«Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos». (Jn 20-23I
Después de la Resurrección, Jesucristo cumple la promesa de enviar el Espíritu Santo.
San Juan lo presenta soplando sobre los apóstoles y dándoles el poder de perdonar los pecados. El soplo me recuerda también aquel soplo de Dios sobre Adán que lo convirtió en ser vivo. En este momento es el soplo de Dios también que les concede unos dones especiales.
El poder de perdonar los pecados es el mismo poder de Jesucristo y yo me atrevo a decir que contiene todos los demás poderes. Intento explicarme.
El pecado es el principio de todo el mal. Por él ha entrado en el mundo el sufrimiento, la enfermedad y la muerte. Jesús ha venido al mundo para redimirnos del pecado y también alcanzarnos la felicidad y la vida eterna.
Tener el poder de perdonar los pecados es también tener el poder de sanar la enfermedad y de ofrecer la vida eterna. Librarnos del pecado es el primer paso para alcanzar toda la plenitud de la gracia.
El Espíritu Santo viene a nosotros en este día y nos limpia por dentro haciéndonos santos y libres como Jesús, y nos otorga los diferentes carismas para construir la Iglesia que hace presente a Cristo en medio del mundo.
Envía tu Espíritu, Señor, sobre nosotros, tu pueblo elegido. Llénanos de la sabiduría que necesitamos para comunicar a este mundo nuestro tus grandezas y que todos lo puedan comprender. Envía tu Espíritu para que cause admiración entre todos y te busquen y encuentren en ti todo lo que tú quieres darnos.
Después de tu Resurrección,nos has dejado tú Espíritu, a través de la oración, notamos tú presencia,guianos Madre, tú que estuviste presente junto con los apóstoles,cuando en forma de lenguas de fuego se depositó sobre la cabeza de cada apóstol . Qué sepamos cumplir con lo que quieras de nosotros
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