sábado, 27 de diciembre de 2025

SAGRADA FAMILIA

 

José se levantó, cogió al niño y a su madre, de noche, se fue a Egipto y se quedó hasta la muerte de Herodes. Así se cumplió lo que dijo el Señor por el profeta: «Llamé a mi hijo, para que saliera de Egipto.» (Mt 2,14-15)

 

En estos días de Navidad estamos contemplando la gloria del Señor, Dios que se ha hecho hombre, el Verbo divino que se ha hecho carne porque Dios es amor y quiere estar entre nosotros y quiere también que nosotros estemos con Él.

Al hacerse hombre ha querido formar parte de una familia humana y ha querido compartir también la dureza de la vida en este mundo. Siendo Dios ha aparecido débil y necesitado de protección. Y el Evangelio nos lo presenta así, pequeñito en brazos de su madre, perseguido por Herodes y protegido por san José que entendió muy bien su misión de cuidar del Salvador del mundo.


Para mí es inevitable ante este relato recordar a los niños que hoy también están huyendo del peligro. Herodes ha quedado en nuestro recuerdo como un rey cruel y despiadado, al que no le importa ni siquiera el sufrimiento de los inocentes, con tal de conservar el poder. Pero, tristemente, hoy sigue habiendo nuevos Herodes, que siembran el horror y el sufrimiento de muchos niños y muchas familias, que se ven obligados a huir de su tierra para salvar la vida.

Nuestro Salvador Jesucristo ha querido ser solidario con todos los que sufren, con todos los perseguidos y con todas las víctimas de la injusticia. Cuando llegue el día del juicio nos recordará que lo que hicimos con todas estas personas indefensas lo hicimos con él mismo.

Hoy día de la Sagrada Familia podemos recordarnos bien los valores que aprendemos de esta familia de Nazaret: el amor y la unión, que hay en ellos; la confianza en Dios y la obediencia a su voluntad; el sacrificio de unos por  otros. Este amor y esta confianza en Dios son una gran fortaleza ante las dificultades.

También siento la llamada a abrir mis ojos ante tantas familias que pasan por graves problemas y que necesitan nuestra solidaridad y nuestra cercanía.

 

Señor Jesucristo, una vez más quiero cantar tu alabanza al descubrir que has elegido estar entre los últimos, que tu lugar no está en los palacios sino en los lugares donde la gente sufre, porque has venido a salvarnos de los pecados que  nos esclavizan.

 

sábado, 20 de diciembre de 2025

SALVARÁ A SU PUEBLO DE LOS PECADOS

 

«José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados.»(Mt 1,20-21)

 

El ángel le revela en sueños a San José el misterio de la persona de Jesucristo. Después a lo largo de los siglos tendremos tiempo de reflexionar y se irán proclamando los distintos dogmas. Pero en este sueño de forma muy elemental se le dice a José quién es el niño que hay en el vientre de la Virgen María.

Le dice que es una criatura que viene del Espíritu Santo. María conserva su virginidad y José no tiene nada que temer, al contrario, tiene la dicha de ser el elegido de Dios para cuidar del Salvador.

Al ser Hijo de Dios está diciendo que es “Dios con nosotros”, tal y como lo había profetizado Isaías, pero al haberse formado en el vientre de la Virgen este niño es también un hombre con todas las consecuencias y viene con toda la historia sobre su persona, por eso tiene unos antepasados y se puede decir que es de la descendencia de David, como también se había anunciado en el Antiguo Testamento.


José le pondrá el nombre, Jesús, que significa Dios Salva, porque Jesús viene a salvar al pueblo de los pecados. Por lo tanto, también revela el ángel la misión del Mesías que va a nacer, no viene a condenar a los malos sino a salvar a su pueblo, que somos todos, de los pecados.

Yo me atrevo a decir que nos salvará de los pecados que hemos cometido en nuestra vida y también a las consecuencias de los pecados que nos hacen sufrir y llenan el mundo de tinieblas, también del pecado original que hizo que la creación entera quedara deformada.

 

Alabado y adorado seas, Señor Jesús, que siendo Dios quisiste hacerte hombre, para librarnos de las tinieblas que nos cubrían. Alabado y bendito seas porque nos traes la alegría de poder vivir la vida nueva. Te esperamos y cantamos para ti.

sábado, 13 de diciembre de 2025

LO QUE ESTAMOS VIENDO Y OYENDO

 

Id a anunciar a Juan lo que estáis viendo y oyendo: los ciegos ven, y los inválidos andan; los leprosos quedan limpios, y los sordos oyen; los muertos resucitan, y a los pobres se les anuncia el Evangelio. ¡Y bienaventurado el que no se escandalice de mí!» (Mt 11,4-6)

 

Hoy es un domingo que nos invita a la alegría. Estamos alegres porque esperamos en el Señor. Hemos recibido buenas noticias. Los profetas ya lo habían anunciado. En medio del desierto de nuestros pecados y nuestras penas, el Señor en persona vendrá a llenarlo todo de vida y de alegría. Vendrá a sanar nuestras enfermedades y a dar la buena noticia a los pobres. No importa que seamos miedosos y cobardes, no importa que seamos débiles porque es el Señor el que viene con todo su poder a transformarlo todo. Sí, verdaderamente tenemos un anuncio, por parte de Dios que nos anima a la confianza y nos transmite esperanza en medio del dolor y del pecado.

Juan Bautista ha sido el precursor del Señor, como lo anunciaron los profetas y, estando en la cárcel, quiere que sus discípulos reconozcan al Mesías que es Jesucristo. Por eso los envía a preguntarle para que ellos lo escuchen de su propia boca. La respuesta del Señor no es una teoría, es la muestra de todo lo que está haciendo, tal como lo habían anunciado los profetas: los ciegos ven y los inválidos andan... Con él ha llegado la alegría del Reino de Dios, se van los males que atormentan a la gente, viene la salud y la vida. 

El que tenga unas expectativas distintas se puede escandalizar. Tal vez algunos esperaban un Reino en sentido humano, o pensaban que vendría a castigar a los pecadores, pero no,  él no ha venido a castigar a los malos sino a dar alegría a los pobres y enfermos. 

Ahora bien, este mensaje tan esperanzador choca seguramente con nuestra realidad de cada día. No somos ingenuos, sabemos que siguen los sufrimientos, sabemos que las cosas no se solucionan de forma tan rápida y vemos cómo los enfermos empeoran y la gente sigue sufriendo y muriendo. Por eso el apóstol Santiago nos anima a tener paciencia, a mirar cómo los antiguos profetas esperaron y confiaron en el Señor en medio de muchos sufrimientos. Podemos tener como ejemplo al mismo Jesucristo, que confió en el Padre y siguió adelante hasta morir en la cruz.

Hoy es un día de alegría, porque seguimos creyendo y confiando en el Señor que nunca nos va a defraudar, aunque no veamos signos evidentes sabemos que él no deja de actuar para nuestro bien.

 

Hoy quiero poner ante ti a todas las personas que me piden oración por tantas pruebas duras que están viviendo. Yo quiero llenarme con la alegría que tu Palabra me promete, pero soy débil y cobarde de corazón. Te pido que sostengas mi pobre fe para que no me desanime ante los fracasos y no decaiga en mí la esperanza que tú me has traído.

 

 

sábado, 6 de diciembre de 2025

FRUTOS DE CONVERSIÓN

 

Dad el fruto que pide la conversión. Y no os hagáis ilusiones, pensando: «Abrahán es nuestro padre», pues os digo que Dios es capaz de sacar hijos de Abrahán de estas piedras. (Mt 3,8-9)

 

Juan viene a preparar el camino al Señor. Jesucristo es el enviado del Padre  para que se cumpla la promesa de la salvación, que habían anunciado los profetas, pero antes viene el precursor para disponer los corazones a recibir a Cristo.

Juan hace una llamada muy clara a la conversión. Ha llegado el momento de arrepentirse de los pecados. La predicación de Juan está impregnada de la Palabra de Dios, no es una ocurrencia de Juan sino un anuncio de la Palabra, ha venido el Espíritu Santo sobre él. Por eso toca los corazones del pueblo y mucha gente, muchos pecadores,  acuden al desierto para encontrarse con él y escucharlo. Hay que dejar el pecado y empezar a vivir como Dios pide. Los que lo oyen sienten con fuerza esta invitación.

No basta decir que somos hijos de Abraham, nos dice; Dios espera el fruto de nuestra conversión. No bastan las palabras, se necesitan los hechos concretos. Si de verdad me he convertido se notará porque me estoy esforzando en dejar todo pecado y todo lo que me lleva al pecado, buscaré la forma de hacer el bien como Dios espera de mí. No bastan las palabras bonitas, no valen las excusas, hay que dar frutos verdaderos.

Tengo que ver la forma de dejar algún vicio concreto, de acercarme más a Dios, de revisar en serio mi vida para ver todo lo que no es  acorde con el evangelio. Y después me tengo que esforzar en ser más coherente, en amar más a Dios y al prójimo con hechos concretos: más oración, más cercanía a los demás, más compromiso por la justicia… No sólo bastan las palabras hay que ir a la vida.

Nos dice también que la gente confesaba sus pecados. Qué interesante. El Señor nos ha dejado también un sacramento para que podamos confesar nuestros pecados. La conversión también nos lleva a la confesión, porque con este sacramento nos reconciliamos con Dios y él nos vuelve a hacer santos e inmaculados. Es un gran regalo que tenemos que aprovechar para emprender nuestro camino de conversión con fuerzas renovadas.


La llamada a la conversión tiene un objetivo que es recibir al Salvador, a Jesucristo. San Juan proclama su grandeza, no se considera digno de desatar las sandalias y dice que nos bautizará con Espíritu Santo y fuego.

Sigamos, pues, en nuestra preparación interior de Adviento, con la oración y los sacramentos, disponiendo el corazón para recibir al Señor que nos trae el perdón de los pecados y el Espíritu Santo.

 

Ven, Señor y cumple tu promesa de salvación. Libera a nuestro mundo de todo mal, libera a nuestra Iglesia de todo lo que la corrompe para que sea un testimonio vivo de tu amor y tu entrega a los pobres. Ayúdame a reconocer mis pecados para que yo me convierta de corazón y deje las obras de las tinieblas para vivir según el evangelio.