El
Señor seguirá librándome de todo mal, me salvará y me llevará a su reino del
cielo. A él la gloria por los siglos de los siglos. Amén. (2Tim 4,18)
Estas
Palabras de Pablo también podían ser aplicadas a Pedro. En esta fiesta de los
dos santos apóstoles podemos reflexionar sobre el balance de su vida.
Los
dos tienen un pasado de pecado: Pedro negó al Señor, Pablo persiguió con saña a
los cristianos. Pero los dos fueron alcanzados por su amor que los transformó y
a partir de ahí dedicaron su vida a anunciar su Palabra y no tuvieron miedo a
morir por su nombre.
Pablo
hace un balance positivo: ha combatido bien el combate. Este combate tiene que
ver con todas las dificultades que ha padecido por el nombre de Jesús pero
también es el combate contra sus propias tentaciones. Ha salido victorioso de
todo porque ha estado siempre protegido por el Señor que lo ha enviado y no lo
ha dejado solo. Pedro podría decir las mismas palabras.
En realidad no ha sido mérito de ninguno de los dos: ha sido la gracia del Señor que ha actuado en ellos.
Yo me he puesto también a hacer
un balance de mi vida y de mi respuesta a la llamada de Dios. Y creo que
también tengo un balance positivo. No voy a ser engreído. No he hecho todo lo
que me propuse, no he vivido la pobreza como fue mi ideal, no he sido el
místico que deseaba ser, no he sido el apóstol que me había imaginado. Pero he
respondido a la llamada, he renunciado a muchas cosas y he estado siempre donde
Dios ha querido que esté. Ha sido él quien ha guiado mis pasos y quien ha hecho
posible mi ministerio. El día de mi ordenación el obispo dijo: el que comenzó en ti la obra buena, que él
mismo la lleve a término.
Tal
vez, si hubiera logrado todos mis objetivos ahora estaría orgulloso de mí, de
mis aciertos y del gran servicio prestado al Reino de Dios. Pero todo ha sido
diferente y lo único que puedo ver son las acciones del Señor en mi pobre
persona. Por eso me siento agradecido a Dios por el don de la vocación y por
haber estado conmigo en todo momento.
En esta fiesta de los dos grandes
apóstoles te pido Señor por el papa León para que lo sigas asistiendo para el
bien de tu Iglesia. Ayúdanos a ser obedientes y fieles a su enseñanza con una
mirada de fe en tu Palabra.


