Mis
ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen, y yo les doy la
vida eterna; no perecerán para siempre, y nadie las arrebatará de mi mano. (Jn
10,27-28)
En la vida siempre he
necesitado alguien en quien confiar y en quien apoyarme. No puedo andar solo,
no puedo tomar las decisiones importantes sin pedir al menos consejo, no puedo
valerme solo para todo. Siempre necesito a alguien y tengo que buscar ayuda. Me
imagino la situación de las ovejas cuando no tienen pastor, cómo están
desorientadas, cómo se sienten perdidas… yo me siento muchas veces así.
Necesito quien me enseñe a caminar por la vida, quien me muestre el camino;
pero también necesito quien me cure de mis dolores y me busque cuando me
pierdo, necesito quien me proteja de los peligros. Por eso soy como una oveja
que necesita un pastor.
Y aquí se me presenta
Jesucristo, el Señor. Él es quien me guía por el camino de la vida, quien me
levanta si caigo, quien me sana si estoy herido, quien me limpia y me alimenta,
quien me protege de todos los peligros. Si lo tengo a él ya no tengo nada que
temer. Y por otra parte: ¡qué triste si me alejo! menos mal que también me
busca cuando me pierdo. Con él todo está asegurado.
Él me conoce mejor que yo mismo
y no se asusta de mis fragilidades sino que me tiende su mano para que me
levante siempre que caigo. Es verdad que también me hace enfrentarme con mis
zonas más oscuras, que a veces yo no quiero reconocer, porque también quiere
corregirme; pero no para condenarme sino para ayudarme a superarme y caminar
con más firmeza.
Nadie me arrebatará de su mano.
Mira que yo le he dado motivos para que se canse de mí, pero no. Ha derramado
su sangre para rescatarme y ganarme la vida eterna. Ha pagado por mí un precio
muy alto y no va a permitir que el mal me aleje de él. Mis dudas, mis crisis, mis noches oscuras…
todo esto culminará en una fe más limpia, en una entrega más sincera y en una
esperanza más firme.
El Buen Pastor no se queda sólo
en una experiencia espiritual. El Señor ha querido hacerse visible de forma
sacramental. Para que yo no me sienta perdido me ha puesto en el camino a
muchos sacerdotes, que son verdaderos padres y guías para mí, verdaderos apoyos
que me hacen sentir la presencia de Cristo muy activa en el camino de mi vida. El
Buen Pastor se deja reconocer también en las comunidades cristianas a las que
acompaño, en todos los discípulos que las forman con sus diferentes formas de
ser, que también me aportan luz y apoyo en el deseo de hacer real el Evangelio.
Escuchar
tu voz es muy grato para mí, Señor Jesús mi Pastor. Yo soy demasiado exigente
conmigo pero veo cómo tú eres muy paciente. A mí me cuesta mucho perdonarme y
tú, sin embargo, me perdonas fácilmente y confías en mí más que yo mismo. Escuchar
tu voz es dulce y agradable porque me permite sentir dentro la fuerza de un amor
que está dispuesto a darme y perdonarme todo para sanarme y hacer de mí una
persona nueva y fuerte.
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