viernes, 31 de octubre de 2025

UNA MULTITUD INMENSA

 Después miré y había una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de toda nación, razas, pueblos y lenguas, de pie delante del trono y el Cordero, vestidos con vestiduras blancas y con palmas en sus manos. (Ap 7,9)


San Juan nos cuenta esta visión de una muchedumbre inmensa de santos en el cielo. Es posible que nos sintamos abrumados por el mal, y es verdad que existen muchos malos en nuestro mundo. Es triste, es lamentable ver que hay personas que causan sufrimientos tremendos a los demás por su egoísmo o su soberbia. Pero los santos son muchos más, son una muchedumbre inmensa, según esta visión y están en todas partes, en todas las razas y naciones, en todas las lenguas; porque el Espíritu Santo los ha tocado, el amor de Dios no deja de actuar en las personas y el bien es muy superior al mal. 

Tienen vestiduras blancas porque su alma está limpia, se han borrado todos sus pecados y se han llenado del amor divino y tienen palmas en sus manos porque vienen a dar gloria a Dios. Su alegría y su santidad son un motivo para la alabanza.

Nos dice también que adoraron a Dios y cantaron un canto de alabanza. El bien está vinculado a Dios, no puede ser de otra manera, porque Dios es la fuente del amor. Por eso se merece siempre la alabanza y la gloria. Adorar a Dios no es un gesto de humillación sino un reconocimiento agradecido a todo lo que nos ha dado. Es por eso un gesto de alegría, de felicidad, por haber recibido tanto sin merecerlo.


También dice que han lavado sus mantos con la sangre del Cordero. Todos ellos estaban también manchados por sus pecados, pero saben que han sido rescatados por la muerte y la resurrección de Jesucristo. Otro motivo más para la adoración y para reconocer al Señor Jesús como Salvador y Redentor y adorarlo por todo el bien que nos ha hecho.

Al contemplar a esta multitud siento que yo también llegaré a formar parte de ellos. Que tendré la túnica blanca porque Cristo ha derramado su sangre para mi Redención y que adoraré a Dios lleno de gozo porque no hay otra forma de agradecer tanta bendición. 


Yo sé que todavía hay algo en mí del hombre viejo y quiero acercarme a ti para que tú lo limpies con tu sangre que es el fruto de tu amor. Te adoro mi Señor por todo el bien que me has hecho y quiero unirme a ti para que salga de mí todo el mal y entre toda tu bendición y toda tu santidad. Santos y Santas de Dios Rogad por mí y por todos.


sábado, 25 de octubre de 2025

EL QUE SE HUMILLA SERÁ ENALTECIDO


 Os digo que este bajó a su casa justificado, y aquel no. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido». (Lc 18,14)


La parábola va dirigida a los que desprecian a los demás, los que se consideran mejores.

Cuando el papa Francisco decía aquello de todos, todos, todos, tuvo críticas muy duras por parte de muchos sectores de la iglesia. Quiere decir que también entre los católicos hay muchos que consideran que otros no se merecen alcanzar la misericordia de Dios, que la llamada del evangelio es sólo para unos cuantos… no sé. Porque estas críticas al papa tenían que ver con la situación moral de muchas personas, que, ciertamente, están muy lejos del ideal cristiano.

Pienso que esta parábola nos puede hacer pensar a todos. No es el papa el que la propone sino el mismo Cristo.

Tenemos orando al bueno y al pecador. El bueno da gracias a Dios, porque reconoce que su bondad es un don. Podríamos decir que hasta aquí no está mal. Luego hace ver que los demás son grandes pecadores, los trata con desprecio y hasta hace un juicio del publicano, porque sabe muy bien que es un corrupto, un ladrón. Después enumera todas sus buenas acciones. Pero le falta el mandamiento principal, que es el amor al prójimo, le falta la misericordia que es la característica de Dios mismo. Podemos decir que de nada le sirven sus obras piadosas cuando lo que alimentan es su propio ego. En realidad no mira a Dios sino a sí mismo.

El pecador sabe muy bien que no es digno de la misericordia de Dios, no se atreve a levantar la mirada y se da golpes de pecho. Sólo puede esperar que Dios se apiade de él.

Al final, Jesús nos dice que éste fue el que quedó justificado, es decir, el que recibió de Dios la justicia, Dios lo hizo justo, lo hizo santo. El otro, en cambio,no recibió nada, porque se justificaba a sí mismo.

Creo que es toda una lección para los que se empeñan en poner aduanas y en señalar los pecados de los demás, en lugar de mirar a su interior y tratar de superar los propios pecados. Y ahí tenemos que estar todos. Yo pienso como el papa Francisco que la llamada de Dios es para todos, todos, todos. Porque Dios quiere que todos se salven.


Aquí me tienes, Señor, con el peso de mis pecados buscando tu misericordia. Sé lo lejos que estoy del ideal que tú me propones y miro el largo camino que tengo que recorrer todavía. Pero tú eres un Padre que me mira con ternura y me anima a seguir caminando y a seguir superando todos mis defectos.


sábado, 18 de octubre de 2025

EL JUEZ INJUSTO Y LA VIUDA PERSEVERANTE

 

«Fijaos en lo que dice el juez injusto; pues Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos que claman ante él día y noche?; ¿o les dará largas? Os digo que les hará justicia sin tardar. Pero, cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?» (Lc 18,6-8)

 

El Señor quiere que aprendamos a ser perseverantes en la oración. Tenemos que orar siempre, es decir en todo momento, todos los días y a lo largo del día. Orar significa tener en nuestra mente siempre a nuestro Señor. Puesto que amamos al Señor, no podemos dejar de pensar en Él y de querer en todo momento agradarle.

La oración también nos obtiene grandes dones de Dios. Jesús nos dijo que cuando dos se ponen de acuerdo para pedir algo, Dios Padre los escucha y se lo concede. Por eso podemos orar con la confianza de que somos atendidos por un Dios que es Padre, que nos ama y desea concedernos todo lo que necesitamos.

Ocurre que muchas veces nos llega la duda, el desánimo. Hemos pedido la curación de un enfermo y no ha sanado, o hemos suplicado la solución de un conflicto y todo ha empeorado… y esto nos hace pensar que Dios no existe, o que no le importan nuestros problemas.


Es como si el diablo nos dijera al oído que no podemos fiarnos de Dios porque no responde a nuestras oraciones.

Frente a esto, Jesús nos anima a perseverar, a seguir confiando, a insistir, porque Dios nos hará justicia sin tardar.

Termina preguntando si encontrará cuando vuelva esta fe en la tierra. La pregunta es un anuncio de su segunda venida. Mientras llega nos anima a mantener viva la fe, que se mueve siempre en la oscuridad, pero que tiene la certeza de que verdaderamente Dios es bueno y está siempre atento a nosotros.

 

Hoy quiero volver a suplicarte, mi Señor, por la paz en este mundo,  por el fin de los conflictos que tanto sufrimiento traen, quiero suplicar también por las personas atribuladas por tantas cosas que les arrebatan la alegría, por los que se han alejado de ti, por los que están apresados por sus pecados y también por mí, que tengo una fe tan débil y necesito de tu gracia para perseverar en la oración. Sé que me escuchas, confío en ti y acepto todo lo que tú decidas. Tú eres mi Señor y mi Dios y yo te alabo y te doy gracias en todo momento.

sábado, 11 de octubre de 2025

LOS DIEZ LEPROSOS


 Uno de ellos, viendo que estaba curado, se volvió alabando a Dios a grandes gritos y se postró a los pies de Jesús, rostro en tierra, dándole gracias. (Lc 17,15-16)

Por una parte, este relato de forma muy sencilla nos muestra el gran poder de Jesús. Ni siquiera ha tocado a los diez leprosos que le piden ayuda, sino que por el camino se han sanado, ha bastado con obedecerlo. No ha necesitado tampoco pronunciar ni una palabra, tan sólo ha hecho falta su voluntad de sanarlos.

Luego nos muestra el agradecimiento del samaritano que ha vuelto. Reconoce que Jesucristo no es un hombre cualquiera sino alguien que actúa con el poder de Dios. Por eso se volvió alabando a Dios. También descubre a Jesús como Dios y se postra ante él y le da las gracias. Es un gesto de adoración. Éste fue el que se salvó. Todos se curaron de la lepra, pero el que se postró ante Jesus, además de curarse, se salvó.


Esta historia es una llamada para mí a saber reconocer el poder de Jesucristo, mi Señor. Por eso puedo suplicarle por todo lo que necesito, él mismo nos dice que pidamos y que insistamos en nuestra petición. Pero también nos anima a la acción de gracias y a la alabanza. Porque la fe nos permite descubrir que Dios está entre nosotros, la fe es capaz de lograr grandes cosas y por eso merece que le demos gloria a Dios.


Gloria a ti, mi Señor, porque siempre estás cerca de nosotros cuando te necesitamos. Gloria a ti por todos tus dones, por tu presencia, por tu amor y por la esperanza que nos das. Gloria a ti por siempre, Señor Jesús.


domingo, 5 de octubre de 2025

COMO UN GRANITO DE MOSTAZA

 «Si tuvierais fe como un granito de mostaza, diríais a esa morera:

“Arráncate de raíz y plántate en el mar», y os obedecería. (Lc 17,6)

Los discípulos ha visto que el Señor alaba continuamente la fe de los sencillos. Les dice que su fe los ha salvado o valora y pondera la fe de la mujer cananea o la del centurión.

Por el contrario, a ellos les está reprochando siempre su falta de fe.

Es lógico que le pidan que aumente su fe.

Parece que su respuesta es también un reproche. Su fe no es ni siquiera como un grano de mostaza. Aún así, el poder de la fe, aunque sea mínima, es muy grande. Como para realizar cosas increíbles.


El Señor nos anima a ser pacientes, a creer y esperar. Porque su respuesta llegará en el momento oportuno y no fallará.

Oremos y confiemos. Él nos cambiará el corazón, nos traerá la paz, nos sanará de nuestras enfermedades, nos librará de nuestros males, porque sabe lo que necesitamos aunque no se lo pidamos.

Señor, yo soy un pobre siervo que desea hacer tu voluntad. Con tu ayuda sabré aceptar la cruz y esperar en ti. Aumenta mi fe.