sábado, 30 de agosto de 2025

EL QUE SE HUMILLA SERÁ ENSALZADO

 Cuando des un banquete, invita a pobres, lisiados, cojos y ciegos; y serás bienaventurado, porque no pueden pagarte; te pagarán en la resurrección de los justos». (Lc 14,13-14)


Hoy encuentro dos llamadas interesantes en el mensaje de Jesús. Primero la humildad, buscar el último lugar. Habla incluso de humillarse. 

No puedo evitar ver reflejado en esta enseñanza al mismo Jesús. Él se humilló y se rebajó hasta el punto de nacer en un pesebre como los más pobres y de morir en una cruz como los criminales, pero también Dios lo ensalzó y lo colmó de gloria sentándolo a su derecha. 

También veo aquí reflejada a María. Ella es la mujer humilde de Nazaret y salta de alegría porque Dios ha mirado su humillación y ha hecho maravillas en su persona. Así la vamos felicitando generación tras generación porque es la mujer más grande de toda la historia; ella es la esclava del Señor que nos ha traído al Salvador y la proclamamos como Reina y Señora de todo lo creado.

Podemos repasar la vida de los santos y encontramos en todos ellos este espíritu de humildad, se han esforzado en hacerse pequeños para entrar por la puerta estrecha; han despreciado las grandezas humanas porque sabían bien que su sitio tenía que estar entre los pobres y oprimidos.

Esta es la llamada para mí en este día. 


En segundo lugar habla de buscar a los pobres y desvalidos porque ellos no podrán corresponder y recibiremos la paga cuando llegue la resurrección de los justos.

Del mismo modo encuentro el ejemplo de todo esto en el mismo Jesús y en su madre. Siempre dispuestos a darse a los más necesitados sin buscar ni esperar ninguna recompensa. Ni siquiera un reconocimiento o un agradecimiento. Así es como se acumula una gran riqueza en el cielo.


Señor, miro mi vida y creo que es una vida sencilla, pero también descubro que la meta que me has propuesto es mucho más alta. Tengo que seguir corriendo en esta carrera para algún día alcanzarla. Dame el espíritu de la santa pobreza y de la verdadera humildad. 


viernes, 22 de agosto de 2025

LA PUERTA ESTRECHA

 Esforzaos en entrar por la puerta estrecha, pues os digo que muchos intentarán entrar y no podrán. (Lc 13,24)

Nos presenta el texto de hoy un final desolador, para hacernos una llamada fuerte a entrar por la puerta estrecha. Pensemos bien lo triste que será ver a los santos en el cielo y a todos los que han sido dignos de la vida eterna allí junto a Dios y nosotros encontrarnos fuera, en las tinieblas. Es terrible, es muy triste. Es como la tragedia del rico que es torturado en el infierno y ve a Lázaro consolado en el seno de Abraham.

Para que esto no ocurra hay que esforzarse y entrar por la puerta estrecha. Porque lo fácil no nos va a dar la salvación sino la perdición. Y no basta con haber sido más o menos buenos y haber participado en actos de piedad; no vale lo de hemos comido y bebido contigo si no ha habido una verdadera entrega y un auténtico sacrificio. Así que pensemos qué significa entrar por la puerta estrecha y tratemos de ponerlo en práctica.

Teniendo en cuenta todas las enseñanzas de domingos anteriores podemos pensar en esa puerta estrecha con algunas ideas más concretas;

Recordemos a María sentada a los pies de Jesús y entenderemos que aquí tenemos la puerta estrecha de la oración y la escucha de la Palabra, frente a un ambiente que parece que ignora a Dios. Seamos fieles en tener una relación de amistad con el Señor y dejemos que él nos vaya formando el espíritu con sus palabras de vida. Tengamos cada día un tiempo para estar con él en oración y así elegiremos la mejor parte.

Pensando en el hombre que acumulaba y le pidieron la vida encontramos otra puerta estrecha, la austeridad. Frente al deseo de tener cada vez más y disfrutar de lo material se nos propone vivir con sencillez y no de forma egoísta, porque no nos vamos a llevar nada cuando dejemos este mundo.

Tuvimos también la llamada a vender los bienes y dar limosna. Esta es también la puerta estrecha. La caridad fraterna, el dar a los demás con generosidad, la fraternidad no sólo consiste en dar una cantidad sino en sentir al prójimo como un hermano. Recordemos la parábola del Buen Samaritano y el mandato de Jesús: haz tú lo mismo.


La puerta ancha del egoísmo, del olvido de Dios y la búsqueda del placer y el interés conduce a la perdición; terminará con la tristeza de ver a todos felices en el cielo y nosotros en las tinieblas. Pero la puerta estrecha de la oración, la sencillez y el amor fraterno nos llevarán a la alegría del Reino de Dios con Jesús, María y todos los santos.

Yo quiero estar contigo, ésa es la meta de mi vida. Tú eres el tesoro escondido que he encontrado y sólo quiero tenerte a ti. Te busco en el interior de mi corazón, en el silencio y en la soledad y te encuentro también en los hermanos y en la alegría de estar con ellos. Bendito seas, alabado seas mi Señor y mi Dios.


sábado, 16 de agosto de 2025

HE VENIDO A PRENDER FUEGO A LA TIERRA

 «He venido a prender fuego a la tierra, ¡y cuánto deseo que ya esté ardiendo! Con un bautismo tengo que ser bautizado, ¡y qué angustia sufro hasta que se cumpla! (Lc 12,49-50)


Sería muy atrayente un mensaje que nos prometa una vida feliz y pacífica sin problemas de ninguna clase. Pero Jesucristo no nos va a dar un mensaje engañoso. El que quiera ser discípulo suyo tiene que estar dispuesto a perderlo todo y cargar con la cruz.

En la carta a los Hebreos se nos anima a fijar en Jesús nuestra mirada. Después de oírle hablar de prender fuego en el mundo y del bautismo que tiene que vivir, entendemos que Jesús nos pide seguir su destino, pero no es una tragedia sino una purificación. El fuego lo purifica todo, el bautismo lo limpia todo. Así se da paso a algo nuevo: una criatura nueva, un mundo nuevo: El Reino de Dios.

Por ese motivo el autor de Hebreos nos dice que corramos en la carrera renunciando a todo lo que estorba. Nuestra vida es una carrera hacia el encuentro con el Señor y esto supone dejar atrás muchas cosas que nos estorban y pelear duramente contra el pecado, hasta llegar a la sangre si hace falta.


Por eso, estas palabras duras que hablan de fuego y de división no dejan de ser una buena noticia, porque el fuego viene a destruir el pecado y el mal en nosotros para dar paso a una nueva humanidad de paz y gloria, junto a Jesucristo; el bautismo nos lava del pecado y nos hace personas nuevas para poder entrar en la presencia de Dios, nos hace santos ante él.

Estoy aquí, Señor, en mi pelea contra el pecado. Una pelea que me lleva a proclamar el evangelio como la luz que necesita nuestro mundo, para que se sienta la llamada a la conversión y te busquen a ti, único Salvador y Señor. Una pelea que llevo cada día conmigo mismo para poder desprenderme de todo lo que me ata a este mundo y me aleja de ti, para poder liberarme de todo y correr con energía hacia la meta, que eres tú.


viernes, 8 de agosto de 2025

UN TESORO INAGOTABLE EN EL CIELO

Vended vuestros bienes y dad limosna; haceos bolsas que no se estropeen, y un tesoro inagotable en el cielo, adonde no se acercan los ladrones ni roe la polilla. Porque donde está vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón. (Lc 12,33-34)

El otro día meditábamos la parábola del hombre que había conseguido muchos bienes pero esa noche le pedían la vida. Jesús concluyó diciendo que así es todo el que acumula para sí y no es rico ante Dios.

Con la enseñanza de hoy, podemos comprender mejor cómo hacernos ricos ante Dios. Para esto nos insiste el Señor en que hay que estar en vela. Decididos a hacer aquello que nos manda nuestro Señor, con la certeza de que llegará en el momento que menos esperemos.

Estar en vela es una llamada importante a no quedarnos dormidos, que sería como decir que las cosas de este mundo no nos distraigan de lo verdaderamente importante que es obedecer a Dios.

Nos hace una propuesta muy radical: vended vuestros bienes y dad limosna. Fue lo mismo que le dijo al joven rico. Esto se puede decir de otra forma: despegaos de las cosas materiales, porque Dios ya os ha dado el Reino y lo demás no tiene importancia. Ciertamente, lo que tenemos es un don que hemos recibido y Dios nos lo ha dado para que lo pongamos al servicio del Reino, para que hagamos un mundo mejor.


Cuando actuamos así, en la medida que nos vamos despojando de las cosas de este mundo para alegrar la vida de los hermanos, entonces estamos acumulando un tesoro en el cielo. Un tesoro inagotable, dice el Señor.

Mientras que en el mundo se provocan guerras por el afán desmedido de poder, o se crean divisiones que enfrentan a unos con otros, o se busca el interés personal a costa de los pobres, la Palabra de Dios nos dice que estemos en vela, porque el Señor vendrá a pedir cuentas a cada uno de lo que ha hecho.

Concédeme Señor, ser constructor de paz y de fraternidad. Pon un amor tan grande en mi corazón que esté dispuesto a darlo todo por tu Reino. Un amor que me lleve a perdonar siempre, a mirar a todos como hermanos y a acercarme a los pobres con un corazón como el tuyo.


sábado, 2 de agosto de 2025

RICOS PARA DIOS

 “Necio, esta noche te van a reclamar el alma, y ¿de quién será lo que has preparado?”.

Así es el que atesora para SÍ y no es rico ante Dios».(Lc 12,20-21)

Jesús nos cuenta una parábola muy clara y muy sencilla con una gran enseñanza. Un hombre ha acumulado riquezas pero le llega la hora de su muerte y no le van a servir de nada.

Humanamente nos interesan las cosas materiales porque nos proporcionan seguridad. Pienso en la gente que veo viviendo en la calle sin saber si podrán comer hoy, o en los que viven en lugares de extrema pobreza y comprendo que es normal que nos preocupemos de tener lo necesario para vivir.

El problema viene cuando nos dedicamos a acumular, cuando nos puede la codicia y el afán de tener cosas. Porque suele suceder que cuando tenemos algo siempre deseamos algo más y nunca estamos satisfechos del todo.

Lo mismo que vemos a gente que no tiene nada, encontramos a otros que viven en medio de lujos y grandezas. Los ricos que tienen de todo y les sobra todo: grandes mansiones, grandes coches, sirvientes y toda clase de comodidades y placeres.

El Evangelio, ante todo esto, tiene un mensaje muy claro. Jesús nos propone atesorar de otra manera, no para acumular bienes  materiales, que se quedan y se mueren en este mundo, sino para hacernos ricos ante Dios. Nos propone tener el tesoro en el cielo, o como nos dice Pablo, aspirar a los bienes de arriba y no a los de la tierra.

Podemos recordar que al joven rico Jesús le propuso darlo todo para tener un tesoro en el cielo.

Los tesoros del cielo se van acumulando cuando el amor es el que marca nuestra vida de cada día, cuando somos capaces de desprendernos de nuestras cosas para dedicarnos a hacer el bien, cuando nuestro tiempo está dedicado a sanar y liberar a los demás de sus heridas, cuando Dios es el centro de nuestra vida y tenemos a Jesucristo por Señor y maestro. En definitiva cuando hemos conocido a Jesucristo y queremos seguirlo con todas sus consecuencias. Es entonces cuando descubrimos la grandeza y la belleza de lo que él nos da y vemos la vanidad de las cosas de este mundo.

Si nuestro tesoro está en el cielo, el día que Dios nos pida la vida tendremos una gran alegría por encontrarnos con él.

Señor y Dios mío. Conocerte a ti es todo lo que necesito. Estar contigo, escucharte y seguirte. Ése es mi tesoro. El tesoro es tan valioso que me ha hecho dejarlo todo para quedarme contigo.