gracia de la Palabra de Dios, que nos abre la mente a comprender los misterios más profundos y nos ayuda a conocer a Dios y a conocernos a nosotros mismos cada día más.

Es la gracia de los sacramentos, que nos santifican porque nos limpian del pecado y nos llenan del amor de Dios. Sobre todo la Eucaristía, que nos da a Cristo mismo como alimento y nos fortalece con un amor que sería inalcanzable para nosotros.

Es la gracia del amor fraterno, que nos permite mirar a todos los demás como hermanos y nos acerca a los pobres para iluminar al mundo con la Buena Noticia.

Es la gracia del Espíritu Santo, que lo llena todo de vida y de santidad.

La corriente lo sana todo, lo purifica todo y por eso la vida que lleva consigo es la vida eterna, que vence a la muerte y anuncia la Resurrección.

 

Yo te adoro, Señor, te alabo y te bendigo por el don de tu vida, por llenar este mundo con el poder de tu amor infinito y colmarnos con la alegría de tu presencia que nos salva de todo mal. Bendito y alabado seas Señor Padre, Hijo y Espíritu Santo.

 

2 comentarios:

  1. Gracias Dios mío por tu gran amor 🙏💖✨

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  2. Amén cada día comprendido más la palabra Gracias Dios

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