viernes, 28 de noviembre de 2025

EL DÍA ESTÁ CERCA

 

En los días antes del diluvio, la gente comía y bebía, se casaban los hombres y las mujeres tomaban esposo, hasta el día en que Noé entró en el arca; y cuando menos lo esperaban llegó el diluvio y se los llevó a todos; lo mismo sucederá cuando venga el Hijo del hombre. (Mt 24, 38-40)

 

En cierto modo, también nosotros estamos ahora en un tiempo que podríamos llamar tranquilo, aunque vemos muchas cosas inquietantes. Estamos en nuestros asuntos cotidianos y podemos quedarnos en esto y no mirar más allá. Jesús pone el ejemplo del diluvio, que llegó cuando menos lo esperaban.

Podemos traer a nuestro recuerdo la pandemia, que lo paralizó todo. Teníamos nuestros planes pero un virus hizo que tuviéramos que cambiarlo todo y lo mismo podríamos decir de otras calamidades que nos han tocado vivir, porque, de un tiempo a esta parte han sucedido muchas cosas: el volcán, la riada, las guerras… Todo nos recuerda que en cualquier momento nuestra vida da un cambio inesperado. Lo mismo ocurre con una enfermedad o un accidente.

Estos hechos de la vida nos advierten de algo mucho más grande todavía. Lo que Jesús nos dice en su discurso no se refiere a una catástrofe puntual sino al fin del mundo, a su venida gloriosa.

Para afrontar cualquier circunstancia complicada es necesario estar preparados, pero mucho más para recibir al Señor cuando llegue.

La preparación, en este caso, no es algo material sino tener el corazón dispuesto. Estar preparados supone estar atentos al Señor, a su Palabra y a los signos que nos muestra en la vida diaria, supone orar constantemente y así buscar el bien y evitar el pecado; estar preparados significa estar viviendo el amor al prójimo cada día, con todas sus consecuencias, apartar de nosotros el egoísmo y salir de nosotros mismos buscando el bien de los demás.

Pablo nos dice que la noche está avanzada. Es verdad  que hay mucha violencia, las tinieblas dominan el mundo, o eso parece. La gente se aleja de Dios y busca respuestas en la brujería y las supersticiones, los poderosos se creen dioses y dominan el mundo sin tener en cuenta a Dios. El planeta gime ante tanta destrucción. Pero este avance de la noche nos indica que está cerca el día. Así que no es tiempo de lamentarse sino el momento de ponerse las armas de la luz. Para defendernos de la mentira pongamos siempre la verdad, frente a la violencia el amor, frente al sufrimiento la esperanza, frente a la destrucción de la tierra el trabajo serio por el reino de Dios. Frente a la idolatría, una vida verdaderamente santa que pone al Señor en el centro de todo.

Es la hora de revestirnos del Señor, de acercarnos a Cristo para que él nos toque, nos llene de su gracia y nos envíe al mundo. Revestirnos de su obediencia y de su amor al Padre, revestirnos de su amor al mundo y de su entrega, de la entrega de la vida. Porque el día está cerca.

 

Ven Señor Jesús. Ven a visitar nuestro mundo y a llenarlo de tu luz. Cambia nuestros corazones y haz que volvamos a Dios con sinceridad, porque en el encuentro contigo está la paz y la armonía. Todos iremos a ti para cantar tu gloria y para que tú nos enseñes el camino. Ven Señor Jesús.

sábado, 22 de noviembre de 2025

HOY ESTARÁS CONMIGO EN EL PARAÍSO

 

«Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino».

Jesús le dijo: «En verdad te digo: hoy estarás conmigo en el paraíso». (Lc 23,42-43)

 

Jesucristo es nuestro único rey. El Apocalipsis lo llama rey de reyes y Señor de señores. Como discípulos suyos nos queremos someter a él y su mandato es muy simple: que nos amemos unos a otros. En esto consiste su Reino, en vivir en plenitud el amor. 

No podemos olvidar que fue proclamado rey en la cruz. Aunque los romanos pusieron el letrero para causar horror a la gente, estaban proclamando la verdad, que Jesús es el rey de los judíos y de todo el universo. Pero como le diría a Pilato, su reino no es de este mundo.

También vemos a Jesús en la cruz y un malhechor que lo reconoce como rey divino, y le pide que se acuerde cuando llegue a su Reino. El malhechor comprende que el Reino de Jesús está por encima de la vida y de la muerte. Tendrá ocasión de entrar en él aunque hayan muerto los dos en la cruz.

La respuesta de Jesús es muy significativa: hoy, por lo tanto no tendrá que esperar, el tiempo no cuenta ya en la presencia de Dios. La promesa de Jesús no es para el fin de los tiempos sino para hoy.

Y le dice que estará con él en el paraíso. El paraíso fue el lugar maravilloso donde Dios puso a Adán y Eva, lo perdieron por culpa del pecado pero Jesús lo ha recuperado con su amor y su obediencia.

Esta promesa del paraíso vale también para mí. Yo merezco el castigo por todo el mal que he hecho pero le pido al Señor que se apiade de mí. Reconozco mi pecado y me arrepiento. Su perdón no falla. Está en la cruz para salvarme. 

Aprendo también que la cruz es el trono de mi Señor. Ha pagado un precio muy alto para salvarme y tengo que rendirle el honor y la alabanza porque él es mi rey.

 

Tú eres mi rey, Señor Jesucristo. A ti te rindo el honor y la gloria por siempre. A ti la alabanza y la adoración porque has derramado tu sangre por mí para que yo pueda pertenecer a tu Reino.

 

sábado, 15 de noviembre de 2025

OS DARÉ PALABRAS DE SABIDURÍA

 Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá; con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas. (Lc21,19)

Jesús no hace una promesa de felicidad ingenua. Todo lo contrario, anuncia a sus discípulos toda clase de dificultades y sufrimientos. Todo se presenta como una prueba muy dura y ante esto hace un llamamiento a la perseverancia.

En su mensaje habla de persecuciones y de guerras pero también anuncia la acción de Dios en sus discípulos.  Será la ocasión de dar testimonio, el momento también de comprobar cómo las palabras de sabiduría fluyen sin explicación humana. Diríamos que la prueba y la persecución son también una oportunidad para comprobar la acción de Dios en los que son fieles.

No sabemos qué problemas nos puede traer el futuro. La experiencia nos hace ver que, de pronto, nuestra vida puede dar un cambio por cualquier motivo inesperado y todo se derrumba. 


Ante estas situaciones hay que mantener la fe, hay que ser perseverantes.

Si hemos puesto nuestra felicidad en cosas materiales o en el bienestar de este mundo, todo se nos vendrá abajo.

Pero si hemos puesto nuestro corazón en el Señor, él no nos fallará aunque el mundo entero se derrumbe.

El mensaje de Jesús es difícil de comprender pero si perseveramos en la fe, a pesar de las dificultades podremos hacer la prueba de experimentar también los dones que él mismo nos promete. Salvaremos nuestra alma.


Yo te bendigo, Señor, en todos los momentos de mi vida. También te alabo cuando no comprendo tus designios y sigo confiando en ti aunque sienta que no respondes a mi oración. Tú eres grande y yo soy nada, Tú sabes mejor que yo lo que necesito y no me queda más que confiar siempre en ti. Bendito y alabado seas por siempre.



sábado, 8 de noviembre de 2025

UNA CORRIENTE QUE LLENA DE VIDA

 

Jesús contestó: «Destruid este templo, y en tres días lo levantaré.»

Los judíos replicaron: «Cuarenta y seis años ha costado construir este templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?»

Pero él hablaba del templo de su cuerpo. Y, cuando resucitó de entre los muertos, los discípulos se acordaron de que lo había dicho, y dieron fe a la Escritura y a la palabra que había dicho Jesús. (Jn 2,19-22)

 

San Juan habla de Jesús como un templo: nos dice que hablaba del templo de su cuerpo. Es una forma de decir que el Cuerpo de Jesús es la morada de Dios, el verdadero templo y por lo tanto el lugar más sagrado.

Entendió Juan que lo que había anunciado el Señor era su muerte y resurrección. El templo había sido destruido físicamente, con la violencia a la que fue sometido, pero al tercer día resucitó y  quedó lleno de gloria.

Del costado de Cristo en la cruz salió sangre y agua, así nos lo cuenta también san Juan en su evangelio y podemos entender este hecho con la profecía de Ezequiel que ve manar agua del lado derecho del templo y sale una corriente que purifica y llena de vida todo lo que alcanza.

San Pablo nos dice también que nosotros somos el templo de Dios y por lo tanto también nuestros cuerpos son el lugar más sagrado que existe.

Me hace reflexionar todo esto en la corriente de agua, como una corriente de gracia, de santidad, de pureza, que brota de la Iglesia, que somos todos.


Es la gracia de la oración, que nos pone en contacto directo con Dios, nos llena de su santidad y nos colma de dones extraordinarios.

Es la gracia de la Palabra de Dios, que nos abre la mente a comprender los misterios más profundos y nos ayuda a conocer a Dios y a conocernos a nosotros mismos cada día más.

Es la gracia de los sacramentos, que nos santifican porque nos limpian del pecado y nos llenan del amor de Dios. Sobre todo la Eucaristía, que nos da a Cristo mismo como alimento y nos fortalece con un amor que sería inalcanzable para nosotros.

Es la gracia del amor fraterno, que nos permite mirar a todos los demás como hermanos y nos acerca a los pobres para iluminar al mundo con la Buena Noticia.

Es la gracia del Espíritu Santo, que lo llena todo de vida y de santidad.

La corriente lo sana todo, lo purifica todo y por eso la vida que lleva consigo es la vida eterna, que vence a la muerte y anuncia la Resurrección.

 

Yo te adoro, Señor, te alabo y te bendigo por el don de tu vida, por llenar este mundo con el poder de tu amor infinito y colmarnos con la alegría de tu presencia que nos salva de todo mal. Bendito y alabado seas Señor Padre, Hijo y Espíritu Santo.