Os digo que este bajó a su casa justificado, y aquel no. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido». (Lc 18,14)
La parábola va dirigida a los que desprecian a los demás, los que se consideran mejores.
Cuando el papa Francisco decía aquello de todos, todos, todos, tuvo críticas muy duras por parte de muchos sectores de la iglesia. Quiere decir que también entre los católicos hay muchos que consideran que otros no se merecen alcanzar la misericordia de Dios, que la llamada del evangelio es sólo para unos cuantos… no sé. Porque estas críticas al papa tenían que ver con la situación moral de muchas personas, que, ciertamente, están muy lejos del ideal cristiano.
Pienso que esta parábola nos puede hacer pensar a todos. No es el papa el que la propone sino el mismo Cristo.
Tenemos orando al bueno y al pecador. El bueno da gracias a Dios, porque reconoce que su bondad es un don. Podríamos decir que hasta aquí no está mal. Luego hace ver que los demás son grandes pecadores, los trata con desprecio y hasta hace un juicio del publicano, porque sabe muy bien que es un corrupto, un ladrón. Después enumera todas sus buenas acciones. Pero le falta el mandamiento principal, que es el amor al prójimo, le falta la misericordia que es la característica de Dios mismo. Podemos decir que de nada le sirven sus obras piadosas cuando lo que alimentan es su propio ego. En realidad no mira a Dios sino a sí mismo.
El pecador sabe muy bien que no es digno de la misericordia de Dios, no se atreve a levantar la mirada y se da golpes de pecho. Sólo puede esperar que Dios se apiade de él.
Al final, Jesús nos dice que éste fue el que quedó justificado, es decir, el que recibió de Dios la justicia, Dios lo hizo justo, lo hizo santo. El otro, en cambio,no recibió nada, porque se justificaba a sí mismo.Creo que es toda una lección para los que se empeñan en poner aduanas y en señalar los pecados de los demás, en lugar de mirar a su interior y tratar de superar los propios pecados. Y ahí tenemos que estar todos. Yo pienso como el papa Francisco que la llamada de Dios es para todos, todos, todos. Porque Dios quiere que todos se salven.
Aquí me tienes, Señor, con el peso de mis pecados buscando tu misericordia. Sé lo lejos que estoy del ideal que tú me propones y miro el largo camino que tengo que recorrer todavía. Pero tú eres un Padre que me mira con ternura y me anima a seguir caminando y a seguir superando todos mis defectos.

Enrique .muchas gracias
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